"GOBERNABILIDAD DEMOCRATICA"
Uno de los argumentos centrales que se esgrime para defender el ciclo de gobiernos de la Concertación, que comenzaron con la elección de Patricio Aylwin y terminaron con el de Michelle Bachelet, es que ellos habrían dado al país una necesaria "gobernabilidad democrática estable", tras el golpe de 1973 y la dictadura de Augusto Pinochet.
Una primera evidencia para refutar tal tesis, que por cierto tiene incidencia hacia el futuro, es que esa supuesta "gobernabilidad democrática" ha culminado con la elección de un Presidente y un gobierno de derecha que, en lo escencial, representa la herencia gruesa del pinochetismo y que busca, con mano cada vez más autoritaria, imponer una ola de privatizaciones para culminar "la obra" refundadora que inició Pinochet.
El tiempo dirá la profundidad que alcanza esta regresión derechista, pero es claro que se trata de un peligro real para Chile y para los pueblos de nuestro continente.
Por otra parte, es relevante señalar el camino o la ruta que adoptaron estos gobiernos que, se afirma, le habrían dado "gobernabilidad democrática estable" a Chile. Esa vía matriz fue y ha sido la llamada "política de los consensos" entre el bloque de derecha, hoy en el gobierno, y la Concertación y sus gobiernos. Tal política matriz fue y ha sido sostenida sobre el supuesto argumento de haber alejado de Chile un conflicto interno que, sin esa "política de los consensos", no habría tenido una salida democrática.
Pero, en rigor, lo que finalmente permitió esta "política de los consensos" fue la elección de un gobierno de derecha y una secuela de descontentos, desigualdades, grietas sociales y políticas y exclusiones cívicas y económicas de magnitudes muy grandes. Más aún, con todo, una cantidad no menor de chilenas y chilenos creyeron y todavía creen que un gobierno de derecha les podría resolver problemas sociales y económicos que los anteriores gobiernos no resolvieron mínimamente.
En síntesis, la vía de la "política de los consensos" no ha permitido tampoco un proceso de democratización ascendente, sino que el incremento de la fuerza económica, política y social derechista, con el riesgo manifiesto hacia el futuro, y una exclusión alarmante de la participación cívica de millones de personas.
Un dato no menor de esta "gobernabilidad democrática", es que ella se sostiene sobre el pilar de una economía de acumulación del gran capital transnacional financiero, herencia nítida del pinochetismo, pero que incluso ha sido perfeccionada por varios gobiernos concertacionistas a favor de esos clanes financieros, y se trata de perpetuar como la única y total vía para el crecimiento y estabilidad económica.
El camino económico que llevan adelante la mayoría de los países de América: Brasil, Argentina, Venezuela, Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua, El Salvador, Paraguay, Uruguay, muestran que existen otras vías económicas que se distancian de la impuesta en Chile, que permiten crecimiento económico con integración y, lo más relevante, logran reducir en corto tiempo histórico la brecha de desigualdes sociales que, en nuestro país, se ha acentuado severamente.
Ciertamente, estas vías fortalecen la soberanía nacional (con integración bilateral y multilateral ascendente) y levantan las iras del imperialismo norteamericano y los clanes trasnacionales. Pero son vías económicas que da mayor justicia, estabilidad, crecimiento y sustentabilidad a las economías nacionales.
Como hecho histórico, nadie podría negar que el desplazamiento de Pinochet del poder total fue un logro político histórico y relevante, pero ese avance no fue una conquista exclusiva y excluyente de la Concertación, menos de la derecha que se dispuso con rapidez a una negociación que desde todo punto de vista le favoreció mucho y le ha favorecido para reconquistar el gobierno nacional.
Ese desplazamiento gradual y parcial del andamiaje dictatorial fue producto de una lucha popular-nacional con fuerte respaldo internacional, y fue para terminar con la dictadura de Pinochet y no para una negociación que gradualmente impuso la "política de los consensos". Tampoco fue para aislar y excluir a un sector político-social representado en la izquierda y en los movimientos sociales, encabezados por los trabajadores, que fueron el pilar de la desestabilización de la dictadura de Pinochet.
De hecho, la Concertación simplemente abandonó casi totalmente su Progama de Gobierno por el cual votaron millones de chilenos para elegir a Aylwin, y sobre los consensos con la derecha avanzó con una agenda económico-social totalmente distinta a la primera.
Esos movimientos sociales y ese sector político que fueron excluídos y castigados han sido protagonistas de la mayoría de las transformaciones efectivamente democratizadoras en el ciclo de gobiernos de la Concertación, con luchas, protestas, negociaciones durísimas y que han tenido altos costos humanos para sus protagonistas. Esto no desmerece en nada impulsos y cambios que han realizado gobiernos de la Concertación, especialmente el de la Presidenta Bachelet, pero hay que mostrar el cuadro completo que refleja la historia, precisamente, para construir un futuro realmente democratizador de verdad.
En definitiva, para derrotar a la derecha, con todo el poder que ostenta, se requiere superar totalmente la "política de los consensos" e impulsar una agenda democratizadora en los planos político, económico, social y cívico. En definitiva, apuntar a un nuevo estado democrático con una nueva Constitución Política.
Por Juan Andrés Lagos. EL autor es periodista y académico. Miembro del Consejo Editorial de Crónica Digital.
Santiago de Chile, º7 de julio 2010
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