Por Marcel Garcés Muñoz: ¿PACIFICACIÓN DE LA ARAUCANÍA 2017?

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En el marco de una campaña política electoral crispada- y como parte de una guerra sicológica sucia y mediática- el pinochetismo  parapetado en la Derecha piñerista, el “partido militar”, y los remanentes de los subversivos de derecha que conspiraron contra el gobierno del presidente Salvador Allende en 1973, buscan desatar una versión 2017 de la ”pacificación de la Araucanía”, con su correspondiente secuela de tierra arrasada, el genocidio, y el saqueo de bienes y robo de territorios del pueblo mapuche.

En la mal llamada “pacificación de la Araucanía” – guerra de exterminio- entre 1861 y 1883, fueron muertos por el ejército chileno invasor, entre 50 a 70 mil mapuches según el historiador, Hernán Curiñir.

Pero ahora, un candidato presidencial, el señor José Antonio Kast pretende hacer retroceder la historia, y ha demandado la utilización del Ejército, para enfrentar las demandas mapuches y “resolver” la conflictividad en la llamada Región de la Araucanía.
El, seguramente por sus convicciones políticas, y por alguna, quizás, tradición familiar que vincula a su apellido (el primer Kast en Chile fue un ex oficial nazi que encontró refugio en el país), a la masacre de 70 campesinos, comerciantes, profesores y estudiantes, en Paine, en 1973, cree que la fuerza de las armas resuelve conflictos que como en el caso de las demandas mapuches, encierran complejos temas históricos y sociales que se arrastran siglos.

Otros líderes regionales como los que orientan o dirigen la Multigremial empresarial de la Araucanía, entidades, así llamadas de “familiares de víctimas de la violencia”, camioneros, senadores derechistas y la UDI y RN, además de los medios  informativos del duopolio que orquestan la criminalización de los movimientos o comunidades mapuches. promueven también la “solución” militar del conflicto.

Es decir “ocupar”, “pacificar” la Araucanía, imponer manu militari el orden y la seguridad, desafiada por quienes demandan, la devolución de tierras, el respeto a su cultura y religión, el reconocimiento constitucional, y aún más la autonomía, el respeto a los derechos reconocidos y exigidos internacionalmente por Naciones Unidas y el Derecho Internacional.

El problema es que en medio de la euforia diciochera, del llamado Día de las Glorias del Ejército, el Comandante en Jefe  del Ejército, general Humberto Oviedo, vestido con las galas festivas de la institución, señaló en declaraciones a TVN, que su fuerza estaba en condiciones, a disposición de una acción represiva militar en la Araucanía.

El jefe castrense notificó a los chilenos que “los estados de excepción  constitucional son parte de nuestra legislación y obviamente el Ejército, tal como se ha planteado para cualquier tarea, debe estar preparado” para actuar en el conflicto, obviamente, agregando que hay sectores que “no han entendido la labor de vivir en sociedad y que deben responder a la justicia”.

Las palabras del general encierran peligrosos conceptos y amenazas contr5a la democracia y la convivencia nacional que debieran haber sido motivo de preocupación en el Gobierno y las esferas políticas y sociales nacionales. Tras una estudiada y cuidadosa formulación se parapetan las viejas consignas del rol tutelar de las Fuerzas Armadas sobre el país, la sociedad y el Estado, la pretensión de ser bastión de la institucionalidad, de la soberanía, del orden, palabras más o menos que las utilizadas en la justificación del Golpe de Estado de 1973 y revividas descaradamente por ex Comandantes en Jefe de en este septiembre de 2017.

Las palabras del oficial y sobre todo el sentido profundo del gesto de aprovechar el festejo es más que inoportuno. Es desafiante del orden político constitucional, de la institucionalidad judicial y policial. Y hacen volver a la mente los argumentos y los desplantes castrenses, entre ellos motines y declaraciones utilizados en el escenario de 1973.

El límite entre  ello y la deliberación es poco nítido.

Tras esos conceptos está la tesis del “enemigo interno”, la “guerra interna”, del “terrorismo”, esta vez apuntado y en un sentido literal contra pueblo mapuche, y quienes puedan rechazar la altanería y agresividad castrense.

El mensaje es claro y sin matices: el Ejército “está preparado”. Y está dicho, en medio del ambiente de la Parada Militar, donde –si se entienden bien los mensajes del libreto que acompaño el paso de las tropas- no se habló de democracia o de respeto a la institucionalidad ni a la soberanía popular.  

