EL MOVIMIENTO CALAMA. UNA EXPERIENCIA QUE HIZO HISTORIA EN CHILE
Verá la luz pública la historia de un proyecto original y atrevido que tomó cuerpo en Chile y después, en los años difíciles de la Dictadura Militar, modificó su rumbo y pesó en nuestra historia.
Guy Boulanger (OMI) es un antiguo misionero canadiense del Norte de Chile, fue Vicario de la Diócesis de Antofagasta, participó en los inicios del Movimiento Calama en 1971-73, ahora lanza a la publicidad la historia y significación de este movimiento. El libro, escrito en francés, se titula. “Theologie practique de Libération au Chili de Salvador Allende”
Nuestro escrito complementará la relación de Boulanger. Como veremos el Movimiento se inició en Calama, pero, con el golpe, buena parte de los iniciadores tuvo que salir de Chile. Otra parte constituida por chilenos continuamos el Movimiento en Chile, bajo la sigla de “EMO” (Equipo Misión Obrera). Así pudimos añadir a la historia fundacional la praxis efectiva del Movimiento bajo la dictadura Militar.
Juan Caminada fue un teólogo misionero con experiencia en Indonesia que concibió un proyecto pastoral. Este se proponía responder a la pregunta. ¿Cómo puede la Iglesia saldar la distancia que la separa del mundo obrero? Ella había ensayado muchas iniciativas para este efecto, pero todas habían fracasado. El obrero “no se hallaba” dentro de los moldes de la Iglesia. Había, pues, que salir de estos moldes y concebir otros, partiendo esta vez del mundo obrero.
Los sacerdotes obreros tendrían que ser los vehículos de esta transformación. Pero han fracasado por intentar adaptaciones en lo eclesial que se quedaban a medio camino. Hay que partir del otro extremo: de la vida obrera.
El sacerdote obrero debía, pues, según Caminada, someterse a una severa disciplina para ser vehículo de un modo de ser o cultura obrera, e insertarla en la Iglesia. Un primer paso es el “éxodo”. Deberá despojarse de la cultura burguesa y del clericalismo. El segundo paso es la “inserción”, insertarse en el mundo del trabajo obrero y adquirir su modo de ser, de ver y de relacionarse. El tercer paso es “la expresión religiosa”: qué modos de culto, sacramentación creencias religiosas surgen activamente de la cultura religiosa obrera. El cuarto paso es el “diálogo” o vinculación con la autoridad Jerárquica. Esta relación hay que mantenerla siendo totalmente transparentes y dando cuenta al Obispo respectivo de toda la experiencia. Quinto paso: una Iglesia distinta de la Iglesia actual, expresión de la religiosidad popular y obrera. De esta confrontación surgiría tal vez una Iglesia más renovada, como la ha querido el Concilio vaticano II (1962-65).
En una palabra, el proyecto Caminada buscaba la renovación conciliar de la Iglesia a partir del pueblo trabajador.
Caminada vino a Chile en busca de sus conejillos de India con quienes verificar su hipótesis. Y los encontró: dos profesores de Teología, varios misioneros extranjeros y cinco sacerdotes chilenos. Nos juntamos en Calama con la anuencia del Obispo Ysern y trabajamos en el mineral de Chuquicamata. Así estuvo el Movimiento un par de años, hasta el Golpe Militar en Septiembre 1973.
Es de notar que nuestra asimilación con el mundo obrero implicaba el estar a favor de las reivindicaciones sociales de la izquierda. Por esto el Golpe Militar significó la expulsión del país de Caminada y todos sus compañeros extranjeros. Nos quedamos en Chile lo chilenos, a saber, Mariano Puga, Rafael Maroto, José Correa, Santiago Fuster y mi persona. Optamos por continuar. El Golpe nos dispersó, estuvimos algunos trabajando y en 1975 nos reunimos todos en Santiago.
