EMPRESARIADO PONE SUS PROPUESTAS E INTERESES EN DEBATE CONSTITUCIONAL

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En una significativo e interesante  cambio de  estrategia  el empresariado chileno  ha decidido participar en el proceso constituyente puesto en marcha por iniciativa del gobierno y posicionarse en la discusión  en  torno a la reforma  de la Carta Magna, en la adecuación de sus principios, fundamentos y  articulado a la realidad de un país, de una sociedad que demanda más democracia, mas progreso social, más justicia, más oportunidades, más participación.

La Confederación de la Producción y del Comercio (CPC), la máxima organización del empresariado chileno, y en cuyo Comité Ejecutivo participan los presidentes de las seis ramas nacionales,  acordó “incentivar” a sus asociados a participar en el proceso constituyente, y  en particular en los cabildos y encuentros que contempla  su cronograma.
Las entidades empresariales  acordaron además desarrollar un proceso de capacitación de sus asociados,, con información  teórica y práctica, elaboración de propuestas  y temática a expresar en la discusión, el  sistema de valores e intereses a defender, así  como una acción política a desarrollar en las diversas instancias de participación que contempla el proceso.
La plataforma que llevarán los empresarios a la discusión  es la defensa de la economía  de mercado, la  “libertad de emprender”,  la libertad de empresa,  el resguardo del derecho de propiedad,  la mantención del Estado subsidiario,  entre otros temas.
Obviamente esta participación, como lo apuntó el presidente de la Sociedad de Fomento Fabril, SOFOFA,  Hermann von Mühlenbrock,  no significa que no persistan  en sus ataques  al gobierno de la presidenta Michelle Bachelet  en materias tales como el desempleo, el crecimiento, la productividad,  o al proceso de reformas en marcha, la “incertidumbre” del mercado, etc o que algunos  no cejen en sus intentos  de  desnaturalizar o deslegitimar la propia idea de la reforma , como  lo dijo el gerente general de Besalco, Paulo Bezanilla (“No sabemos cuál es el problema. Nadie ha dicho que es lo que tiene de malo la Constitución (actual)”. o  la actitud netamente confrontacional del ex presidente de la CPC,  José Antonio Guzmán , para quien  la incorporación de las entidades empresariales al proceso constituyente “es una necesidad frente a los anuncios refundac ionales”.
De todas formas la derecha política y el empresariado, han tomado en cuenta, con evidente pragmatismo, que la mayoría  ciudadana expresada  abrumadoramente en las encuestas se pronuncia de manera creciente por una nueva Constitución, y ha decidido participar en rl proceso  de participación abierto por el gobierno.
No hay que descartar, sin embargo que la intención final- tal como se perfila en la Derecha política, que tampoco puede evitar el proceso-  sea la de  generar una estrategia e instancias de  confrontación política que busque frustrar o erosionar mediática y socialmente el proceso constituyente y  lo que se busque es generar un bloque de “cabildos”  que  en realidad participen de una estrategia de  deslegitimación  política.
Una intención de este tipo es el que parece  estar detrás de la decisión de instalar Cabildos “propios”, por parte de l  derechista partido Renovación Nacional y su plataforma digital,   Cabilderos.cl , cuyo objetivo es  elaborar un  proyecto  propio de Constitución que se presente al Congreso Nacional,  y llegar con ese texto  a un plebiscito, o  de Evopoli y su  Centro de Estudios Horizontal, que dice buscar “fiscalizar desde dentro” y se propone convoca r a más de 100 cabildos en el país.
Por ahora,  la decisión política proclamada por el bloque opositor de Derecha “Chile Vamos”- a pesar de las reticencias y refunfuños,  es dejar de lado la tesis de la marginación  (“cuando uno se margina lo que se deslegitima es el mismo sector”, declaró el presidente de Evopoli, diputado Felipe Kast , llamando a  “ocupar todos los espacios  disponibles” y a que  “no podemos t regalar ningún espacio”.
De todas formas, aunque  las  diversas facciones de la derecha “tradicional” y de los “renovados” no terminan de ponerse de acuerdo, la  decisión que parece tener mayor apoyo y que tiene carácter de estratégica y es un evidente cambio en la posición ultramontana  que hasta ahora había negado legalidad y sobre todo legitimidad al proceso,  descalificándolo en principio, es la de incorporarse al proceso.
La vía de automarginarse, de restarse  a un proceso en que la mayoría nacional está acorde,  los habría dejado fuera  del  escenario real y de  la posibilidad de hacer presente sus opiniones, y sobre todos sus intereses, políticos,  ideológicos y sociales.
