KRAMER, EN EL PAÍS DE LOS TONTOS GRAVES
La novela de Umberto Eco “En el nombre de la rosa” se hizo conocida mundialmente, por medio de la versión en cine elaborada por el director francés, Jean-Jacques Annaud, la historia ambientada en un monasterio en el año 1327, se basa en una serie de crímenes que se cometen con tal de proteger del conocimiento de la humanidad, un libro escrito por el filósofo Aristóteles, dedicado a la comedia.
“La risa es un viento diabólico que deforma las facciones y hace que los hombres parezcan monos” dice Jorge, el viejo sabio español, seguidor de la regla de San Benito, es decir, la risa no es otra cosa que un atentado al temor de Dios, al orden establecido.
Lo cierto es que salvo excepciones, la comedia y el poder han tenido poderosas desavenencias. En Chile, el humor político es parte de nuestra idiosincrasia, se conocía desde el periodo de la independencia, pasando por la consolidación del Estado: el uso de caricaturas, revistas, versos populares, comediantes, para reírse de los aparatos de poder y de personajes de la realidad nacional, son una muestra de los caminos recorridos por este género de la comedia.
Tomando en consideración el dato histórico, en la última elección presidencial, la mofa de los contrarios, volvió a ocupar un lugar vertebrado en los mensajes propagandísticos, como no se había visto en todo el tiempo de la transición.
De ahí entonces que resulte extraño, la molestia de algunos senadores de derecha por la parodia elaborada en un programa de televisión abierta, más todavía cuando el humorista que realiza la rutina genera un acierto mediático.
Pareciera que en un abrir y cerrar de ojos, nos amenazan con volverse serios o tontos graves, algún parlamentario dijo que se había violado una especie de acuerdo ¿Cuál? hay cuotas de humor repartidas entre la Alianza y la Concertación, incluso eso se pactó en el contubernio del poder, para eso sirve el cuoteo descarado de TVN que condena al silencio o la invisibilidad a un número importante de chilenos, para impedir que incluso hagamos risa de ellos.
Los sobrevivientes de La Concertación, a la hora de salir a defender el derecho a la libertad de expresarse, lo hacen con tanta seriedad que olvidan su pigmeo legado de opciones comunicacionales, porque son los responsables de fortalecer el duopolio existente, asignándoles dinero y todo tipo de facilidades para generar una especie de encerrona comunicacional “la mejor política comunicacional es no tener ninguna” Tironi dixit, el bloguero semanal del Mercurio -debe sentirse conforme- tiene su propio link, en el decano de la desinformación chilena, buen premio, semejante a una palmadita en el traste hecha por el propio Páter Familias.
Para nadie es ningún misterio, que los programas de humor fácil, picaresco, son los preferidos por los esclavos de la televisión abierta, no hay más remedio que volver a ver las mismas rutinas, con los mismos chistes, fortalecidos con rubias, morenas en pequeñas prendas de ropa y dispuestas a jugar hasta el límite de sus posibilidades.
Por otro lado, en todos los países del mundo (o en casi todos) existe un imitador que logra captar la atención de los televidentes y provocar momentos de entretención, sin que su actuación ocupe los principales titulares o la agenda de un gobierno; me parecen exageradas y fuera de toda lógica, las declaraciones de cada uno de los dirigentes políticos chilenos, al fin y al cabo es el humor que las clases dominantes han construido, es por lo que pagan marcas tanto nacionales como tras-nacionales; como diría un ávido seguidor de Adam Smith “es la mano invisible del mercado” que premia o castiga un programa con su audiencia.
A Kramer los integrantes del comité político de La Moneda, le deberían agradecer la emulación, invitándolo a la casa de gobierno donde el ministro de cultura Luciano Cruz Coke, debería premiarlo con una beca especial, sacada del Fondo del Libro y la Lectura, además de entregarle la medalla Pablo Neruda, por su inestimable valor, al lograr hacer reír a un pueblo golpeado como el nuestro.
Luego, el propio Presidente, en un gesto de amistad tendría que estimularlo a recorrer los patios y pasillos del edificio de gobierno, eso sí, en su papel de imitador y con el ánimo de lograr la risa que el señor Piñera, no saca ni regalando las “mediaguas toyotomi”.
Omar Cid/Editor de Cultura Crónica Digital



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