LA HISTORIA DESCONOCIDA DE UNA SANTA REVOLUCIONARIA QUE INSPIRO UNO DE LOS PERSONAJES DE BATMAN

Por Victor Osorio

La doctora Leslie Thompkins es uno de los personajes de “Gotham”, serie de la televisión estadounidense que desde el comienzo de sus emisiones el año 2014 ha conquistado las audiencias con una muy bien lograda historia sobre la génesis de Batman. Thompkins es interpretada por Morena Baccarin, actriz de origen brasileño, quien es pareja en la vida real de Benjamin McKenzie, un actor de ideas progresistas que en el mismo programa se encarga de dar vida al policía James Gordon.

La serie ha sido muy exitosa y en estos momentos se transmite su tercera temporada.

No fue la primera aparición de Leslie Thompkins. El personaje también fue extraído del universo de ficción de los cómics de Batman publicados por DC Comics. Fue creada por el escritor Dennis O’Neil y el artista Dick Giordano. Su primera aparición fue en la revista “Detective Comics” N° 457, en marzo de 1976. En general, en los comics es presentada como una mujer que dirige una cruzada en las calles de los suburbios de Gotham City, rescatando jóvenes de la pobreza y la marginalidad.

Lo que no se sabe es que O’Neil concibió el personaje inspirado en una persona de la vida real: Dorothy Day.

Fue una periodista de Estados Unidos, oblata benedictina y cristiana de izquierda, que se hizo conocida por sus luchas por la justicia social y por haber fundado el Movimiento del Trabajador Católico. Fue una de las precursoras de la Teología de la Liberación.

El sacerdote jesuita Daniel Izuzquiza escribió: “Dorothy Day es posiblemente la figura más importante del catolicismo norteamericano del siglo XX, aunque no es demasiado conocida en nuestro ambiente. Su vida compartida junto a los pobres y su compromiso con la no violencia activa le granjearon tantas críticas como alabanzas. Siempre fiel a la Iglesia y contundente contra el capitalismo, no todos los católicos americanos la comprendieron”. Y agregó: “Mujer laica, madre, abuela, trabajadora, revolucionaria y profundamente religiosa, Dorothy ofrece un modelo de vida”.

Dorothy Day escribió: “Lo que nos gustaría hacer es cambiar el mundo; hacer un poco más simple que la gente se alimente, se vista, y tenga un techo como Dios quiso para todos. Luchando por mejorar las condiciones de vida, clamando incesantemente por los derechos de los obreros, los pobres, los marginados, podemos cambiar el mundo”. También fustigó “el escándalo de sacerdotes que imitan el estilo actual de los ejecutivos, el escándalo de la riqueza de la Iglesia, su falta de sentido de responsabilidad por los pobres y por los obreros… Hay suficiente caridad pero demasiada poca justicia”.

“Creemos en una economía basada en las necesidades humanas, en lugar de la búsqueda del beneficio económico”, enfatizó. Indicaba que “la estructura de clases es obra nuestra y existe por nuestro consentimiento, no el de Dios, y hemos de hacer lo posible para cambiarla. Estamos urgiendo por un cambio revolucionario”.

Nació de una familia modesta y protestante en Brooklyn en 1897 y su primer contacto con la crítica social la obtuvo de las obras de Jack London. Comenzó a estudiar becada en la Universidad de Illinois, y casi al mismo tiempo ingresó al Partido Socialista de los Estados Unidos. Pronto se hizo colaboradora de los periódicos de izquierda “Call” y “New Masses”, otorgando cobertura a las protestas sociales, con especial interés por el tema de los derechos de la mujer.

“New Masses” se oponía a la participación de Estados Unidos en la guerra europea. De hecho, sería prohibido poco después.

En 1917, Dorothy se unió a piquetes frente a la Casa Blanca, que protestaban por el tratamiento brutal dado a las mujeres sufragistas (que buscaban el derecho a voto de la mujer) en la cárcel. Fue detenida y condenada a treinta días de reclusión en el penal de Occoquan. En la cárcel emprendió una prolongada huelga de hambre.

Al año siguiente, se hizo enfermera. Experimentó una conversión al catolicismo. Con el transcurso del tiempo, hizo oblación en la orden benedictina como laica. Perseveró en su sueño de una sociedad en la que todos participaran en la propiedad de los medios de producción y hubiera un Estado basado en una multitud de organismos descentralizados y autónomos.

