Por Alejandro Torres:
 METRO Y LA CALIDAD DE VIDA


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A poco más de un mes de la inauguración de la línea 6 del metro de Santiago, las sensaciones para la ciudadanía dejan cuentas positivas. El aumento de la conectividad de la ciudad, la accesibilidad a nuevas zonas y la calidad del servicio son de gran impacto en la calidad de vida de las personas.

En las grandes urbes, los sistemas de transportes y su infraestructura deben cumplir, a lo menos, con 2 principios básicos: movilidad (circulación rápida, económica y segura) y accesibilidad (acceso de vehículos o personas a cualquier punto de la red de transporte). Para cumplir con lo anterior, es fundamental contar con un transporte público de calidad, donde Metro es por lejos la mejor opción para la movilidad y accesibilidad en grandes ciudades; por lo cual la inversión en su construcción trae consigo una altísima rentabilidad social. En el caso particular de la inauguración de la nueva línea 6 de Metro, hemos visto como aquellos ciudadanos que antes no tenían acceso expedito a este modo de transporte terrestre, hoy declaran sentirse “integrados a la ciudad”, con una mejora en su calidad de vida dado los menores tiempos de traslado, lo que les permite el uso de ese ahorro de tiempo en otras actividades relacionadas con su diario vivir.

Por lo mismo, es esperable que la construcción de la línea 3 de metro por un lado permitirá mitigar en parte el flujo de pasajeros de la línea 1 y, por otro, otorgará mayores y mejores opciones de movilidad y accesibilidad directa a todos los ciudadanos que habiten en un radio de 500 metros a 1 kilómetro de una nueva estación de Metro, que pasará por las comunas de Quilicura, Conchalí, Independencia, Santiago, Nuñoa y La Reina, lo cual se traducirá en un tremendo beneficio para más de 1 millón de ciudadanos.

Con este desarrollo del tren subterráneo, surgen también oportunidades de mejora del transporte público por superficie, cuyos recorridos deberían irse ajustando en función de otorgar mejores opciones de accesibilidad a las nuevas líneas de metro a través del transporte público por superficie, aumentando con ello la rentabilidad social del proyecto de ampliación de la red. También nos otorga la oportunidad de planificar de mejor manera la infraestructura para la circulación de bicicletas, las cuales deberían también insertarse al sistema de transporte público de la ciudad con la construcción de redes de ciclovías con sus respectivos estacionamientos en aquellos puntos de intercambio modal (bici-estacionamientos que deberían tener una capacidad suficiente y ser exentos de pago), aumentando las opciones de movilidad y mejorando la accesibilidad por medio de una red integrada, que además otorga beneficios ambientales.

Por Alejandro Torres
Director Escuela de Obras Civiles y Construcción, U. Central
Doctor en Ingeniería de Caminos

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