Por Marcel Garcés Muñoz: ES LA HORA DE COMPROMETERSE EN LA UNIDAD

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Con mucha razón y responsabilidad, líderes del progresismo  han planteado la necesidad de que los partidos de la Nueva Mayoría ( Socialista, Radical, Comunista, PPD , Demócrata Cristiano, Izquierda Ciudadana, Movimiento Amplio Social) busquen el camino de un compromiso para unir sus esfuerzos y voluntades para obtener en una eventual segunda vuelta electoral presidencial un acuerdo político que permita mantener el proceso de profundización democrática y de reformas del actual gobierno de la presidenta Michelle Bachelet.

Es la hora de comprometerse con la unidad de las fuerzas del progreso, de las reformas que Chile necesita, y del fortalecimiento de la democracia y el progreso.
Se trata de consolidar la voluntad de cambios que representan  el apoyo electoral ciudadano a los programas, esperanzas y perspectivas expresado en la primera vuelta electoral, del 19 de noviembre, a los candidatos de la centro izquierda, los que mas allá de diferencias que expresan su idearios políticos  particulares, coinciden en lo esencial: la defensa de la democracia, el apoyo al progreso social, su compromiso con los derechos humanos, y su rechazo a las diversas versiones de autocracia e incluso nostalgia por la dictadura de Pinochet, y el retroceso histórico que se expresa en la derecha alineada tras  el empresario, Sebastián Piñera.

La sociedad chilena se verá enfrentada, de manera más que definitoria, al dilema de pronunciarse entre las fuerzas del progreso social y los que buscan volver atrás la historia, y demoler lo construído en materias de educación, salud, previsión, igualdad de derechos sociales y económicos, libertad, regionalización, dignidad, salarios dignos y progreso social y cultural.

Tras Piñera están los que sueñan con una sociedad sometida a un orden del terror, a la fuerza de las balas, o de los martillazos sobre la cabeza, a los que hacen valer en sus programas y en su práctica, la fuerza del poder, la corrupción o imponer la lógica brutal del lucro, a los que consideran la educación y la salud, la previsión social, como mercaderías sujetas al libre mercado, un mero “bien de consumo”.

Son los mismo que claman por una solución militar, una “pacificación de la Araucanía. Versión siglo 21”, frente a las demandas de los mapuches, y que no vacilarían en utilizar la fuerza de las armas para impedir, someter, las demandas de los jóvenes, trabajadores, los intelectuales, los profesionales o a quienes expresen sus reivindicaciones en la calle.

Sin duda Piñera y las fuerzas que lo secundan o manipulan -es  lo mismo- son un riesgo para el país, la democracia y los derechos, las aspiraciones y demandas de los chilenos. Y por ello se impone la unidad más amplia y decidida de los ciudadanos para oponerse a esos designios.

Ello explica y justifica totalmente, como lo señaló el presidente del Partido por la Democracia, Gonzalo Navarrete, que independiente de la competencia  que se  desarrolla hasta el 19 de noviembre- se adelante por parte de centenares de diputados y dirigentes progresistas, incluyendo democratacristianos, radicales, socialistas, comunistas, y de otras fuerzas, un compromiso de apoyo para la segunda vuelta.

Se trata, dijo Navarrete, de ”un acuerdo explícito de proyección, corrección y propuesta para Chile en segunda vuelta”, un compromiso para “la proyección de un gobierno de centroizquierda que garantice derechos sociales, que produzca un desarrollo económico inclusivo, que mejore lo que son las grandes demandas de Chile en materia de pensiones, salud y educación, y que se haga cargo de los grandes avances que ha hecho el gobierno de la Presidenta Bachelet, con los debidos perfeccionamientos que eso requiere, implica un acuerdo político transversal”.

Este camino realista y de responsabilidad histórica fue el que hizo falta por ejemplo en la segunda vuelta presidencial de enero del 2010, cuando Marco Enríquez-Ominami (MEO), no se pronunció por apoyar a Eduardo Frei, tras haber logrado un determinante 20.14 por ciento de la votación en la primera vuelta el 13 de diciembre de 2009.

Piñera, ganó la elección con un 51.61 por ciento y Frei obtuvo un 48,39 por ciento.

Otro candidato, Jorge Arrate, que debe ser considerado “de izquierda”, que renuncio en el proceso electoral a su militancia en el partido Socialista como lo había hecho también MEO, y apoyado por el Partido Comunista obtuvo en la primera vuelta, un 6.21 por ciento de la votación.

La lección política y estadística de las decisiones políticas que permitieron el triunfo de la Derecha en 2009-2010, luego de 20 años de recuperación de la democracia tras la dictadura de Augusto Pinochet, son obvias y parecen estar siendo tenidas en cuenta en las cúpulas políticas.

Con razón, los analistas políticos de las distintas facciones de la derecha,  han puesto el grito en el cielo, ante la perspectiva de la unidad de todas las fuerzas progresistas y democráticas.
Lo malo sería que en este sector también haya gente que cayera en la trampa retórica que tienden algunos “analistas”, “demócratas de última hora” y “catedráticos”, algunos por cierto parapetados en El Mercurio, a los cuales alarma esta perspectiva de un compromiso democrático que se oponga a sus designios  que apuntan a dividir a los sectores progresistas.

Hay también quienes quisieran revivir, o chantajean con ello, un supuesto “estatuto de garantías” al estilo del impuesto a Salvador Allende en  1970, y que después se transformó en realidad en un pretexto más- una justificación hipócrita- para la sedición y el Golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 y la criminal dictadura posterior.
No hace falta ser muy mal pensado que esto de “dividir para reinar” es un viejo truco no solo de los ”florentinos” que pululan por estos lares, y cuya responsabilidad en la conspiración golpista del 73 es evidente y que han seguido saboteando, desde diversas tribunas o cátedras, el avance del proceso democrático en Chile,

Este es un desafío crucial para Chile. Y en esta hora decisiva de la democracia,  no caben excusas, pretextos ni reticencias.

Por Marcel Garcés Muñoz
Periodista
Director 

Crónica Digital

Santiago de Chile, 14 de octubre 2017
Crónica Digital

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