DE ÚLTIMA ESPERANZA A PUERTO WILLIAMS, FIN DEL MUNDO

En unas horas sobrevolaremos Última Esperanza, una pequeña provincia de Chile que es apenas el comienzo del fin del mundo, o tal vez de los lugares más australes de nuestro planeta.

Con ese nombre cualquiera pensaría que se trata de una franja de corte melodramático y hasta cierto punto así es. Última Esperanza fue bautizada por el navegante español Juan Ladrillero alrededor de 1556 cuando intentaba reconocer el Estrecho de Magallanes.

Ladrillero, con suficientes méritos para seguir los pasos del marino y navegante portugués Hernando de Magallanes, halló sin embargo en su viaje un fiordo en lugar del ahora famoso estrecho, por lo que decidió llamarlo Última Esperanza.

Posee dos comunas, Puerto Natales y las famosas Torres del Paine, uno de los enclaves turísticos más cotizados de la Patagonia chilena por su Parque Nacional, donde su montaña cumbre alcanza los tres mil 050 metros sobre el nivel del mar.

El Parque Nacional de Torres del Paine fue escogido como la Octava Maravilla del Mundo en 2013 y según National Geographic, es uno de los cinco lugares más hermosos de nuestro planeta.

Cada zona o poblado de la XII Región de Magallanes y la Antártica chilena rezuma un pedazo de historia o del anecdotario viajero. Punta Arenas será el primer destino de tierra que tocaremos en una expedición científica y periodística.

Se trata de la puerta de entrada a la vasta Antártida, una ciudad y terminal marítima ubicada a más de tres mil kilómetros de Santiago, calificada también como la capital de la Patagonia Austral.

Luego aparecen en el horizonte de la geografía cuáles son los lugares más remotos del orbe. Primero, Cabo Froward, donde está la gigantesca Cruz de los Mares, considerado el punto más austral de la masa continental de América.

Igualmente, el Islote Aguila, en el archipiélago Diego Ramírez, punto más meridional de América y, naturalmente, Cabo de Hornos, en la Isla de Hornos y archipiélago de Tierra del Fuego, cuya capital es Puerto Williams.

Como curiosidad y a pesar de las temperaturas heladas de esa zona habitada por los pueblos indígenas kawésqar, yámanas, onas y haush, a Hernando de Magallanes le llamó la atención las fogatas que ardían con mucho humo.

Primero las bautizó como Tierra de los Humos, luego derivó a Tierras de los Fuegos, hasta terminar en Tierra del Fuego.

Por Fausto Triana

Santiago de Chile, 19 de abril 2017
Crónica Digital /PL

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