LA MINERIA EN CHILE ES EL ESPEJO DEL MORRO EN EL TRABAJO OBRERO, ES EL PIRQUINERO SIN CAMISA
Un país es capaz de crear un gran ser humano cuando lo nutre del saber, cuando cuida a sus hijos, cuando la vida manda y el conocimiento lo entrega el estudio, los seres creativos, las naciones que conocen la vida y la verdad acerca de sus hijos. Nada es noticia cuando se precisan deberes, cuando se recuerda la historia.
Todos los días la noticia es la misma: las patrullas de salvamento están a mil metros de distancia. Mañana estarán a 7OO metros…llegaron modernas maquinarias…Todo esto es la noticia diaria, pero ellos, 33 mineros esperan.
Se dispersa la noticia de algo falló, que todo se investigará y nuevos homenajes, visitas ilustres al lugar de la catástrofe que tiene al borde de la muerte a esos hombres de distintas edades, tal vez con cercanía de nacimiento en esa pampa inmensa que tiene el record en el tiempo que son los más duros para laborar, los más firmes para abrirle el vientre a la tierra para extraer de los cerros, de su barriga o guata, la riqueza protegida por una zona con mucha historia.
Se montaron el morro, batiendo las marcas de expertos espectadores de guerra que no se han repetido felizmente. Pero, antes que ellos, los mineros tienen un personaje propio que es la esencia misma del ser humano en su plenitud creativa, sin premios Nóbel ni nada que se parezca.
Ellos, los pirquineros, son esos hombres solitarios que en los caminos maquillados de cemento levantan un brazo para pedir algo. ¿Acaso pan, agua o un empujoncito? No, ellos caminan, bajan al camino para leer las noticias.
Muchas veces, cuando he viajado en un vehículo privado rumbo a un reportaje, ellos no saben o no entienden pedir algo, sino un gesto que agradecen como si su orfandad del desierto la quieren llenar con las noticias.
- ¿No tiene un diario, una revista? Quiero conocer las noticias. Las de ayer ya las tengo.
Y uno aprende que los grandes señores de la minería en Chile se aferran la cultura de cada día, esa que les permite sentirse parte de un país que aman, por el que dieron vidas y más vidas en guerras que no eran de ellos, sino de las oficinas de una empresa en la Calle Oxford de Londres. Toda la ganancia de su sangre sirvió para ganar una guerra y agrandar su país. ¿Para quienes, para ellos mismos?
No, pero pocos entienden la grandeza de los mineros. Con sus manos le dieron estabilidad a su país, seguridad para todos los que aquí nacimos y vivimos.
¿Pero quién dice algo del pirquinero aparte de mostrarlos en pantalla o recitarlo en un poema? ¿Quién sino los que fueron, que ya no están, los que hacen posible, sin que sea su herencia en palabras que hoy la tecnología mate más mineros que en la etapa del atraso tecnológico?
Deberíamos editar manuales que se distribuyan en ese tan precioso producto de nuestro norte, para que entiendan que la ganancia no es una hipoteca de muerte para un pirquinero de los de antes, que aún existen en la soledad de la familia que escarba y se rasca la cabeza para sacar cuentas de cuando comerán porque desconocen la fecha de retorno al hogar del viejo y sus chiquillos.
El pirquinero es el rey de las rocas de piedra, de las de oro también, pero no tiene cómo entrar en el gran negocio.
No es casualidad que en los villorrios hay oficinas que cautelan que cualquier descubrimiento de vetas no la inscriba el pirquinero... No, él no, porque no sabe. Y por eso instalan oficinas para olfatear el éxito de alguno de los viejos o de sus chiquillos que suelen guardar el secreto de cuanto metal encierra el misterio.
Creo, con el permiso de ustedes, que debemos asumir el deber de dedicar un día nuestro, cada año, para darle las gracias a los pirquineros del Morro, los de las rocas, las planicies rosadas que cambian de color según se mueve el sol.
Que nuestros gobiernos protejan al pirquinero que son héroes todos los días, con la familia esperando a los hijos y al viejo, que lleguen sanos y salvos tras 10 o 15 días de batir la Pampa y los cerros, como sifueran socios de un club de Golf.
Por favor, recordemos nuestra historia, no los dejemos expuestos a que se derrumbe un cerro. RECORDEMOS A los ocho cabros de la mina en Andacollo que la Radio Minería y sus auditores guiaron HACIA LAVIDA. Aprendamos del pasado, Chile no puede seguir siendo un cementerio para inocentes que rascan la pampa como ratones de otra civilización ya sobrepasada.
¡Cuidado con Aysén, sus ríos, sus árboles, sus peces, los animales fortachos de pasto y de agua! No cerremos los ojos a la codicia y digamos: El pirquinero es un símbolo del que dio su vida en la pampa y la sigue dando.
Por Mario Gómez López. El autor es periodista. Miembro del Consejo Editorial de Crónica Digital.
Santiago de Chile, 12 de agosto 2010
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