Por Marcel Garcés Muñoz. ARTERA MANIOBRA ANTIDEMOCRÁTICA DEL PIÑERISMO-PINOCHETISTA

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La derecha pinochetista, encabezada por remanente hitleriano José Antonio Kast, y algunos nostálgicos de Pinochet enquistados en la Multigremial, organismo de fachada de ex torturadores y represores de Pinochet, y el comando de la campaña presidencial de Sebastián Piñera se han sacado la careta y han lanzado una artera maniobra antidemocrática de última hora para desconocer los resultados del proceso electoral que debe culminar el 17 de diciembre.

Ante la certidumbre de su derrota, la Derecha Pinochetista o Piñerista- a estas alturas parecen ser lo mismo (un Kast esta convertido en escudero de Piñera y otro ha asumido como portavoz político ideológico) buscaría invalidar, deslegitimar, el proceso electoral mismo, acusándolo de fraudulento.

Es una operación política y mediática, para la cual se ha prestado el propio candidato del sector, Sebastián Piñera, con  explicaciones cantinflescas y rostro de ofendido para la pretensión de hacer creer al país que el proceso electoral sería objeto de un montaje, y que la institucionalidad electoral, las autoridades civiles y militares del país, comprometidas en el proceso electoral, estarían coludidos para perjudicarlo.

Sembrar la duda sobre los resultados de la primera vuelta,  para lo cual utilizaron como detonante la denuncia provocadora del propio Piñera, fue solo el primer paso, para instalar la mentira en sus medios de comunicación,  en los comentarios de sus propagandistas, en las redes sociales y alimentar como una bola de nieve, la sospecha, la incertidumbre, desacreditar a las instituciones de la institucionalidad democrática.

Piñera habló de “muchos votos” que habrían estado marcados por Guillier y por Beatris Sánchez, pero el Servicio Electoral lo desmintió tajantemente y confirmó que al organismo llegó la denuncia de solo UNA MESA y en los medios se habló de cinco casos, pero sin registrarse ni comprobarse nada.

Uno de los efectos buscado es además, evitar que los chilenos, sobre todo en los sectores populares, en especial los jóvenes, vayan a sufragar, expresen su adhesión política electoral, deslegitimando el mecanismo democrático del voto, de las elecciones como un medio significativo de expresión de la voluntad soberana de los ciudadanos.

Es sabido que uno de los objetivos estratégicos de la derecha es que la democracia y la propia representatividad, solo sean efectivos para sus electores, alentando el desinterés, y por supuesto, la abstención de los sectores populares, con la cantinela pinochetista de que “los señores políticos” son inútiles, corruptos, innecesarios, prescindibles (Es decir, los que representen los intereses democráticos y populares, no los de la “GCU”-la “gente como uno”, pero de la elite).

Los derechistas añoran los viejos tiempos del cohecho, del voto censitario, de cuando solo “los caballeros” tenían el derecho a elegir y ser elegidos, gobernaban o hacían las leyes a su antojo.

El instructivo puesto en marcha contempla, como una especie de operativo “paramilitar”, copar con más de 4 mil “apoderados”, los lugares de votación para “defender los votos”, lo que significa  provocar desórdenes, incidentes, y hasta el robo de las urnas, “para evitar” que “los enemigos” hagan el fraude del que se habla.

La UDI, echándole más leña y bencina al fuego, habla reclutar y entrenar a más de 10 mil “voluntarios”, una fuerza mercenaria desti9nada a la provocación.

Con ello obligarían a la intervención de los militares, a cargo del orden en los recintos de votación ( por lo tanto “garantes” del proceso electoral democrático, no sé a título de qué, pero esa es otra discusión de fondo), con lo cual buscan “militarizar” la consulta ciudadana, pretendiendo que los uniformados “se hagan parte” del montaje,

La estrategia puesta en marcha instalaría un escenario ya no de controversia, sino de conflicto político social que podría culminar en un cuadro de desobediencia civil, de desconocimiento de los resultados electorales sino del orden y la institucionalidad democrático en su esencia, de la gobernabilidad, propicio para cualquier aventura sediciosa, conspirativa o delictual, o de desorden generalizado.

Estos escenarios han sido utilizados en Chile y en otros países para frustrar los avances democráticos y desconocer la voluntad de los ciudadanos, y está sistematizado en manuales de intervención político militar de uso corriente en determinadas “academias”.

