UNA ÚLTIMA PÁGINA PARA UN AMIGO ENTRAÑABLE

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“Yo quiero ser llorando el hortelano/ de la tierra que ocupas y estercolas/ compañero del alma tan temprano…” Escribió el poeta Miguel Hernández (muerto de inanición en una cárcel del franquismo) en homenaje a su amigo Ramón Sijé, preceptor en su Orihuela natal. Y pienso estos versos en tu recuerdo querido amigo Lalo (Eduardo Cancino Cáceres), muerto ayer en una jugarreta macabra de la vida.

Recién llegando a la soledad de mi casa, luego de haber estado en la tuya, mientras tomo un té, amargo de tan amarga circunstancia y enciendo una velita en mi homenaje privado por ti, retrocedo a aquellos primaverales días de 1983, cuando nuestro viejo y noble amigo Jaime Zorondo nos presentó, y tú, con tu característica serenidad, me dijiste que te acompañara para que conociera a tu madre.

Ese cándido gesto tuyo, años más tarde, lo entendí como la generosidad de partir tu corazón -cual un pan- para compartirlo conmigo, y tu mamá, en adelante y por cierto soberana en su cocina, muchas veces, estando sola, me invitó a pasar para que yo saciara mi hambre endémica, entonces de cabro flacuchento y andariego. Y bueno, después vinieron todos estos años de amistad: afectiva, sincera, fraterna, respetuosa, cómplice de militancia y de luchas.

Pero como tú eras un hombre de reciedumbre y de convicciones irrenunciables, persististe en tus afanes políticos y en tus sueños de mejores días para todos. Yo, en cambio, renuncié a todo y me quedé a la vera de la desilusión, viendo pasar las comparsas y las promesas de los mercaderes de la política, sintiéndome echado muchas veces de la historia.

Entonces tú me buscabas siempre para invitarme a conversar, interpelándome a que usara mí inteligencia en las causas justas y que asumiera con responsabilidad mí pasado comunista. Así surgió ese espacio de los viernes de tu llamado círculo chico y tus incitaciones a la reflexión. Eso me obligaba a leer con atentos sentidos los diarios y los libros que tanto nos hermanaban, buscando juntos en el pensamiento primigenio las razones y complejidades para las tácticas del presente y las estrategias del futuro. Y claro que con tu muerte me quedo ahora definitivamente fuera de la historia y de las luchas que tú abrazabas con férreo ahínco.

Quizás pocos sepan que tu segundo nombre es Aquiles (que es también pueblo, tribu, nación), no sólo bautismal, sino por tu carácter guerrero, como el helénico y bello joven de las Ilíada de Homero, el llamado de “los pies ligeros por ser el más veloz”.

Por eso siempre hiciste de la cultura y de la ecología tu Caballo de Troya. Y ahora que la muerte halló tu talón en ese núcleo frágil de tu corazón noble, ojalá tu armadura de guerrero no se la disputen con mezquindad tus adversarios y sea asumida por quien corresponda, con altura y -parafraseando a Violeta Parra- no como un “sombrero con tantas cintas/ por quien no tiene cabeza”. Bueno querido amigo, lloro con honda pena tu muerte y digo que me harás una falta descollante. Me quedé con tu último abrazo, el día en que presenté mi segundo libro y dejé mi beso amargo en tu mejilla. Nos habíamos prometido un viernes de conversa y vinito, cerca de tu cumpleaños.

Me quedo con tu amistad cariñosa, desprejuiciada, solidaria. La de los trayectos a mi casa, después de conversar de política, cuando con suma delicadeza te atrevías a preguntarme cosas más personales, sabiéndome un hombre de existencia difícil, respetuoso de mi poesía y, sobre todo, de tus inmerecidos reconocimientos a mi persona, a mi trabajo, a mis luchas.

Se te echará mucho de menos en esta vida. Hará falta tu presencia, tu sonrisa eterna, tu liderazgo, tu decencia, tus dones y talentos, bienes muy escasos en la política actual. Y bueno amigo mío, como yo saldo cuentas con la vida, escribiendo, escribo esta página por ti y en tu memoria. Es mi manera de acompañarte por última vez, de estar con tu gente, de abrazar a tus hermanos y hermanas, a Paulina, compañera apasionada y de tu vida apasionante, a la familia, a tus amigos cercanos.

Es mi forma de despedirme de ti, de besar tu frente noble, de saludar tus banderas, de tallarte en mis recuerdos y de llevarte siempre en mi aporreado corazón… “que tenemos que hablar de muchas cosas/ compañero del alma, compañero”.

Por Miguel Salinas

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14 Comentarios

  1. Que lamentable que sigamos perdiendo a Compañeros valiosos, la vida nos juega malas pasadas.
    Solo decir, Honor y Gloria!
    Un abrazo fraternal por tal lamentable perdida

  2. Linda y emotiva carta de encuentro y despedida, compañero Miguel para los que conocimos al compañero Eduardo esta carta me hace sentido y cobra direccion mi vida en el ayer cuando por los pasillos del Arcis jugábamos a ser grandes, más elocuentes pero menos disciplinados,, más nobles y sencillos pero menos cuadrados. como realmente era Eduardo, Miguel un abrazo en la distancia por tu dolor , por tu legítima tristeza se te fue un gran amigo un gran hombre, un luchador eterno. y a ti compañero Eduardo amigo de grandes discusiones por esos oscuros pasillos del Arcis recibe un abrazo de Lenga Recia donde quiera que te encuentres desde Arica A tierra del Fuego desde los Andes a la Libertad.

  3. No conocí al Compañero (Lalo) pero la emotiva dedicatoria de Miguel me hizo estallar mis lagrimas, por la irreparable pérdida de ese hombre y compañero de reciedumbre y convicción absoluta de ese anhelo político por una justicia social para un Chile mejor…. vuela alto Lalo lo que heredaste sera ejercido por todos los que estamos en la misma lucha.

  4. Debe ser otra broma de la puta vida que nos ha tocado vivir. Te conoci a fines de los 80 o inicios de los 90, tú en la Jota, yo con los viejos, me entristece tu marcha si eras tan joven, hacía tiempo que no nos encontrabamos.
    Querido camarada, como muchos ¡Siempre estarás presente! entre lo luchadores. Eres otro de los que se me va.

    te dejo los versos de la guatemalteca Ana Maria Rodas

    La superviviente
    Ana María Rodas

    Me habita un cementerio
    me he ido haciendo viejo
    aquí
    al lado de mis muertos.
    no necesito amigos
    me da miedo querer porque he querido a muchos
    y a todos los perdí en la guerra.

    Me basta con mi pena.
    Ella me ayuda a vivir estos amaneceres blancos
    estas noches desiertas
    esta cuenta incesante de las pérdidas.

  5. Ùn hermoso homenaje a la amistad, al compañerismo, a la solidaridad por la lucha común…Una carta con profundos sentimientos.

  6. Hermoso homenaje miguel para lalo (el vietnamita , le deciamos con cariño)

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