Por Miguel Alvarado Natali “COMEDIA DE AVENIDA IRARRÁZAVAL” EL CHILE QUE NO CAMBIA

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La familia Irarrázaval, que vive en el llamado Barrio Alto de Santiago, celebra el  cumpleaños de una de  sus hijas, Delia, disfrazándose e interpretando un papel de algún libreto  creado por la propia festejada para presentarlo a sus invitados, aparentando una condición que ya no tienen, luego de la muerte del padre,  ya que ahora lo único que les queda es el apellido,  y como gran herencia, la casa familiar. Entonces aparece el abogado de la familia con Lalo Becerra, un amigo de “medio pelo”, es decir, de baja clase social, pero emprendedor y con muchas proyecciones sobre unas tierras que en el futuro serán un buen negocio y así, corteja a María Del Pilar, la más hermosa de las  cuatro hermanas, pero el origen humilde de Becerra a  ella le molesta, no lo puede aceptar, más con solo pensarlo le da urticaria.

La madre  – papel que notablemente interpreta Katty kowaleczko-  y sus 4 hijas mujeres, más dos hombre de los cuales uno es Gay y el otro lo que llamaríamos en nuestros días  un “cuico sobrado” y fanfarrón, son la familia Irarrázaval, quienes  se niegan a mirar su realidad, encontrándose en un proceso total de decadencia y pese a eso mantienen un absurdo clasismo que les jugará una muy mala pasada, impredecible para ellos en ese momento.

“Comedia de Avenida Irarrázaval” con la dirección de Camilo Carmona es una adaptación de la obra “El Tiempo de los Conway” estrenada en Londres en 1937, del Inglés J.B Priestley, quien fuera un destacado dramaturgo y escritor, pero también un reconocido locutor y periodista durante la segunda Guerra Mundial en la BBC, conocido además por su activismo Político a la vista de las desigualdades sociales de los años “30 y que lo  llevaron a sufrir censura por parte del Partido Conservador, quien tildaba sus opiniones como muy izquierdistas.

Como una pieza  del tiempo saltando en diferentes épocas, ya que se ha presentado desde 1937 y a su vez una obra que definitivamente rompió con el tiempo lineal de sus partes, “Comedia de Avenida Irarrázaval”, sitúa su primer acto a mediados del Gobierno de Eduardo Frei Montalva en 1967, con su Revolución en Libertad y la puesta en marcha de la Reforma Agraria. Mientras que el segundo acto nos lleva por el tiempo a 1987 y nos presenta un contexto político totalmente distinto, con la visita de Juan Pablo II, la privatización de empresas públicas, la apertura de los registros electorales, la matanza de “Corpus Christi” y la  Cecilia Bolocco ganando el Miss Universo. Todo esto el autor lo entrega en tiempos a temporales, pero que si bien es cierto, su primer acto es la esencia misma del teatro de comedia para terminar el acto final como la más trágicas de las obras griegas.

Delia, que es la que aspira a ser escritora de novelas, está frente al espejo jugando con sus ropas cuando advierte una especie de premonición con respecto al futuro de la familia y se encuentra en su propio cumpleaños pero ahora en 1987, con una madre  decaída, una cuñada con hijos, abandonada por su hermano, ese pretencioso, arrogante y finalmente convertido en un don nadie. En fin todos los actores en escena nuevamente, faltando la más pequeña de las hijas. Pero ya no es de fiestas ni de interpretaciones teatrales, la familia está en bancarrota, todos los miembros de ella han fracasado y Lalo Becerra- que ahora es millonario y está casado con la engreída María del Pilar- les ofrece comprar la casa cinco veces por sobre el valor comercial y salvar a la familia de la eminente miseria.

No podía ser mejor la presentación de “Comedia de Avenida Irarrázaval” en este recinto -Sala Antonio Varas del Banco Estado- y que La Compañía Teatro Nacional Chileno mantiene desde 1954, ya que rescata esa atmosfera antigua que requiere la creación de  J.B Priestley, donde la lógica del tiempo es presente-futuro-presente. Con una escenografía precaria, pero que cumple el objetivo, ese de crear los silencios y movimientos escénicos de los actores, teniendo en cuenta que siempre es difícil actuar subiendo y bajando una escalera, como sucede aquí, donde en  el primer piso está el ropero en el que cuelgan las distintas vestimentas con que la familia se va a disfrazar y el segundo piso una mesa con botellas y vasos. De pronto queda como en una nebulosa el cambio de acto, confundido con ese propio sacarse y ponerse ropas en el cumpleaños.

La obra no es fácil de digerir en un comienzo, donde en el teatro se juega al teatro y a la vez que todo ocurre tras bambalinas, que en la realidad son dos  habitaciones en desnivel, ya que en el salón están los invitados que nunca se ven ni se escuchan.

 

El Clasismo, la escala social, el desprecio por el pobre, las esperanzas no cumplidas, la no aceptación, el rechazo al fracaso, los proyectos truncados, son aspectos que se viven en esta obra. Ese delirio de grandeza de los Irarrázaval al no asumir su condición de pobres y seguir con esa idea de no aceptar por ningún motivo, que el que fue en el pasado pobretón ya no lo es y que paradojalmente ahora que este hombre es adinerado y los puede salvar, les baje una histeria colectiva y verbalmente agresiva, contra el que tiene el poder económico.

Con un final sorprendentemente trágico, magistral y bien montado, dónde la más joven de las Irarrázaval aparece en escena, mientras se escucha de fondo y con muy buen sonido  a Violeta Parra:  ”Ya se va para los cielos ese querido angelito, a rezar por sus abuelos, por sus padres y hermanitos…”. “Comedia de  Avenida Irarrázaval”, nos conduce por ese Chile que no ha cambiado mucho estos últimos 40 años, donde el apellido y el lugar físico en que resides, sí importa, aunque  los bolsillos estén vacíos, por tanto, la reflexión sería, que el secreto de la vida es comprender tu propia realidad.

Por Miguel Alvarado Natali

Crónica Digital, 28 de Octubre 2017

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