En Santiago, pues, nos organizamos para rehacer el Movimiento Calama que debía de ser semiclandestino, bajo el epígrafe de “EMO” (Equipo Misión Obrera). La ausencia forzada de Juan Caminada nos favoreció en cierta manera para adaptar su Proyecto a las realidades de un país y una Iglesia bajo una Dictadura Militar.
Lo primero era rehacer el equipo. Organizamos jornadas de coadaptación, admitiendo en el grupo a religiosas y a laicos. Se incorporaron sacerdotes, como Roberto Bolton, Sergio Naser y Religiosas, como Nadile Odile y Margaret Westwood, matrimonios, como el de Rolando Rodríguez y Katy Gallardo, agentes pastorales, como Ana María Berten y Juanita Ramírez, y otros muchos. Varios han hecho historia. Recordemos entre los muertos a la pareja sacrificada con toda la familia Gallardo por la DINA, cuyos cuerpos me tocó reconocer en la morgue. Katy tenía quemadas las dos órbitas oculares. También murió Odile, condecorada por su valor en rescatar vivos y muertos, algunos de ellos de las aguas del Mapocho.
Sentíamos que la misión de EMO era tomar lo aprendido de Juan Caminada, para ponerlo al servicio de la Iglesia en las particulares condiciones en que se hallaba bajo la Dictadura Militar. Nuestra inspiración era guiarnos por los Signos de los Tiempos, como nos enseñaba la Teología de la Liberación, en contacto con las víctimas de la represión.
Nos mantuvimos, pues, en los pasos que nos marcó Caminada. Ante todo el trabajo: Maroto en el Metro, Mariano en un equipo que pintaba edificios, Bolton en un consultorio, Naser en la rehabilitación de alcohólicos, Fuster en labores agrícolas, mujeres en la calle Meiggs y en Mackay etc. Yo estuve en la construcción, en el Pem y otros trabajos. Vivimos todos el “éxodo” y la “inserción”, viviendo en barrios populares.
Nuestras actividades abarcaban la pastoral y la política. Algunos se comprometieron más en la política, como Rafael Maroto, que llegó a ser vocero del MIR; otros en lo pastoral apoyaron fuertemente a las Comunidades de Base y las organizaciones eclesiales de sobrevivencia en tiempos difíciles.
La relación de EMO con “Don Raúl”, -así llamábamos al Arzobispo, después Cardenal Raúl Silva Henríquez- eran muy importantes. Era dialéctica de confianza y franqueza. Constatamos que Don Raúl sabía escuchar y también cambiar de opinión.
Nos reuníamos todas las semanas para hacer la evaluación de la situación, una dinámica de grupo y la expresión de fe cristiana. Notemos que esta expresión de fe no era una Misa, ni Liturgia alguna tradicional. Nuestra tarea era precisamente descubrir expresiones de fe que brotaran del pueblo pobre y trabajador.
¿Cuál fue la contribución de EMO a la Iglesia y a la sociedad?
Aclaremos que EMO estaba incorporado a una gran Iglesia dirigida por un gran jefe, el Cardenal Silva. Que había otros centros de referencia, como la Vicaria de la Solidaridad, Vicarias Zonales, el Centro Medellín con la revista Pastoral Popular, organismos de Derechos humanos etc. Podemos especificar la contribución de EMO en los siguientes rubros:
1.- El salvataje de muchos perseguidos, introduciéndolos en las Embajadas por encima de los muros.
2.- Se estructuraron Comunidades de Base, sobre todo en la Zona Oeste. Estas se integraron en una Coordinadora de Comunidades de Base que llegó a reunir periódicamente a unos 2.000 delegados.
3.- Se instituyeron los Vía Crucis de Viernes Santo con una renovada concepción de la Pasión del Señor. Perduran hasta hoy.
4.- El EMO fundó y editó un periódico clandestino llamado “No podemos callar” y posteriormente “Policarpo”, para denunciar crímenes y abusos del Régimen y también para fortalecer la resistencia cristiana y ética. Entre 1975 y 1995 se editaron uno 190 números en varios centenares de ejemplares que se difundían por el país y el extranjero.
