Principal | Consejo Editorial | P.J Aldunate | LEYENDO LAS MEMORIAS DE UN OBISPO SOBREVIVIENTE

LEYENDO LAS MEMORIAS DE UN OBISPO SOBREVIVIENTE

Tamao de la fuente: Decrease font Enlarge font
image

Los que hemos vivido esta última mitad del siglo cercanamente al acontecer político y eclesiástico, hemos leído con particular interés estas Memorias, y las hemos valorado como testimonios fieles de quien estuvo, no solamente presente, sino actuante en esos aconteceres. A la luz de la lectura de estas Memorias quisiera rememorar tantos hechos significativos y la participación en ellos de este Obispo.

Nació en 1926 en una familia de Saubuse, al sur de Francia. Cuando tenía 7 años, en 1933, la familia se trasladó a Chile. Estudió su primaria en un Liceo fiscal y después la educación media en el Instituto Luis Campino de la Iglesia, entrando luego al Seminario para prepararse al sacerdocio. En todo este tiempo se fue perfilando el intelectual, amante de la historia y de las artes, estudioso y disciplinado. Una disposición positiva frente a la vida y la sociedad y una actitud amigable.

No fue extraño, pues, que su Obispo, Mons. Emilio Tagle Covarrubias, en 1949 lo destinara a Roma, a sacar un Doctorado en Filosofía en el Instituto Angelicum de los Dominicos.

Aprovechó Hourton su estadía en Europa para visitar Santuarios, museos y centros de cultura, particularmente en Francia.

A su vuelta, en 1952, se desempeñó por varios años como profesor de Filosofía en el Seminario. Al cabo de unos años, en 1967, su Obispo, entonces Mons. Raúl Silva Henríquez, le designa Rector del Seminario.

Este nombramiento es significativo. El cargo muestra la gran confianza que le tenía “Don Raúl”. Creo que este vínculo de confianza mutua fue una constante en la vida de ambos y se transparenta en la autobiografía

No obstante lo anterior, Raúl Silva cedió a las proposiciones que le hizo un grupo innovador de su clero de ensayar una formación distinta. Un Seminario inserto en la población suburbana de Santiago, abandonando el gran edificio construido ad hoc en el sector alto.  Hourton no estaba de acuerdo y renunció. Don Raúl eventualmente le dio la razón al revertir, más tarde, el cambio en vista de resultados negativos.  Mientras tanto nombró a Hourton Vicario suyo en la Zona Norte de Santiago.

La renuncia fue muy sentida por Hourton. Le pareció un fracaso, pero en realidad no fue sino la muestra de una Iglesia en vías de cambio y los cambios suelen implicar divisiones y dolor. Y estaban precisamente en curso los cambios del Concilio Vaticano II (1962-64).


Estos cambios impactaban más a Don Raúl Silva Ya nombrado Cardenal, le tocó en esa trascendental década del 60, no sólo tomar una parte muy activa en el Concilio, sino afrontar el oleaje consecuente  a los cambios de modernización que la Iglesia asumía. Cambios muy necesarios, pero que traían sus marejadas. Crisis sacerdotales, tomas de la Universidad Católica y hasta de la Iglesia Catedral. Cristianos para el Socialismo y el triunfo de la Unidad Popular. El Gobierno de la Democracia Cristiana, iniciado en 1964 con tan buenos augurios, fue derrotado a los seis años por el socialista Salvador Allende.

Este vuelco político impactó fuertemente a Don Raúl, pero lo que le disgustó mayormente fue el Movimiento “Cristianos para el Socialismo”, que incluía miembros del clero.

Hourton se mantuvo un tanto ajeno a estos avatares, dedicado a sus tareas pastorales en la empobrecida Zona Norte del Arzobispado. Y, luego un nuevo destino lo sacó enteramente de la escena capitalina: fue nombrado Obispo Vicario de Puerto Montt.
(1969).

Es interesante recoger una apreciación que ha hecho Hourton en su autobiografía sobre esta  “cuasi-herejía” eclesial de Cristianos para el Socialismo. Considera desafortunada la actitud rígida que tomó la Jerarquía Chilena. Personalmente pienso que, admitiendo los reparos que  expone Hourton, la iniciativa fue valiosa para romper un tabú persistente, a pesar del Concilio, de que un cristiano no podía ser socialista.