La apuesta  inicial de la derecha pinochetista  de  descalificar el proceso de reforma constitucional y la participación democrática de los ciudadanos, anticipaba una derrota político social, que  podría  tener  devastadores efectos electorales  y dejaba abierto, sin contrapeso,  el camino a las reformas, sin la alternativa de  expresión de sus opiniones .
Incorporarse al proceso podría interpretarse  como  una muestra de pragmatismo  o como una decisión de someterse a  un mecanismo democrático de participación, de discusión de ideas, de legítima expresión de posiciones políticas a ideológicas, a una práctica de la democracia.
Como es obvio nadie podría estar en contra de que un sector significativo del espectro político, social y económico nacional, tenga derecho a expresar sus ideas e intereses en una discusión tan trascendental  en el escenario político, para el país y las futuras generaciones.
Pero, como también es obvio, la decisión de la de4recha política y empresarial, implica un tremendo desafío para el progresismo, para la Nueva Mayoría, para la izquierda, para quienes  votaron a favor de la reforma constitucional,  y todos aquellos interesados en un cambio real.
El proceso constituyente es en este momento  el escenario donde se dará – ya es así- una profunda y decisiva confrontación política e ideológica¨, “la madre de todas las batallas” en la lucha por un nuevo Chile, pero también un terreno en que se pondrá en juego e l futuro de las nuevas generaciones.
La determinación de la Derecha política y económica de pasar de las reticencias ideológicas a  una  activa  participación en defensa de sus intereses significa que se dan cuenta  de la importancia de la  definición en marcha.
De una parte es un  triunfo político del  propósito del gobierno, de que la nueva Constitución surja de un acuerdo de de los ciudadanos y de su determinación de avanzar en el proceso de reformas políticas  y una confirmación de la justeza de la línea política del gobierno y del progresismo, que la Derecha empresarial y política haya tenido que resignarse a participar.
Mal que mal una última encuesta de Radio Cooperativa y la consultora Imaginaacción constató que un 73.6 por ciento del los chilenos están de acuerdo en que se necesita una nueva Constitución y su demanda  es un mandato que fue refrendado por el 62.17 por ciento de los electores en la segunda vuelta presidencial del 17 de diciembre de 2013.
De lo que se trata es que se abre  un desafío político de magnitud, que además era inevitable. Lo importante es que lo haga dentro de un escenario democrático.
Y el progresismo, la  Nueva Mayoría, el Gobierno de la presidenta Michelle Bachelet y la izquierda chilena,  deben tomar en cuenta su tremenda responsabilidad,  y  prepararse  política, ideológicamente y organizativamente  para  enfrentar  estas batallas por el porvenir del país y no escatimar esfuerzos, con un sentido de urgencia y responsabilidad patriótica.
Los progresistas y la izquierda chilena deben entender que la circunstancia es decisiva, crucial. Y  que no es el tiempo  de descansar, de darse gustitos  de poca monta, de distraerse en consignas altisonantes pero desmovilizadoras  o de perder el tiempo en discusiones inconducentes.
El llamado no puede ser otro que “involucrarse y actuar”. Este es el  escenario  real y éste el desafío prioritario del  presente y del futuro.
Y en términos prácticos, la pregunta  ya no es  el clásico ¿Qué Hacer?, sino dónde está cada cual, en que instancia de participación, en qué cabildo,  y como está aportando en la construcción de futuro.

Por Marcel Garcés Muñoz
Director de Crónica Digital

Santiago de Chile, 7 de mayo 2016

Crónica Digital
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1 Comentario

  1. Interesante y de plena actualidad el tema del Proceso Constituyente.
    Por esto mismo es también importante destacar y advertir a la ciudadanía que su participación es INDIVIDUAL O PERSONAL.
    En este proceso no deben tener cabida ni menos existencia la Sofofa o CPC, ni ninguna otra organización empresarial o patronal. Como tampoco, los partidos políticos ni organizaciones social por muy humanista que sean sus objetivos.
    La persona, tal como lo hace en las elecciones democráticas, debe participar en cuerpo y alma.
    Permitir o ceder la existencia y acción de corporaciones, como los mencionados, en este proceso es abrir paso a prácticas propias del fascismo y su concepción corporativista de gobierno.

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