5.- El EMO ha mantenido un acompañamiento de familiares de Detenidos Desaparecidos, en particular en su huelga de hambre de Mayo/Junio 1978, que repercutió mundialmente y en la que la Iglesia terminó por comprometerse.
6.- En el EMO nació el Movimiento contra la Tortura Sebastián Acevedo que, a partir de 1983 en manifestaciones no violentas denunció la práctica sistemática de la tortura. En siete años salió a la calle y plazas 180 veces. La denuncia tuvo resonancia mundial y ayudó a operar el rechazo del régimen y de Augusto Pinochet.
Un resultado más global
El proyecto Caminada contemplaba el surgimiento de una Iglesia B desde las raíces de un pueblo sencillo y trabajador, una Iglesia que pudiese entrar en diálogo con la Iglesia A. En esta línea tal vez diría que el logro global de EMO fue haber contribuido a constituir en Chile una Iglesia auténtica del Pueblo.
En Chile siempre ha habido una pastoral popular y religiosidad popular. Muchas parroquias en ambientes populares. Pero en estas instituciones el pueblo era “objeto de evangelización” y no “sujeto”. Era menor de edad. El clero era el gran agente. La acción religiosa se centraba en el culto y sacramentos. Bajo la Dictadura Militar se gestó un despertar, una irrupción del pueblo. Irrupción preparada por la Teología de la Liberación y la Conferencia Episcopal de Medellín, que aplicaron el Concilio Vaticano II a Latinoamérica.; puesta en práctica por sacerdotes y misioneros, alertados por el Gobierno de Salvador Allende.
En este contexto la dictadura militar rompió el encasillamiento de la Iglesia chilena, y un Arzobispo-Cardenal renovador junto a un clero casi revolucionario, dieron curso al nacimiento de una tercera dimensión de la Iglesia, la Iglesia Popular.
Concurren a constituir esta “Iglesia del Pueblo” cristianos de orientación izquierdista y aún se acercan a ella socialistas, miristas y comunistas se acercan a ella sintiéndose acogidos en una Iglesia comprometida con la justicia, la democracia y los derechos humanos.
Nuestro teólogo de la Liberación, tan prematuramente fallecido, Fernando Castillo Lagarrigue, en su obra “La Iglesia Liberadora y la Política”, haciendo un fino análisis, distinguió en nuestra confesión católica tres Iglesias (es decir, “corrientes”), una conservadora, otra renovada y la tercera “liberadora” o popular. Entre nuestros Obispos, la mayoría de los 33 serían renovados, con 2 o 3 de derecha y otros tantos de izquierda.
Esta tercera dimensión que adquirió la Iglesia de Chile, sobre todo la de Santiago, fue importante para que ella, en su conjunto, aprendiera que su misión no la confinaba a las sacristías y a la beneficencia, sino también al campo de la justicia, los derechos humanos, la política, es decir, la gran política, la del bien común.
Pues bien, lo que estamos afirmando es que nuestra contribución como EMO a la Iglesia fue contribuir al surgimiento de esta tercera dimensión, la de la Liberación, lo que significó que toda la Iglesia diera un gran paso en la línea del aggiornamento vaticano y la opción por los pobres. Pero las luces tienen sus sombras.
Ultimos Años
Volvamos al curso histórico de nuestro EMO. Como EMO estaba orientado al servicio de una Iglesia renovada, abierta a un mundo en democracia y derechos humanos, los pasos de esta Iglesia nos afectaban directamente.
Es bien sabido que, después de dos décadas del Concilio y Post-Concilio que fueron de renovación, siguieron dos décadas que muchos ponemos bajo el signo de una clara regresión. Fueron los años del Papa Juan Pablo II (1978-2004). En estos años advertimos que la renovación episcopal a través de la Colegialidad no funcionó eficazmente, los obispos nombrados obedecían a viejos esquemas, y el vuelco subrayado por el Concilio, de un clero al servicio del Pueblo de Dios, no se efectuó. El Papa polaco no sintonizaba con tantas expectativas de cambio. Respecto a Latinoamérica, mantuvo una política conservadora, desconfiando de la Teología de la Liberación y de los pasos dados por la Conferencia de Medellín, con intervenciones en las de Puebla y Santo Domingo.
