Por Marcel Garcés: TRIUNFO OPOSITOR ABRE NUEVO ESCENARIO EN VENEZUELA

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La contundente victoria electoral de la oposición venezolana en los comicios legislativos de este domingo 6 de noviembre, genera sin duda un nuevo escenario político y tiene muchas lecturas tanto en el nivel interno del país, como en el regional.

De acuerdo a la autoridad oficial electoral la opositora Mesa de Unidad Democrática (MUD), con el 96.3 por ciento de las actas escrutadas, alcanzó 99 de los 167 escaños de la unicameral Asamblea Nacional, en tanto el oficialista Gran Polo Patriótico (GPP) bajó a 46 escaños, en un proceso electoral que contó con la participación del 74.2 por ciento de los 19.5 millones de convocados.
Por su parte, este lunes 7 de diciembre la Mesa de Unidad Democrática, afirmó que había conseguido 112 escaños, contra 5i del gobierno, lo que haría demoledor su triunfo, alcanzando los dos tercios de la Asamblea Nacional.
Terminaría así un periodo de 17 años de gobierno de la llamada “Revolución Bolivariana” instalada por el comandante Hugo Chávez, al ser elegido presidente el 2 de febrero de 1999, cargo en el que se mantuvo hasta su muerte el 3 de marzo de 2013.
Ello le permitiría al Parlamento, revisar tratados internacionales como Petrocaribe, intervenir leyes orgánicas como el control de precios y cambios, promover una reforma constitucional o una asamblea constituyente y hasta remover a las cúpulas del Tribunal Supremo Judicial y los poderes públicos.
Ya con 85 legisladores la Asamblea puede, entre otras cosas, aprobar la incapacidad física o mental, declarar el abandono del cargo del Presidente de la República, autorizar que el presidente pueda ser enjuiciado por el Tribunal Supremo.
Lo cierto es que este domingo 6 de  noviembre de 2015, la oposición logró -gracias a las directivas aconsejadas por el Departamento de Estado norteamericano y ciertas internacionales políticas- la unidad de sus fuerzas en torno al objetivo principal, ganar las elecciones y privilegiando el camino de la oposición política electoral, alejándose de la tentación sediciosa conspirativa.
Por su parte, el Gobierno del presidente Nicolás Maduro, sufrió un voto “de castigo” al no hacer una lectura adecuada de la realidad política, social y económica del escenario, desestimando o ser incapaz de una adecuada política de alianzas políticas y confió, con alguna altanería, en la retórica y en el clientelismo.

Todo ello en un marco de virulencia verbal y física, en mensajes apocalípticos, y amenazas del “acabo de mundo”, el complot económico interno y externo, denuncias sin fundamento, y presiones internacionales.
Como un ejemplo lamentable incluso Chile intervino groseramente en el proceso electoral venezolano, desconociendo sus autoridades, sus procedimientos e institucionalidad, y una sala de la Corte Suprema pretendió tener jurisprudencia sobre los tribunales superiores de justicia de Venezuela, y delegaciones políticas variopinta “observaron” el proceso electoral, o recibieron con carácter de heroína, a una de las figuras vociferantes de la oposición, que hoy afortunadamente dio muestras de cierta racionalidad política.
Es de esperar que estos, y los medios informativos que transformaron el tema electoral venezolano en asunto local -y que seguramente lo seguirán haciendo- reconozcan ahora, por lo menos, que el proceso electoral de Venezuela, el cual impugnaron en diversos tonos, fue transparente, democrático, y sus resultados son representativos de la voluntad de los ciudadanos, y que el Gobierno ni intervino, ni desconoció esos resultados.
Lo cierto es que el panorama en Venezuela es y será complejo.
Los resultados  electorales, deben ser leídos como una toma de posición de los ciudadanos, en torno a que la crisis económica real, las contradicciones políticas y sociales, deben ser  enfrentadas en conjunto, por Gobierno y oposición, con más y mejor democracia, sin pretensiones hegemónicas o totalitarias.
El diálogo, el respeto por el contradictor, el opositor- que no es necesariamente enemigo o sedicioso- debe ser restablecido.
El presidente Nicolás Maduro, cuya legitimidad democrática no puede ser desconocida o irrespetada (su periodo llega hasta 2019, deberá buscar las alianzas políticas, el apoyo popular, el lenguaje aglutinador que garantice los avances de su programa de gobierno, conocido como “proceso bolivariano” y haga las correcciones que la realidad le impone.

La oposición, legitimada también en su representatividad, debe asumir con responsabilidad, sin triunfalismos, su victoria, evitar y desterrar de su lenguaje, pero sobre todo de su táctica política, la violencia, la política de trinchera, de asalto al poder.
La restauración de la convivencia democrática es responsabilidad de ambas partes, pero nada dice que lo que resta de gobierno del presidente Maduro, con una oposición empoderada, será fácil.
Se podría considerar esperanzador lo expresado por Lilian Tintori, esposa del encarcelado líder opositor Leopoldo López,  al hacer un llamado “a la reconciliación, a la paz y no a la venganza”.
El presidente Nicolás Maduro señaló el domingo 6 que buscará “reuniones de trabajo con los nuevos diputados para establecer puntos de encuentro necesarios en función del desarrollo del país”, lo que podría- o debiera- abrir espacios de diálogo político.
El proceso de recuperación de las confianzas, de aprendizaje de los instrumentos, de las conductas, del diálogo democrático, de los modos, respetos, de la práctica  de la convivencia, podrá ser largo y complejo, pero es el único camino para una Venezuela que busque su camino en paz.
De acuerdo a informaciones de los medios internacionales, Venezuela, el país con las mayores reservas del mundo que obtiene del petróleo 96 por ciento de sus divisas, cerrará 2015 con una contracción económica de 10 por ciento y una inflación de 200 por ciento.
Un estricto sistema de control de divisas -con tres tasas de cambio- convive con un mercado negro donde el dólar se cotiza 145 veces más que el mínimo legal, agregan los observadores, que además pronostican un creciente y explosivo malestar social.
En tanto los “observadores” locales, los que en Chile buscan utilizar en beneficio político interno determinados hechos de la política internacional- y sobre todo ciertas caricaturas, o se prestan para campañas de guerra psicológica antidemocrática y antipopular, harían bien en aportar en la nueva etapa que vive el país de Simón Bolívar y de Andrés Bello.
Lo que sea la Venezuela del futuro próximo, es un tema que compete esencialmente a los venezolanos. Y ello no debería ser olvidado por los “intervencionistas” agresivos o paternalistas que surgen por aquí.

Por Marcel Garcés Muñoz
Director de Crónica Digital

Santiago de Chile, 8 de diciembre 2015
Crónica Digital

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