PRIVACIDAD: ¿UNA CUESTIÓN DE ESPACIO EN LA PAREJA?

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El “Yo” y el “Tú” son la parte individual, el espacio y la autonomía de cada quien, con sus gustos, hábitos y ocupaciones. El “Nosotros” es lo que los une como pareja en el sexo, la familia y el hogar.

Por lo general, las personas que realizan actos de  ‘invasión de la intimidad’, son inseguras y sienten la necesidad de controlar porque se creen en desventaja, o porque creen que tienen derecho a saber todo del otro.

Tan vital como el aire, el espacio íntimo de cada persona es esencial en su vida. Esa “sección” privada en la que se guardan ilusiones, sentimientos, proyectos, decepciones, recuerdos y anhelos, que hacen las vivencias de cada día, no debe ser violentada, más si la persona quiere guardarlos para sí.

No se trata de verlo como un camino a las mentiras o la intriga, sino de entender que todos los seres humanos tienen derecho a disponer de ese breve espacio de complicidad con aquellos momentos y sensaciones que son exclusivos para cada quien.

Este es un concepto clave en las relaciones de pareja y justamente uno de los más controversiales en estos escenarios, pues no siempre los implicados comprenden que mantener en “privado” estos códigos personales es una actitud que puede ser normal y sana para ambas partes.

Tal vez a muchos les resulte contradictoria la reflexión o no concuerden con ella, por eso les invito a pensar en algunas de las experiencias que son muy frecuentes entre las parejas y que, lejos de ayudarles a estrechar los lazos sentimentales, terminan creando un abismo de interrogantes e inseguridades, muchas veces solo por sospechas infundadas, o celos por algún pasado.

Cuántas veces no se ha sentido tentado a revisar la ropa, el bolso o la carpeta, las “cajitas” guardadas en el cuarto; y ya en la era digital, los teléfonos celulares, los correos electrónicos y las cuentas en redes sociales como Facebook, en la búsqueda de algo extraño o sospechoso que le indique algún desliz de la pareja.

La mayoría de las ocasiones lo peor no es la carga de culpabilidad al desconfiar de la otra persona, sino que, como diría el refrán, siempre el que busca encuentra y los resultados casi nunca son positivos… pero, ¿por qué sucede esto?.

La relación de pareja es un vínculo creado por dos personas de forma voluntaria y consciente, en un “sistema” que está constituido por individuos independientes que han decidido compartir sentimientos, deseos y proyectos. Sin embargo, esta nueva persona tiene su historia pasada, toda una vida creada en la que hay conexiones anteriores, maneras de ser y características generales de su personalidad que no podrán ser cambiadas de la noche al día.

Cuando se inicia o se transita por una relación de pareja se debe ir dando el espacio suficiente para que la otra persona no pierda su identidad y, en la medida en que avance la historia de los dos, ambos se harán partícipes uno de la vida de otro, sin necesidad de mentir o esconder secretos que puedan herir o crear ambientes de tensión.

Cómo respetar los espacios

Una de las premisas que la persona debe tener presente antes de tomar cualquier actitud de desconfianza o inseguridad con su pareja es recordar que esa persona mantiene los lazos sentimentales por voluntad propia, y por tanto, no es necesario que abandones nada de aquello que te gusta hacer.

El respeto es clave en toda relación y parte de ello es entender la individualidad de cada uno, y no pretender cambiar radicalmente el comportamiento de la otra persona, pues al final fue la elección de cada uno lo que determinó a la pareja.

Uno de los factores que facilita esta actitud no invasiva es el fortalecimiento de la autoestima, para evitar una dependencia afectiva a la persona a quien se ama. De esta manera, la libertad del otro no causará inseguridad ni angustia, sino felicidad de tener al lado a alguien que sabe respetar su individualidad.

Es importante también comunicarse de manera fluida y clara, compartir cuáles son los planes y contar cómo han sido las experiencias sin crear zonas de silencios que den pie a la duda.

Antes de ser pareja, cada quien es una persona independiente, con una personalidad y una vida propia. Por ello, es fundamental concentrarse en tu desarrollo personal para poder sentirte pleno y, además, tener las herramientas necesarias para contribuir a un buen desarrollo de la pareja.

Como resultado del respeto, otro eslabón esencial es la confianza. Aunque resulte difícil se debe depositar un cúmulo de seguridad en la relación y en la otra persona, claro esto siempre y cuando no existan motivos o mentiras que ensucien la transparencia con la que debe marchar la pareja.

Confiar en la pareja es una de las maneras más honestas de demostrar amor, creer en su palabra y en su esencia como ser humano. Si existieran motivos de dudas lo más saludable es plantearlo sin ironías y hablar sinceramente.

Según exponen artículos especializados no es bueno que una vez comenzada una nueva relación se interpele a la otra persona sobre las ex parejas, pues este es un capítulo de su vida anterior que debe ser respetado.

Otro error muy frecuente es querer revisar su correo electrónico, o disponer de sus contraseñas, suponiendo que esto implica que la otra persona tendrá total dominio de su vida. La realidad demuestra que esto es una utopía pues en el mundo virtual cada quien tiene la libertad de crearse cuantas identidades electrónicas guste así que lo que en apariencia es transparente, puede esconder zonas muy oscuras.

Si queremos tener una buena y gratificante relación de pareja, debemos apoyarnos en resolver los problemas que se vayan presentando con el tiempo, hablando francamente de lo que sentimos y buscando formas consensuadas de cambio.

En general, la pareja es un sistema donde es deseable la igualdad entre los sexos, el equilibrio, compartir y apoyarse mutuamente, lejos de una relación de dominio o sumisión.

Lograr un espacio de armonía que complemente la intimidad, la individualidad y la relación de dos es vital. La personalidad, familia, amigos, colegas, prácticas o hobbys que han sido comunes en nuestra vida han de ser respetados por esa otra persona, y mantener así encendida esa “luz” que sedujo y atrajo a la pareja, porque nos hace ser únicos.

Fuente: CubAhora
Por Mayte María Jiménez

La Habana, 13 de julio 2012
Revista Mujeres de Cuba

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