El nombramiento de Obispo conferido a Hourton es una muestra de la confianza que gozaba de parte de Don Raúl y de parte de la Roma de Paulo VI.

Desde 1969 hasta Septiembre de 1973 vemos a Hourton dedicado en alma y cuerpo a visitar y atender pastoralmente a la Diócesis de Puerto Montt, una Diócesis en ese tiempo de gente muy pobre y muy sencilla, dispersa en buena parte en villorrios e islas. Podemos preguntarnos cómo se arregló este intelectual de cultura europea con una pastoral tan básica. La respuesta es clara para quien conoce personalmente a Hourton. Está en su cercanía y calidez humana. Le interesa todo ser humano y todos encuentran en él acogida y cariño. De hecho dedicó esos años a recorrer varias veces toda la diócesis, fue un Obispo itinerante.

El 11 de Septiembre de 1973 es una fecha que le cambió la historia a Chile y muy particularmente a algunos chilenos. Entre estos estaba Jorge Hourton. Tal vez tendría que haber repercutido en la vida de cada Obispo responsable de su Diócesis. Hourton, al menos, por su actitud valiente y responsable  se enfrentó con Hernán Leigh, General de Aviación, nombrado por la Junta Militar Intendente de Puerto Montt.

El hecho es que Hourton se enfrentó con el Gobernador en defensa de víctimas de abusos. El Nuncio Apostólico, en vez de apoyar a Hourton, pidió que renunciara y volviera a Santiago. Hourton se sintió obligado a aceptar, fue para él como un nuevo fracaso.

LOS AÑOS DE DICTADURA MILITAR

Para entender la anticipación de Hourton en la vida eclesial y política, y la actuación de la Jerarquía Católica durante los años de la Dictadura, creo oportuno tener en cuenta dos rasgos de nuestro amigo. El primero es su característica de “hombre de Iglesia” y el segundo su índole como filósofo adicto a la verdad y a la justicia. Lo primero se manifiesta en su adhesión concreta a la misma institucionalidad eclesial, con voluntad de participar y servir. De aquí lo mortificante que le resultó en ocasiones verse como separado y marginado. Su solidez de discernimiento y juicio en coyunturas complejas, como fueron las que planteaba la Dictadura a la Iglesia, se debe a una notable equidad de ánimo y a una sólida formación filosófica y también teológica. Se me ocurre que su formación escolástica, complementada por su profesión blondeliana, le han dado a la vez solidez y apertura.

En Santiago el Obispo renunciado fue nuevamente acogido por el Cardenal Raúl Silva y nombrado Vicario suyo en la Zona Norte. Durante prácticamente diez años acompañó a Don Raúl, hasta que éste renunció  al cumplir sus 74 años. Todo este tiempo Hourton cumplía tres tareas eclesiales: la de Vicario encargado de la Zona Norte, la de Vicario del Arzobispado de Santiago y la de miembro de la Conferencia Episcopal de Chile.

Las memorias nos cuentan cómo Hourton acompañó a la Zona en mil situaciones de necesidad  y apremio. No podemos entrar en detalles pero vislumbramos la gestación de un nacimiento muy importante, el de una nueva dimensión, por decirlo así, de la Iglesia chilena, “Una Iglesia Popular” la ha llamado Fernando Castillo Lagarrigue, otros “Una Iglesia Liberadora”, otros “Una Iglesia de Izquierda”. Evidentemente no se trata de una nueva Iglesia, sino del despertar de una nueva conciencia de los miembros de la Iglesia, que hasta entonces han sido pasivos, objetos de evangelización. Ahora se sienten sujetos y responsables. Esta innovación estaría particularmente representada  por las “Comunidades eclesiales de base”, una estructura que podrían tomar las parroquias, recomendada por la misma  Jerarquía chilena a raíz del Concilio.

En otras palabras, la novedad que estamos insinuando sería algo que parte del Concilio, pero que estaría tomando cuerpo en sectores populares, a saber, una superación de cierta prepotencia clerical, un despertar del laicado que va tomando iniciativas.

Varios factores han contribuido a este despertar: la novedad conciliar, los enfoques de la Teología de la Liberación que se presenta como una concreción del Vaticano II para América Latina, la “opción por lo pobres” como mensaje de las  Asambleas Generales del Episcopado Latinoamericano en Medellín y Puebla, la incorporación en Chile de una generación de sacerdotes jóvenes extranjeros y nacionales de avanzada teología y pastoral.

