GONZÁLEZ VIDELA UN TRAIDOR O UN PREVISOR ?

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 Los historiadores Cristián Garay y Ángel Soto nos presenta su libro Gabriel González Videla –No a los totalitarismos, ya sean rojos, pardos o amarillos- Editado por el Centro de Estudios Bicentenario. Los autores nos invitan a reflexionar, analizar y conocer un poco más sobre González Videla, su pensamiento, su mirada de la democracia y la política internacional en el marco de las transformaciones mundiales de la época. ¿Fue acaso González Videla, como se ha dicho un traidor, un frívolo, o por lo contrario, un previsor una suerte de diagnosticador de la amenaza del comunismo, un adelantado del clima  de años posteriores?

Cabe señalar que Gabriel González Videla gobernó Chile entre los años 1946 y 1952, siendo el último de una seguidilla de gobiernos radicales que se mantuvieron en el  poder durante 14 años. Dentro de su mandato se realizaron transformaciones en la Serena, se dio el voto a la mujer, se creó la CORFO y la Universidad Técnica del Estado en Santiago.

 El senador y poeta Pablo Neruda dirigió su campaña, en la cual obtuvo el 40% de los sufragios siendo ratificado por el Congreso Nacional: “yo les aseguro a ustedes que no habrá poder humano ni divino capaz de romper los lazos que me unen al partido comunista ni al pueblo” dijo en algún momento, pero en septiembre de 1948 y tras una serie de movilizaciones sociales González Videla promulga  la Ley de Defensa Permanente de la Democracia, más conocida como Ley Maldita, que puso al partido comunista al margen de la ley. Se eliminan así a miles de personas de los registros electorales, se reabrió  el campamento de prisioneros en Pisagua (utilizado por Ibáñez y después por Pinochet), lo que llevó a que el propio Neruda saliera al exilio y que a partir de estos hechos el pueblo llamara “traidor” y “maldita” a dicha ley.

 La cruzada anticomunista que González Videla se planteo, ha sido vista por algunos como un efecto negativo en los procesos democráticos posteriores, sin embargo, el libro va planteando una especie de – entre la espada y la pared- en que se encuentra el mandatario, donde  se deja llevar por una  Guerra Fría que recién comenzaba y el supuesto peligroso que era estar cerca de los comunista si se quería mantener la amistad con los EE.UU., por lo tanto, estando contra la pared había que elegir.

“Gabriel González no era un tipo iluso y sabía que, si bien era cierto que sin el Partido Radical no se podía gobernar, también era efectivo que no podía hacerse sin la cooperación de otros sectores partidistas. Para ese momento que da claro que González Videla pensaba que la alianza con los comunistas era una cuestión meramente –instrumental-. Lejos de un cariño sincero hacia el Partido Comunista, lo que existía, en realidad era un matrimonio por conveniencia. Dicho de otro modo un simple cálculo político basado en la convicción  de que era el Partido Radical el llamado a convertirse en el centro político más gravitante del país”, señalan los autores.

 Las posturas tradicionales que hablan del González Videla al servicio del imperialismo y su liderazgo personalista y errático, son mencionadas en el libro, pero los autores hablan de una democracia que estaba en entre dicho y van más allá de lo que fue la Ley de Defensa  de la Democracia al tratar de dar una comprensión más global de lo que lo llevo -al Presidente- a su traición, sobre todo al mundo comunista.

“Pero lo cierto es que la llamada –traición- nunca fue tal. En realidad, para el ex mandatario la alianza con los comunistas era meramente instrumental y estaba lejos de ser una cuestión  sustantiva. Y había otra cuestión  tan clara como evidente: ser radical no era sinónimo de ser comunista.”, para Garay y Soto, los comunistas no observaron, que Gabriel González no era ni doctrinariamente, ni en los hechos, el candidato de los comunistas, sino un radical de izquierda. Lo que había entonces  entre González Videla y el partido comunista era un matrimonio por conveniencia. Los historiadores añaden que González Videla es un hombre que se mantuvo inserto en lo que pasaba en el mundo y en lo que estaba provocando la segunda guerra mundial, y su programa de gobierno era más bien socialdemócrata, pero jamás comunista.