Lo que sí se puede entender claramente es que el Ejército ha estudiado yá los “cursos de acción” y el escenario donde se dispone a desarrollar sus operaciones bélicas y ya tiene los trabajos de entrenamiento, despliegue e inteligencia operativa a la espera de la orden de avanzar y de “fuego”.

Los manuales de la Escuela de las Américas sobre la “guerra Interna”, la “contrainsurgencia” no es que hayan sido “desempolvados”, está ahí sobre los escritorios de los oficiales estudiantes de Estado Mayor, o de Operaciones, o de los jefes de las unidades operativas destri9nadas al “escenario” bélico corrsponcdiente.

El anunciado cierre de pasos fronterizos con Argentina, la ridícula historia del “arsenal” de un par de escopetas y pistolas según escuchas telefónicas, constituyen  elementos mediáticos para alimentar la imagen del enemigo.

Por cierto es lamentable que enfrascados en su campaña electoral presidencial, los partidos, los dirigentes políticos y el gobierno, no hayan reaccionado con fuerza y autoridad frente a la locuacidad del Comandante en Jefe del Ejército, y hayan optado por restarle peligrosidad a las amenazas que significan.

¿Se dispone el Estado de Chile, sus instituciones armadas y polioiales a repetir la criminal y genocida “pacificación de la Araucanía” y como entonces, actuar coordinadamente “machacando a los revoltosos”, aquí y tras la Cordillera, con las fuerzas militares v policiales?. Habría nuevos “trizanos y “Saavedras”. crueles instrumentos uniformados del despojo de tierras, robo de ganados, incendio de hogares  y asesinatos masivos de mapuches?.

Esta no es una interrogante retórica. Los hechos parecen encaminarse trágicamente hacia esos objetivos, si no se logra, por una parte destrabar el conflicto, desmontar la violencia y alejar a los militares de la tentación de una “solución final” del conflicto.

Hay quienes mostraron ya bajo la dictadura de Pinochet y como parte de la sedición y el Golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, sus habilidades para montar provocaciones, y hasta “planes Zeta”, para justificar sus crímenes, y en la región hay muchos “patria y libertad” o “comandos Rolando Matus”, atrincherados como agricultores, colonos o “buenos vecinos”, que ocultan no solo recuerdos y odio, sino que también arsenales de los verdaderos que pensaron utilizar o utilizaron en el 73.
La actitud de La Moneda de  buscar soluciones  institucionales, la reclasificación de la querella contra los mapuches acusados de la quema de iglesias y la superación de la huelga de hambre de los mismos parecen un esfuerzo en el rumbo correcto, el que necesita, por cierto una constancia, persistencia y voluntad política que va más allá de un determinado sector político o circunstancia electoral. 

Por otro lado, los atentados incendiarios contra iglesias, o el caso de la muerte del matrimonio Luchsinger McKay, el sabotaje de siembras y bosques, tampoco parece el camino adecuado para defender demandas legítimas, y más bien generan un rechazo  generalizado, y finalmente son ineficaces para el objetivo proclamado.

El problema de las demandas mapuches debe ser encarado por el Estado y las comunidades mapuches, con serenidad, respeto mutuo y realismo, sin caricaturización o criminalización, dejando de lado la dicotomía del  amigo-enemigo, reconociendo que ambos, el Estado y el pueblo mapuche viven en un escenario común que es Chile, donde deben convivir.
Aún es tiempo para que se imponga la racionalidad, la responsabilidad democrática.Por Marcel Garcés Muñoz
Periodista
Director de Crónica Digital

Santiago de Chile, 4 de octubre 2017
Crónica Digital

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1 Comentario

  1. El gobierno de la señora Bachelet , militarista en profundidad por educación y estudios ( en las fuerzas armadas) no ha sido capaz ó no ha querido oponerse al llamado militar y de derechas ,incluída la DC y sus ministros del interior aplicando la ley antiterrorista y ha dejado al país inerme ante el ataque interno que nuevamente florece en los mismos senderos del ’73. Piñera no es la solución y el “cheque en blanco” de la presidenta a su oposición ? tampoco. Si va a votar ,recuerde los hechos ,no niegue la memoria y después , proceda.

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