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VOTAR POR FREI: ¿DILEMA POLÍTICO O MORAL?

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La Concertación no puede hacernos a todos responsables de que Piñera esté a punto la segunda vuelta. Ella es la única responsable de su actual situación que comenzó con el abandono del programa que la llevó originalmente al poder.

El oficialismo no sólo fomentó la política de los consensos, afianzando una Constitución hecha a la medida del ex dictador, sino que todos sus gobiernos, se han esmerado en ampliar las bases de aplicación del Consenso de Washington formulado a fines de los años 80. Lo anterior constituyó la abdicación y adscripción voluntaria al recetario neoliberal por parte de la social democracia criolla siendo una definición clave para la profundización de la desigualdad en Chile que amplios sectores de la sociedad civil han criticado duramente.

De manera que el discurso del “todos en contra de la derecha” cuando proviene de quienes decidieron gobernar con ella, administrando y profundizando el neoliberalismo heredado, provoca una sensación de perplejidad. Ello, no tanto por la conclusión preclara de que un gobierno de derecha sería un retroceso para el país, sino más bien por el momento de arribar a esa conclusión. Colocado ante la posibilidad cierta de perder el Gobierno, el giro en el discurso y la mirada del oficialismo concertacionista nos pone ante una disyuntiva compleja de carácter ético y no sólo político

La propuesta enviada por el comando de Frei para conseguir el apoyo del Juntos Podemos contiene un amplio programa de medidas, muchas de las cuales son contrarias al espíritu del Consenso de Washington. El documento concuerda en lo que ya era para muchos sectores de la sociedad era evidente. El problema de fondo en Chile es el carácter y naturaleza del rol del Estado. Visto en su conjunto, este mini programa representa un retorno al Capitalismo de Estado, un Keynesianismo revitalizado, y, en esa perspectiva, refleja un avance notable con relación al modelo hasta ahora aplicado por ser menos regresivo en la distribución de la riqueza y más democrático en la gestión. Sin embargo, cabe dilucidar si estamos ante un verdadero giro o si el discurso de “Mas Estado y menos mercado” es una mera maniobra político electoral.

Resulta revelador que esta propuesta surja ahora con tanta nitidez. ¿Será el fin de los consensos? ¿Constituye el fin del armisticio de la social democracia criolla al neoliberalismo? ¿O es solo una movida electoral para asegurar el respaldo de la izquierda?

Tal vez sea “todas las anteriores” La política de los consensos se acabó y ese final ocurrió cuando se habló por primera vez del “desalojo” y la alternancia se hizo matemáticamente posible tras la primera vuelta del 2005 donde la suma de Piñera y Lavin era mayor que los votos de la entonces candidata Bachelet

Esa política significó para Chile dejar insatisfechas las demandas democráticas que dieron inicio a la transición, cuyo comienzo fue asumido explícitamente por la Concertación con la exclusión del PC y ahora, 20 años después, solo cabe concluir que permitió el fortalecimiento de la derecha.

En segundo lugar, la adscripción al neoliberalismo por parte del oficialismo, efectivamente parece haber llegado a una encrucijada que no corresponde menospreciar. El Gobierno de Bachelet, es el primero de la Concertación que no profundiza el neoliberalismo aunque no lo abandona. Tras años de alabanzas, aclamando su victoria sobre el keynesianismo, hoy la situación es inversa. Vivimos, y no solo en Chile sino en todo el mundo, una revalorización del rol del Estado y con ello, de las políticas publicas. Se conjugan entonces ciertos elementos que se caracterizan por un cambio cualitativo. La vara que mide este cambio no radica en el cumplimiento de los 12 puntos sino en observar que ha habido un desplazamiento en los ejes de las demandas políticas lo cual refleja un cambio en la demanda por proyectos políticos por parte de la ciudadanía.

Se acabó la apatía y se ha abierto un periodo, tal vez breve, de reordenamiento de las fuerzas políticas en consonancia con las ideas políticas de cambio en curso. Esto ocurre por la necesidad de abordar las nuevas realidades nacionales e internacionales de forma más comprehensiva. En consecuencia, hay una oportunidad con el dialogo abierto, de profundizar en los temas de fondo para ir mas allá de la formula “¡a frenar la derecha!” como si fuera una obligación natural votar Frei. Tal vez, y sólo tal vez, lo que representan los 12 puntos, las renuncias a las presidencias de los partidos de la Concertación, la votación obtenida por Marco Enríquez, etc. es el paso en dirección a retomar los proyectos políticos y a rearticular los paradigmas. 

La reafiliación de Jorge Arrate al PS sería un paso decisivo en esta rearticulación por ser ésta, la fuerza política mas damnificada. La baja en su votación en números y porcentajes no es significativa y no se asemeja a la caída de la DC, pero el voto socialista es un voto de izquierda y evidentemente, no se siente representado con la orientación neoliberal que avala su Dirección. De allí que la presencia de Arrate en ella, sería un paso importante.

Para los desencantados de la Concertación que votaron por Marco, y para gran parte del JPM, el tema de la segunda vuelta no es votar entre Frei y Piñera sino entre Frei y el nulo. La diferencia entre los dos candidatos a favor de Piñera implica que cada voto que Frei no conquista, favorece a Piñera. El electorado comienza a entender el significado de esto y manifiesta el malestar que significa votar por Frei para impedir que gane Piñera, en vez de votar por Frei porque quiera hacerlo. Como dijimos, que la Concertación haga desesperados llamados de ese tipo, no resulta coherente y por eso, la perplejidad. Sin embargo, ese elector sabe también que Piñera representa un retroceso y se encuentra evaluando si es un costo que está dispuesto a pagar. Por eso votar por Frei en segunda vuelta no es un problema estrictamente político sino que político - moral, de credibilidad y de legitimidad para pedir el voto.

La encrucijada no es fácil, pero afortunadamente estamos ante un escenario que va más allá de una negociación. Estamos frente a un posible cambio de orden cualitativo que las fuerzas políticas democráticas pudieran aprovechar. Al parecer para muchos, en la segunda vuelta se tendrá que imponer esta fría racionalidad, la lógica de un paso atrás para luego avanzar dos hacia delante y tragarse el orgullo. Votar por Frei en segunda vuelta será para muchos, un acto racional y disciplinado cuya única satisfacción será impedir la victoria de Piñera pero también será, en caso de ganar Frei, un mandato.

Por Carlos Arrue. El autor es abogado. Miembro del Consejo Editorial de Crónica Digital.

Santiago de Chile, 4 de enero 2010
Crónica Digital 

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