Estas corrientes siempre podían contar con  Hourton,  así como con Enrique Alvear, Vicario de la Zona Oeste y con los de la Zona Sur. Hourton fue el más fiel amigo de Alvear en vida de éste y el que más ha mantenido su recuerdo.

Se inició en la Arquidiócesis una Organización de Iglesias de base con unos 2.000 miembros, participando en sus jornadas, hasta que Mons. Oviedo lo incorporó a la estructura eclesial. Allí desapareció. Esta organización, como otras similares  de nivel arquidiocesano, siempre pudo contar con la asistencia de Hourton.

Pero donde Hourton más se explaya en sus Memorias y donde más novedosa e imprescindible ha sido su información es en el nivel de las reuniones del Episcopado Nacional.

Al llegar Hourton a Santiago, el Cardenal Silva Henríquez y todo el episcopado chileno a cuya cabeza estaba el Cardenal como Presidente, se encontraba ante un gran problema: qué actitud tomar ante la Junta Militar, en tren de instalar en Chile una Dictadura. La práctica había sido entenderse bien la Iglesia con todos los Gobiernos legítimos, pero con uno “de facto”, producto de un golpe militar, prácticamente no había antecedentes.

Dificultaba la tarea una obligación que los Obispos se autoimpusieron: la de hacer al respecto solamente declaraciones en conjunto, aprobadas por unanimidad. En el Episcopado nacional se manifestó bien pronto una variedad de opiniones frente al Gobierno Militar. Entre unos cuarenta Obispos una mayoría tenía afinidades democristianas, pero una pequeña minoría, capitaneada tal vez por Mons. Emilio Tagle, Obispo de Valparaíso, había quedado demasiado exultante con el Golpe. Sacar, en estas condiciones, una declaración  firmada por todos, constituía una verdadera proeza y exigía largas y a veces apasionadas discusiones y verdaderas negociaciones y análisis de conceptos y frases. Así se comprende cómo pudo colarse, en una de las primeras declaraciones,  una frase ciertamente no compartida por muchos: “Agradecemos a las FF.AA. el habernos librado del Marxismo…”

Un gran mérito de las Memorias de Hourton ha sido permitirnos entrar un tanto en estas deliberaciones de nuestros Obispos, inspiradas indudablemente en su amor a Chile, pero condicionadas naturalmente por perspectivas diversas. El testimonio de Hourton está abundantemente avalado por citas, fechas, documentos enteros. La imagen resultante es la de un Episcopado responsable, serio, patriótico, humano y notablemente fraternal, que se mantuvo unido, comprendiendo que toda división hubiera sido en perjuicio de los fieles y de la causa misma de los Derechos Humanos.

Atribuyo particular mérito en obtener este resultado al Cardenal Silva, por de pronto, y a los Obispos Bernardino Piñera y Carlos Camus, excelentes “voceros” del Episcopado. Ascanio Carvallo en “Memorias de un Cardenal” ha dado a conocer la versión del cardenal Silva sobre estas tratativas episcopales.

Me parece descubrir tras estas informaciones una estrategia adoptada por el Episcopado. A saber, la de aceptar el Gobierno “de facto” de los Militares, pero poniéndole condiciones, y así, legitimándolo en cierta manera, atarlo para que cumpla las condiciones. Y estas condiciones son dos: la pronta vuelta a la democracia y el respeto irrestricto a los Derechos Humanos. Y al respecto, los Obispos detallaban las exigencias que le colocaban con la repetida frase: “Nos preocupa…”. Hoy diríamos, “una buena intención, pero un vano intento”. Es claro que los Militares no cumplieron ninguna de las condiciones.

Hourton nos aporta preciosos datos sobre el Comité de la Paz, la Vicaria de la Solidaridad, sus colegas Cristián Precht y Sergio Valech, la celebración, en 1978, del vigésimo aniversario de la Promulgación de los Derechos Humanos. Me parece que el Cardenal Silva agenciaba también una estrategia de mantener relaciones oficiales por decirlo así) con Pinochet, mientras  sostenía organismos de defensa de los Derechos Humanos, que molestaban grandemente al General. Su “no ruptura” con Pinochet era también táctica. Le impuso sí ciertas reticencias  que mortificaron a las víctimas de los Derechos Humanos.

