Crónica Digital: EUROPA EN EL CENTRO DE LA CRISIS ECONOMICA EUROPA EN EL CENTRO DE LA CRISIS ECONOMICA ================================================================================ cademartori on 19 May, 2010 01:17:00 Pero, lo más importante, arrastraron en su caída las acciones de los principales bancos europeos. Quedó al descubierto que estos bancos habían comprometido sumas enormes en préstamos a esos países cuestionados. Un atraso en sus pagos u otros hechos negativos podrían llevarlos a una crisis de liquidez masiva, más insolvencia y bancarrotas, similares a las que afectaron a Lehman Brothers, Citibank, AIG y otros gigantes financieros de Wall Street. De allí a la interrupción de la frágil recuperación de las economías industriales o a volver a otra recesión, hay un corto trecho. En el comienzo de esta gran crisis global, parecía que el gran damnificado era EE.UU y que Europa, gracias a un sistema de mayores regulaciones financieras y un más sólido sistema de protección social, podría ser menos afectado. De estas diferencias relativas dio cuenta la relación entre el dólar y el euro. Aquél perdió valor en el mercado y consecuentemente el euro se revalorizó. En un cambio inesperado, a medida que se revelaban las serias falencias del sistema monetario del euro, la tendencia se invirtió y ahora el euro se desvaloriza mientras el dólar, por consecuencia natural se fortalece. Mientras en EE.UU con un gobierno único y una sintonía entre Ejecutivo y Legislativo finalmente avanza tímidamente una política anticrisis, al otro lado del Atlántico las divergencias nacionales entre los países grandes entre sí y entre éstos y los más pequeños ponen serios obstáculos a una política única. La aceptación de una moneda común trajo como consecuencia un empobrecimiento relativo de las economías más débiles. Y además les impidió utilizar una política monetaria soberana, ni aún en momentos de crisis, la cual es una amputación grave para una nación soberana. Los gobiernos entregaron al Banco Central Europeo (BCE) poderes supranacionales. Su Presidente ejerce inmensas facultades, pero en estrecha sumisión a los intereses de las oligarquías europeas más potentes. Son estos grupos los que, ante el temor de una extensión inmediata de la crisis griega han obligado al BCE a salir a comprar bonos gubernamentales en desvalorización, después de asegurar que esa no era su función. Pero además, las medidas extraordinarias acordadas el 8 y el 9 de Mayo por la Unión Europea y los miembros de la Zona del Euro, si bien pueden calmar transitoriamente al capital financiero, plantea nuevos y más complejos problemas. Los países que requieran en el futuro fondos de rescate, tendrían que aceptar exigencias de orden económico, social o político, sea a través del Fondo Monetario Internacional o de otros organismos-policía que se creen ad hoc. Tales exigencias representarían un supuesto avance positivo hacia la unidad europea, pero a costa del sometimiento a autoridades burocráticas ajenas que tendrían derecho a anular conquistas sociales obtenidas por sus ciudadanos. El proceso forzado y antidemocrático que viene caracterizando la construcción de la Unión Europea provoca descontento y resistencias en todos los países. Los procesos electorales tanto para el Parlamento Europeo como en los comicios nacionales demuestran un persistente aumento del abstencionismo ciudadano. A la vez crecen los grupos opositores nacionalistas de derecha, incluso neo nazis o racistas. Algunos piden salirse de la U. Europea, otros rechazan el ingreso a ella. En el otro extremo proliferan grupos anarquistas o extremistas de izquierda, opositores sin rumbo definido. Los partidos socialistas o socialdemócratas que llegaron a predominar por largo tiempo, van cayendo en una decadencia generalizada, en la misma medida que cada vez que vuelven al gobierno se entregan sumisamente a las políticas neoliberales impulsadas por el gran capital. No menor responsabilidad y resultados negativos tienen los partidos comunistas o post comunistas que en el este europeo y en el oeste se dejaron arrastrar a alianzas o a apoyar gobiernos social liberales, abdicando principios como la lucha contra las guerras “preventivas”, o el armamentismo, o la defensa de los derechos laborales. Igual crítica se extiende a líderes sindicales que conciliaron por nada con los gobiernos y las patronales y cayeron en el profundo error de creer que la competitividad europea puede mejorarse con la pérdida de las conquistas sociales de los trabajadores y no con la moderación de las ganancias del capital. En el fondo, la disputa que está en juego en todas partes es quiénes y cómo pagan los sacrificios de la crisis. Por un lado los banqueros y monopolios y por el otro, los trabajadores y ciudadanos comunes. Los gobiernos neoliberales de derecha o centro derecha fueron obligados a contraer enormes deudas, no tanto para realizar inversiones y gastos para sostener los niveles de demanda y frenar el desempleo, sino para rescatar a los bancos y financieras de la crisis causada por sus irracionales acciones especulativas. No sólo Grecia, España y Portugal, sino EE.UU, Japón, el Reino Unido, Francia tienen también deudas gigantescas y altos déficits presupuestarios. Las mismas que antes eran necesarias para salvar a los irresponsables, ahora son calificadas de derrochadoras. Por tanto hay que reducir los sueldos de los empleados públicos, rebajar las jubilaciones, el gasto social, subir el impuesto a los consumidores. La exigencia de las potencias europeas va contra los tres casi únicos países europeos que tienen todavía gobiernos socialistas. Estos han terminado por doblegarse. Aceptaron las exigencias de sus socios mayores y el humillante control que ejercerá el Fondo Monetario Internacional. Renunciaron a aplicar la alternativa democrática, como subir los tributos a los grandes capitales, reducir los gastos militares, gravar la especulación financiera, imponer una moratoria y renegociación de la deuda, crear nuevas fuentes de trabajo con inversiones productivas. No será fácil imponer una vez más el recetario neoliberal. Si se impusiera esta política, el resultado puede acentuar aún más la recesión. La masiva resistencia de los trabajadores y el pueblo griego ya es un hito para otros pueblos del continente. Antes islandeses y letones rechazaron medidas similares. En Francia y Alemania, el electorado castiga a sus gobiernos derechistas, la oposición de izquierda crece. En España, la izquierda y sus intelectuales se reaniman. Las centrales sindicales llaman a manifestarse contra el recorte a los beneficios sociales. Puede que los mandamases de Bruselas impongan sus dictados. Pero será a un alto costo. La inestabilidad política seguirá acentuándose. Por José Cademartori. El autor es economista. Ex Ministro de Economía del Presidente Salvador Allende. Miembro del Consejo Editorial de Crónica Digital. Santiago de Chile, 19 de mayo 2010 Crónica Digital