De manera que alertar sobre estos propósitos y los pasos que se dan a través de la desinformación, la guerra sicológica, y la acción política sediciosa y conspirativa no tiene como propósito amedrentar, atemorizar, o desalentar a los chilenos.

Todo lo contrario: se trata de frustrar activamente esos planes, de defender la expresión de la voluntad popular y la democracia.

Es necesario prevenir los peligros que amenazan nuestra seguridad y sobre todo nuestros derechos.

No hay que dejar espacios para que los enemigos de la democracia prevalezcan en el escenario social y político.

No hay que olvidar 1973, cuando la división de los demócratas abrió el camino para la conspiración, la insurgencia derechista y la dictadura criminal de Pinochet.

El llamado de atención va dirigido a ciertos ex democratacristianos que miran irresponsablemente hacia la Derecha, sin atender las lecciones del pasado, cuando fueron comprometidos por ella en posiciones de complicidad con los conspiradores y ulteriores criminales.

Y también por cierto a otros jóvenes políticos que no leen la historia y que insistiendo en una ambigüedad contra todas las evidencias, desoyen los responsables llamados de líderes de su propio sector incluyendo a quien fuera su candidata presidencial, Beatriz Sánchez.

En una primera instancia el ánimo de la derecha, del pinochetismo revivido y de la derecha ultra, parapetada tras Piñera, es sembrar la inseguridad, el temor, amedrentar con la violencia y los episodios de terrorismo militar desatado a partir de 1973.

No otro sentido tiene la campaña del terror desatada a través de los medios sociales, por emisoras como Radio Agricultura y otros medios de comunicación derechistas, las declaraciones amenazantes (francamente rayanas en la subversión) de militares en retiro, articulistas, comentaristas o analistas ad hoc, líderes empresariales y otros representantes de los poderes fácticos.

Hay que advertir a la ciudadanía que estos neofascistas están dispuestos a jugarse el todo por el todo. Y por más que intenten disfrazarse con pieles de oveja, no son más que lobos hambrientos de venganza.

La población, los ciudadanos no se deben dejar amedrentar con las amenazas y el matonaje.

Los nostálgicos del fascismo del 73 no tienen la capacidad ni deben tener la oportunidad de imponer la violencia. Así lo testimonian los esbirros, juzgados, condenados y mantenidos en prisión. Ellos son un “téngase en cuenta”, casi pedagógico, para quienes intentaran nuevamente subvertir el orden constitucional.

La tarea de hoy- y también del futuro próximo -sean las que sean las condiciones- es conformar una mayoría política democrática, progresista, patriótica, que se comprometa en la defensa y profundización de la democracia, la institucionalidad republicana, el porvenir de progreso y prosperidad para Chile y los chilenos.

Y esto es lo que significa el proyecto de la izquierda democrática y progresista, que encabeza Alejandro Guillier.

Piñera no es garantía para Chile, ni de respeto y defensa de la democracia. Más bien aparece débil, manipulado por los enemigos de ella, prisionero de las fuerzas siniestras que controlan sus movimientos, que lo entrampan en sus incoherencias y erráticas conductas.

Por ello el compromiso de los demócratas no puede ser otro que defender la democracia y el derecho de los ciudadanos a determinar su porvenir.

Esta es la tarea insoslayable, urgente, definitiva de hoy: hay que ganar este 17 de diciembre y defender el triunfo.

Lo que está en juego en las elecciones es la perspectiva de progreso, de justicia, de democracia, de futuro, contenida en el programa político y social del progresismo y de Alejandro Guillier.

Por Marcel Garcés Muñoz
Periodista
Director de Crónica Digital

Santiago de Chile, 7 de diciembre 2017
Crónica Digital

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2 Comentarios

  1. … es lo mismo que la oposición en Venezuela ha tratado de sembrar durante 18 años, amedrentando con “las amenazas y el matonaje”, cuatro meses de violencia y terror tratando de crear las condiciones de insurrección golpista, y sembrar las dudas sobre el sistema electoral venezolano, el mas vigilado y auditado del mundo.

  2. Si el facismo es capaz de mover como apoderados de mesa 10.000 , el comando de Guillier debe llamar inmediatamente 10.000 demócratas para apoderados de cada mesa para evitar los robos de la derecha como lo hicieron hasta en USA en la re elección del tristemente ineficinte Bush jr.Si llaman a voluntarios ,me ofrezco para resguardar los motivos para una asonada militar que ya se anuncia en camino.

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