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¿EN QUÉ FALLAMOS?

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Oscar Arias Sánchez, Presidente de la República de Costa Rica, en la Asamblea de los Presidentes de las Repúblicas Latinoamericanas en Trinidad-Tobago, tuvo una alocución titulada. ¿En qué fallamos?

¿En qué fallamos los habitantes de Latinoamérica  en el concierto de las naciones del mundo? Nos hemos quedado atrás. Hace 100 o 200 años estábamos más avanzados, o al menos en pie de cierta igualdad con otras regiones de Norte América, Europa, Asia, pero ahora nos supera Australia, casi toda Asia y enormemente Europa y el Norte de América.

 

El Presidente Oscar Arias quiere diagnosticar las causas. En resumidas cuentas la causa principal sería que en Latinoamérica nos hemos gastado en discutir ideologías, mientras en otras regiones se han empeñado en hacer... Hemos discutido sobre todos los “ismos”, mientras que los otros han puesto en práctica el “pragmatismo”. Así han llegado al “desarrollo”y nosotros hemos quedado en el “sub-desarrollo”.

 

A este análisis le haría dos observaciones: Apruebo la crítica que se hace al “ideologismo”, o sea, a nuestra tendencia a quedar discutiendo, o a veces ensayando con poco realismo, posiciones ideologizadas (socialismo, neoliberalismo, populismo etc.) sin un sentido realista, pragmático.

 

Carlos Marx en Ideología Alemana ha hecho una definitiva crítica de las ideologías y ha subrayado el valor de la “praxis”. En la misma Iglesia Católica, a raíz del Concilio Vaticano II, surgió una corriente renovadora de la Doctrina Social de la Iglesia afectada por ideologismo. Lo ha demostrado  el teólogo Dominique Chenu O.P.. La Teología de la Liberación  ha mostrado un camino pragmático. Parte de una prasix liberadora de la pobreza y de toda esclavitud, y busca, no cualquier desarrollo, sino un verdadero desarrollo, un desarrollo en equidad. Es cierto que esta innovación no ha sido acogida muy pacíficamente por las autoridades eclesiales, pero se va introduciendo en la práctica pastoral y también en las exposiciones sobre la “Enseñanza Social de la Iglesia” (Paulo VI, gran exponente del Vaticano II no quiso que se hablara más de una “Doctrina Social”. Fue Juan Pablo II quien revirtió esta posición).

 

Dicho lo anterior, o sea mi conformidad con el pragmatismo que encomia el Presidente Oscar Arias,

Debemos preguntarnos ahora hacia donde apunta este pragmatismo ¿hacia el “desarrollo” medido por el “producto”, el PIB, o por el ingreso per capita de los países?

 

Aquí nuestra ética humanista no está de acuerdo. El crecimiento económico no puede ser la medida adecuada para un desarrollo integral. El “homo economicus” no es todo el hombre. Afirmar lo contrario sería un materialismo burdo, que ciertamente no se puede atribuir a Marx, por más que haya él afirmado el peso de lo económico. Además este desarrollo sin medida no solamente es inhumano, sino exorbitado y destructivo.

 

Si lográramos globalizar el desarrollo económico de EE.UU., extendiéndole a las naciones de todo el mundo, el mundo sucumbiría. Se agotarían los recursos, se agotaría el agua, el aire oxigenado por los bosques, los metales, la capa protectora del ozono, los glaciales. Tendríamos un recalentamiento general con todas sus consecuencias. La ecología impondría, pues, al desarrollo económico una medida, un límite. El desarrollo ha de ser pues global, sustentable y no sólo económico sino integral.

 

Paulo VI, el Papa del Concilio, ha definido bien en su encíclica “Populorum Progressio” (1975) lo que es un desarrollo integral. Es el desarrollo de todo el hombre y de todos los hombres. El desarrollo de todas las dimensiones humanas, no solamente la económica, sino la social, política, cultural, ética y religiosa. Y no solamente en un plano individual, sino también en el colectivo. Hoy día debemos insistir en la exigencia fundamental del desarrollo integral, la equidad. El mundo globalizado se asemejará, por su intercomunicación tan inmediata, a una pequeña aldea. En una pequeña aldea no puede haber inequidad. No pueden convivir, una al lado de la otra, la extrema riqueza y la extrema pobreza. En este mundo del futuro, la equidad será no solamente una virtud recomendada, sino una necesidad parra convivir en paz.

 

Concluyendo, pues, digamos lo siguiente: en América Latina hemos de ser pragmáticos y no ideólogos, en el sentido en que lo sugiere el estadista costarricense. O sea, con un pragmatismo que, partiendo de la realidad de nuestra región, busque el desarrollo.

 

Pero en esta búsqueda del desarrollo no emulemos los caminos de las grandes economías “desarrolladas”, que nos han llevado a esta crisis mundial en que estamos. Tomemos el camino que construye desde abajo hacia arriba, buscando la equidad y la solidaridad. El que nos señala la Teología de la Liberación con su “opción preferencial por los pobres”, éste llevará a un desarrollo verdaderamente sustentable, ecológico que mantendrá y no agotará los recursos del mundo. Permitirá la convivencia fraternal y pacífica de los 6.000 millones y un tanto más que habitaremos esta tierra convertida en una pequeña aldea.       

 

José Aldunate, S.J. es miembro del Consejo Editorial de Cronica Digital.

Santiago de Chile, 15 de junio 2009
Crónica Digital

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