DIÁLOGO CON UN EXPRISIONERO

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Treinta años transcurrieron desde el nacimiento de la banda de rock Los Prisioneros, cuyos temas, sin que los músicos se lo propusieran, fueron acogidos por la juventud chilena como himnos contra la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990).

Sus canciones desataron una verdadera euforia en multitudes, que encontraron en los textos del trío sanmiguelino una bandera de lucha contra el tirano, efecto que el grupo estaba muy lejos de imaginar cuando debutó el 1 de julio de 1983, una década después del golpe de Estado contra el presidente Salvador Allende.

“Estábamos en la onda de la música, queríamos hacer un disco, tener una banda que tocara en España, más que hacer política con la música, soñábamos con temas musicales, tocar y viajar. Queríamos grabar discos, no un choque frontal con la dictadura”, recuerda en entrevista con Prensa Latina uno de los fundadores del grupo, el guitarrista y compositor Claudio Narea.

El nombre de la agrupación, incluso, nada tenía que ver con las miles de personas que fueron apresadas en la época Pinochet, y ni siquiera los integrantes de la banda tuvieron familiares recluidos por el régimen de facto.

“Fuimos tomando conciencia un poco después, los propios productores hasta nos preguntaban si no habíamos pensado en cambiarnos el nombre, porque decían que sonaba un poco fuerte, y nosotros pensábamos: “que raro!”, comentó Narea entre sonrisas.

La banda nació de la unión de él, con Jorge González, vocalista y bajo, y Miguel Tapia, batería y coro; cuando estudiaban en un colegio de la comuna de San Miguel, en Santiago de Chile.

En lo musical despuntaron dentro del movimiento “new wave”, influidos por las sonoridades de los Beatles, Kiss y Queen, pero especialmente por la banda británica de punk The Clash, de cuyo tema “The Prisoners” nació incluso el nombre de la agrupación chilena.

Uno de los pasajes que el guitarrista recuerda como parte del proceso de toma de conciencia sobre la influencia que iban irradiando Los Prisioneros, y de cómo sus canciones eran asimiladas por el público, está relacionado con las primeras interpretaciones de Quién mató a Marilyn.

El tema, que es parte del primer disco de la agrupación, La voz de los 80, se refiere a la muerte de la actriz estadounidense Marilyn Monroe, y a la hipótesis de que en lugar de ser causada por una sobredosis de barbitúricos haya sido asesinada.

Una de las frases más repetidas de la composición le habla a la célebre artista: “dime quién, quién te mato”, y recuerda Narea que del público brotaba una masiva respuesta, difícil de descifrar desde el escenario, por lo que preguntaron a uno de los productores qué decía el coro.

“Están diciendo los pacos, los pacos”, les contestó el productor. Y es que paco es el término que con sentido peyorativo utilizan los chilenos para referirse a la Policía de Carabineros.

Experiencias similares se repitieron en 1986 al lanzar su segundo larga duración, Pateando Piedras, el cual incluye temas como Muevan las industrias, en la que abordan el tema de la cesantía; Por qué no se van del país, en que critican a los artistas snob, y El baile de los que sobran, dedicado a la inequidad en el acceso a la educación, acentuada por medidas de la dictadura.

Las alegorías no se hicieron esperar en la mente de aquella generación que colmaba todo espacio donde Los Prisioneros se presentaban, sedienta de su música, pero también de alzar la voz contra los abusos de la época.

Narea recapitula que cuando cantaban Por qué no se van del país, los presentes coreaban: “Pinochet, Pinochet”.

“La gente hizo las canciones suyas y las transformó en otra cosa, es cierto que tenían temáticas sociales, pero no eran frontales contra el régimen militar”, apostilló.

La grabación de 1987 a 1988 del tercer disco, La cultura de la basura, también regaló temas trascendentes para el expediente de Los Prisioneros, entre ellos Lo estamos pasando muy bien, en el que debuta Narea como cantante.

Esta canción sí muestra con más nitidez una evolución de la conciencia del grupo, en tanto se mofa de la propaganda de la dictadura, tendente a mostrar un mundo de fantasía.

“Como puedes ver las vitrinas están llenas de cosas que comprar/ en sus autos la gente va feliz a trabajar/ no hay problemas, ni necesidad/ este lugar es ideal/ !para vivir lo mejor!”, dice uno de sus fragmentos.

El emblemático tema ganó notoriedad en el contexto de las campañas para el plebiscito de 1988, consulta popular que pondría término a la dictadura de Pinochet.

Los Prisioneros hicieron público que votarían No en el plebiscito, anuncio que trajo como consecuencia que de los 40 conciertos que tenían programados como gira promocional de La cultura de la basura, solo les permitieron siete.

En mayo de 1990 se produce la primera desintegración del grupo, con la salida de Narea por diferencias personales con Jorge González. Añaden una integrante, pero finalmente en octubre de ese año deja de existir la agrupación.

El 5 de septiembre de 2001 se vuelven a unir los fundadores del grupo, y casi tres meses después realizan dos majestuosos conciertos en el Estadio Nacional, donde reunieron en cada presentación unas 150 mil personas.

Varias fueron las giras realizadas a nivel nacional y por países de América Latina a partir de 2002, con presentaciones que pasaron a la historia, como la de febrero de 2003 en el Festival de Viña del Mar, donde atesoraron todos los premios. Ese año sale a luz su álbum Los Prisioneros.

Empero, las diferencias personales entre Narea y González vuelven a estar a flor de piel, y el 18 de octubre deja de existir definitivamente la agrupación.

“La banda caló hondo, yo creo que es una gran pérdida que la banda no exista. Pero bueno, las cosas duran lo que tienen que durar, no se pueden forzar, tratamos de forzarlas cuando revivimos al grupo, y la cosa terminó mal”, comenta el guitarrista, ahora con 48 años y presentándose junto a Miguel Tapia, el baterista de Los Prisioneros.

Trabaja en nuevo disco de pop rock, con temáticas sociales, que vuelven un poco al estilo de los 80, pero con mucha percusión, a fin de que las melodías resulten más rítmicas.

“Uno de los temas se llama Terroristas, en el cual hablo de como Estados Unidos incursiona en todas partes, y sin embargo considera terrorista a otros, pero ellos no se ven de esa forma. Tiene que ver con las mentiras que hay detrás del discurso de Washington”, exclamó.

En su agitado andar por la música, Narea también se presenta en ocasiones acompañado de Profetas y Fonéticos, una banda que creó en los años 90, tras su primera salida de Los Prisioneros.

Al ser preguntado sobre la posibilidad de que los tres fundadores del grupo puedan unirse en un tercer capítulo bajo ese nombre que tanta fama les dio, casi que lo descartó.

“En teoría es una gran idea, pero en la práctica no, ya que es muy desgastante el tema de la relación personal. No me imagino en una tercera reunión”, concluyó.

Por Enrique Torres

Santiago de Chile, 24 de noviembre 2013
Crónica Digital /PL

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