Luego de la irrupción de la crisis general del capitalismo, Dorothy Day conoció a Peter Maurin, un discípulo de Emmanuel Mounier, encuentro que consolidaría la visión del mundo de la mujer. Juntos fundaron en 1933 apareció el periódico “Catholic Worker” (“El Obrero Católico”). Costaba sólo un centavo de dólar. Contenía análisis políticos y reportes de huelgas de trabajadores urbanos y agrícolas, denuncias de trabajo infantil, condiciones en el pago de salarios a los negros. Del primer número se imprimieron 2.500 ejemplares y en 1936 ya llegaba a 150.000.

Una red de jóvenes voluntarios llevó el diario por todas partes del país y dieron origen a un movimiento de cristianos de izquierda llamados “workers”, que fundaron comedores populares y casas de acogida para los marginados, y recogieron muebles y ropa usados para autosustentarse. Los “workers” organizaban además conferencias en las que se criticaba el orden social y el fascismo, en que Dorothy Day propugnaba el cambio de la distribución social del poder.

“Vivir juntos, trabajar juntos, poseer juntos, amar a Dios y amar a nuestros hermanos y vivir en comunidad; así podremos demostrar nuestro amor por Él”.

Dorothy escribió en 1952 su autobiografía “La Larga Soledad”, en la que profundizó su idea de que las bases sociales del amor se logran realizar mediante el establecimiento de una comunidad de bienes y la redistribución del poder.

En sus páginas finales señalaba: “La palabra final es amor (…) No podemos amar a Dios, si no nos amamos unos a otros, y para amar tenemos que conocernos unos a otros. A Él le conocemos en el acto de partir el pan, y unos a otros nos conocemos en el acto de partir el pan y ya nunca estamos solos. El cielo es un banquete y la vida es también un banquete, aún con un mendrugo de pan, siempre donde hay comunidad. Todos hemos conocido la larga soledad y todos hemos aprendido que la única solución es el amor y que el amor llega con la comunidad”.

En 1955 fue nuevamente detenida luego de un acto de desobediencia civil contra los planes de defensa nuclear de Washington. Las protestas y las detenciones se repetirán en años sucesivos. En una visita de solidaridad a “Koinonia”, una comunidad cristiana agrícola inter–racial, en 1957, fue atacada a balazos. En 1973, fue encarcelada por última vez durante las protestas organizadas por la United Farm Workers de César Chávez, una entidad gremial de trabajadores agrícolas.

Cuando tenía 65 años, Dorothy viajó hasta La Habana, a conocer la experiencia de la Revolución Cubana, que daba sus primeros pasos. Allí mostró abiertamente su simpatía por Fidel Castro y el proceso que el comandante conducía.

El 29 de noviembre de 1980, a los 83 años, murió Dorothy, víctima de cáncer. Tras una vida de pobreza voluntaria, no dejó dinero ni para su entierro, el que fue pagado por la Arquidiócesis de Nueva York. Pero la obra de Dorothy seguía: al momento de su deceso, “Catholic Worker” continuaba circulando masivamente, había unas 70 casas de acogida y cuatro comunas agrarias. El “New York Times” la describió como “una militante de la no violencia activa, radical en lo social, de una luminosa personalidad… fundadora del movimiento Catholic Worker, que luchó en primera línea, por más de cincuenta años, en numerosos combates por la justicia social”.

El Papa Juan Pablo II la declaró “Servidora de Dios” en 1996. Ese mismo año se realizó una película que se inspiró en su vida y fue titulada “La Fuerza de un Ángel”, dirigida por Michael Ray Rhodes, con Moira Kelly en el papel de Dorothy y el actor Martin Sheen en el rol de Peter Maurin. En marzo de 2000, el Papa Juan Pablo II autorizó a la Arquidiócesis de Nueva York a empezar el proceso de promover su causa para canonización, la cual aún no concluye.

El año 2015 el Papa Francisco pronunció un discurso en el Congreso de Estados Unidos y nombró a figuras progresistas relevantes del país del norte: Abraham Lincoln, Thomas Merton y Martin Luther King. También mencionó a Dorothy Day: “En estos tiempos, cuando los temas sociales son tan importantes, no puedo dejar de mencionar a la Servidora de Dios Dorothy Day, fundadora del movimiento de obreros católicos”, dijo. Y subrayó: “Su activismo social, su pasión por la justicia y por las causas de los oprimidos, fueron inspirados por el Espíritu, por su fe y el ejemplo de los santos”.

Por Victor Osorio Reyes
Periodista

Santiago de Chile, 16 de abril 2017
Crónica Digital

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