Mientras tanto murió el Papa Paulo VI, verdadero amigo del Cardenal Silva. Con el nuevo Papa Juan Pablo II el clima romano cambió en lo que respecta a nuestra problemática.  Es decir, ya no favorecía  una situación de tensión  que se había incrementado entre la Iglesia y el Gobierno Militar. El Nuncio papal Angelo Sodano reflejaba este cambio. Los embajadores de Pinochet habían efectuado bien su trabajo. El Cardenal Silva no tenía la acogida de antes.

En 1983 Don Raúl cumplió 75 años y presentó su renuncia al cargo de Arzobispo. Roma desconoció sus sugerencias respecto a un sucesor  y nombró al candidato de Pinochet: el Obispo Francisco Fresno.

Es cierto que el Arzobispo, bien pronto Cardenal Fresno, no respondió a las expectativas de Pinochet, pero tampoco de Hourton, que pedía para él una tarea que realizar.

LOS AÑOS POSTREROS

Hourton fue un hombre colaborador de Raúl Silva. Si la figura del Cardenal se vio deprimida en Roma (sería mucho decir que cayó en desgracia), es natural que su Obispo Vicario se viera un tanto marginado. Otros, por lo demás, lo han sido otro tanto, en cuanto propuestos por Don Raúl nunca fueron promovidos al Episcopado.

La marginación de  Hourton consistió en que el Cardenal Fresno lo relevó de su trabajo como Vicario en la Zona Norte y no le confirió ninguna otra responsabilidad pastoral. Su sucesor en 1990 tampoco accedió a su petición, de manera que Hourton se sintió sin tarea, cesante. Pensó incluso emigrar a Europa para encargarse allá de la atención a los emigrados de Chile. Llegó a proponer este plan a su Obispo, y éste lo consideró factible.

Pero Hourton no se quedó ocioso. Mantuvo en la Zona Norte contacto con diversas organizaciones y más que una presencia en la Conferencia Episcopal. Confeccionó un documento que llevó a la firma de toda la Conferencia.

En el plano diocesano asumió la dirección de un Secretariado por los no creyentes, que, como decía con humor, nadie codiciaba. Roma después cambió el nombre y la orientación de la Secretaría,  un signo de los tiempos de Juan Pablo II, y se llamó “Secretaría Fe y Cultura”. Allí varios pudimos disfrutar de la compañía amistosa e inteligente de “Don Jorge” y colaborar en el Boletín que publicábamos, un Boletín bastante insignificante en su materialidad del que Hourton hacía bromas, pero que íntimamente valoraba.

Por fin, un Obispo amigo, Mons. Sergio Contreras de Temuco, le propuso ir a Temuco y encargarse de la Rectoría de la Universidad Católica, Hourton no dudó en aceptar, y lo vemos aplicarse con todo interés y cariño a su nueva tarea y a su nuevo entorno.

Allí estuvo 8 años. Fue su última tarea y es significativo que otra Rectoría de institución universitaria haya sido su primera tarea. Hourton es un intelectual y ha mantenida indiscutiblemente una intelectualidad abierta y perspicaz a través de una vida tan exigida por el variado acontecer personal y pastoral. Lo que no es común en nuestro episcopado.

Lo que se trasluce en sus Memorias y que nos parece admirable es el interés y dedicación, entregado siempre a las tares y al entorno que le tocó vivir.

Las 552 páginas de las Memorias han sido la admiración de muchos. Lo admirable es, ante todo, la memoria de tantos hechos recuperada después de 30 horas de inconsciencia en que Jorge Hourton fue trasladado desde Temuco a Santiago. Esta memoria está corroborada por las citas y reproducción de documentos de la época, lo que nos da la confianza de estar contando con un fiel testigo del acontecer.

Se dice que el estilo es el hombre. El estilo de Jorge es claro y transparente, es comunicativo y al mismo tiempo sobrio y preciso, salpicado con un sano humor. Deseamos que pueda prolongar buenos años su sobrevivencia para que sus amigos puedan gozar del don de su amistad.

Por José Aldunate S.J. El autor es miembro del Consejo Editorial de Crónica Digital

Santiago de Chile, 22 de junio 2010

Crónica Digital / Reflexión y Liberación.

Comentarios (0 Publicado):

Envie sus comentarios comment

Por favor ingrese el codigo de la imagen:

  • email Email a un amigo
  • print Imprimir version
  • Plain text Texto plano
Tags
No hay tags para este articulo
Rate el articulo
5.00