Estas actitudes de la cúpula romana influyeron en la Jerarquía chilena. En 1982, el Cardenal Raúl Silva, al cumplir 75 años presentó su renuncia a Roma. Le fue aceptada de inmediato. La Curia Vaticana ya no veía bien la política de lucha que alentaba en sus colaboradores, ni su resistencia a Pinochet. Como sucesor se escogió como Arzobispo de Santiago al que era bien visto por el Gobierno Militar. Este contexto eclesial no podía sino repercutir en EMO y en sus compromisos con una Iglesia del Pueblo de Dios. El nuevo Arzobispo disolvió la Coordinadora de las Comunidades de Base.
Cuando el año 1990, a raíz del plebiscito, se reinstauró en Chile la democracia, algunos obispos chilenos declararon que finalmente la Iglesia podía volver a “lo suyo”, que sus compromisos durante el Gobierno Militar habían constituido una “suplencia”. Para nosotros estas declaraciones mostraban que nada habían comprendido de la reforma conciliar.
Estas actitudes y todo el contenido eclesial tendían a descolocar a EMO y a las iniciativas afines de la Iglesia Liberadora. Se luchó con todo, reafirmando los principios del Concilio y se siguió inspirando la opción por los pobres en las Conferencias Episcopales Latinoamericanas. Policarpo alargó sus ediciones clandestinas hasta 1995. La Pastoral y las Parroquias tuvieron que defenderse de la invasión de una nueva generación de clérigos formados a la antigua.
¿Pudo mantenerse la Iglesia renovada del Pueblo de Dios frente a estos obstáculos? Diría que se mantiene como el fuego después de un chubasco, ardiendo bajo las cenizas, esperando la ocasión para reavivarse.
Se advierten síntomas de esta pervivencia de los cambios logrados. Por ejemplo, los Retiros de Conversión que han surgido de la base de 50 parroquias, por lo demás de estructuras tradicionales. Una juventud que, rehusándose a reproducir la figura de un sacerdocio tradicional, se propone ser ella misma Iglesia desde el laicado y comprometerse por la justicia y los derechos del pobre y marginado.
¿Y qué fue del EMO?
Se extinguió definitivamente a comienzos del nuevo milenio. No pudo concluir una “Tarea cumplida”, pero tampoco “Tarea fracasada”. La figura es más bien la del atleta de carrera de posta que, cumplido su ciclo, entrega su testigo al que lo ha de llevar más allá. Dejamos una “Tarea pendiente”.
El mundo cambia radicalmente, la Iglesia debería cambiar. El Concilio Vaticano II quiso hacerlo. Con Caminada y EMO agotamos una etapa. Otros deberán acometer la tarea de construir una humanidad fraternal en un nuevo milenio.
Nuestros lectores querrán saber qué ha sido del Movimiento Calama en otros países del mundo. Efectivamente, expulsado de Chile, Caminada y su grupo se dispersó y prendió por diversas partes del mundo: Perú, Venezuela, Santo Domingo, Estados Unidos, Holanda, Francia, Alemania y Filipinas. Caminada murió en 1989, afectado en su columna por sus labores emprendidas en Chiquicamata. Actualmente nos cuenta Guy Boulanger en su libro, que la experiencia se ha extinguido en todas partes del mundo. Respondió a unos tiempos. Estamos en otros muy cambiados. Su recuerdo quedará como un desafío para las nuevas generaciones.
José Aldunate, SJ / Profesor de Moral. Miembro del Consejo Editorial de Crónica Digital.
Publicado en revista “Reflexión y Liberación” Nº 87 de diciembre de 2010.



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Comentarios (3 Publicado):
Que tenga salud. Muchas lo admiramos por su limpio testimonio cristiano.
Que tenga salud. Muchas lo admiramos por su limpio testimonio cristiano.
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