 Hay pasajes anecdóticos en el libro como cuando Gonzáles Videla  siendo embajador en Brasil y solidarizando con el gobierno brasileño prácticamente declara la guerra a la Alemania de Hitler, sin que el pueblo de Chile supiera.

Pero también otro más conocido,  cuando Neruda en el exilio publica Canto General y le dedica el poema: “González Videla, el traidor de Chile”

 Es González Videla la rata que sacude

Su pelambrera llena de estiércol y de sangre

Sobre la tierra mía que vendió. Cada día

Saca de sus bolsillos las monedas robadas

Y piensa si mañana venderá territorio

O sangre

Todo lo ha traicionado

Subió como una rata a los hombros del pueblo

Y desde allí, royendo la bandera sagrada

de mi país, ondula su cola roedora…

  Las páginas de la presente investigación dan cuanta además, de un acuerdo que tenía González Videla con los liberales, donde se comprometía a sacar a los comunistas del gobierno y a gobernar según las políticas marcadas por los EE.UU. Mientras que por otro lado los autores aclaran de que la iniciativa de proscribir al Partido Comunista no surgió de La Moneda, más bien de un grupo de 20 parlamentarios que apoyaban al ACHA (Acción Chilena Anticomunista). Este proyecto de ley  fue calificado por Salvador Allende en esa época como: injusto, torpe y peligroso.

 “El proyecto de Ley lleva el estigma de la maldición de todas las conciencias limpias y democráticas de nuestro país; y despoja a la clase  obrera del acervo de sus más preciadas conquistas y libertades, y restablece la Inquisición y el régimen de San Bruno”,  Manifestaba el senador comunista Carlos Contreras Labarca, agregando que era una ley al servicio del imperialismo yanqui.

“Inmerso dentro del ambiente de la Guerra Fría que vivía el planeta, en Chile la cuestión de la pertenencia a Oriente u Occidente se decanta por la idea que la democracia está amenazada por el comunismo y que Chile es parte de ese conjunto de de países democráticos que lideraba, de manera evidente, Estados Unidos. Una postura que desde los sectores liberales y conservadores se asienta con las noticias del Este europeo, pero que se hace carne entre los centristas del Partido Radical que ven a la izquierda marxista  como un aliado más bien incómodo y meramente funcional a sus interese electorales. Nada más que eso”, aclaran Garay y Soto.

 Pese a que González Videla decía que la clase obrera no debía considerar este proyecto como antiobrero, ya que era para eliminar a los infiltrados y las organizaciones del partido comunista en los sindicatos, municipios y en el parlamento. Estaba equivocado, ya que dentro de la clase obrera evidentemente había miembros y simpatizantes comunistas, mucho de los cuales sufrieron el rigor y la injusticia de dicha ley como el profesor Miguel González López, detenido en Pisagua y  que hoy vive su vejez en Calbuco. Y lo más grave de dicha ley era la eliminación de políticos elegidos democráticamente, situación impensable en nuestros días.

 Garay y Soto concluyen que “antes que antifacista, el Jefe de Estado fue un demócrata dispuesto a enfrentar los totalitarismos. Por eso, al término de la Segunda Guerra Mundial- que la sintió  como propia por la experiencia de aquellos años en que fue embajador en Francia y más tarde en Brasil-, no le costó modificar sus ímpetus en relación  al comunismo y así identificarlo como su nuevo adversario de la democracia”. Mientras que en alguna ocasión, González Videla  manifestó: “No a los totalitarismos, ya sean rojos, pardos o amarillos”.

 

Por Miguel Alvarado Natali

Crónica Digital, 26 de febrero 2014

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