¿Y QUE NOS DEJARÁ ESTE MUNDIAL, ADEMÁS?
Algunos dirán, y no sin algo de razón, ‘por fin se terminó el mundial”, el ruido de los vuvuzelas, y los relatos apasionados, cercanos al histerismo y la pasión desbocada de algunos comentaristas, a este transito de la euforia a la depresión, y que nos inundó a raudales, para explicar los triunfos y las derrotas.
España ha sido un justo campeón, en un Mundial, que además, según expertos como Elías Figueroa, consagró el fútbol de los resultados, de la mediocridad del estilo, en que se privilegió un resultado mezquino en lugar del espectáculo.
También es cierto que España respondió también a las expectativas económicas, ya que era el equipo mas costoso del mundial, sumando una tasación de 856 millones de dólares, el mas caro de los 32 equipos que jugaron en Sudáfrica.
Chile, por otro lado, pareció ser un competidor honesto, con pundonor, , que avanzó lo más que se pudo, que generó ilusiones con su nuevo perfil de competidores que no se achican, impulsados por un espíritu de lucha que no se aminala ante los desafíos. Y que no se escuda tras explicaciones de dudosa reputación para explicar sus debilidades o sus derrotas.
Ahora viene para los seleccionados chilenos, al cuadrangular del Bicentenario en México, en septiembre próximo, la Copa América en 2011, en Argentina, y el Mundial de Brasil en 2014. para confirmar los pergaminos ganados, y ver si están a la altura de las esperanzas populares, de una hinchada que no destiñe, que es Roja,
Y para terminar con el mundial, en opinión de expertos como nuestro lías Figueroa, fue regularcito no más en cuanto al fútbol, como espectáculo deportivo propiamente tal.
“Sudáfrica 2010 fue una muestra más de lo que es hoy el fútbol de competencia, con predominio de la táctica por sobre la jugada que queda en el recuerdo. O sea reflejó el fútbol apretado y opaco de la actualidad”, anotó Figueroa.
Y el Mundial fue, como siempre, pero ahora de una manera superlativa, global, el gran negocio, donde ganaron los dirigentes de la FIFA, los canales de televisión, las grandes marcas comerciales de la industria del deporte o del retail, de las bebidas o de la electrónica, los hoteles como las agencias de viajes y líneas aéreas, a los que se colgaron medios informativos, tiendas de todo tipo, y claro también presidentes y políticos que buscaron los dividendos de la popularidad, recurriendo a la demagogia y al aprovechamiento mediático.
Termina la apoteósis de la danza de los millones y millones de dolares y de las ganancias de los que fueron realmente los máximos triunfadores objetivos del Mundial. Pero en fin se trata de la economía de mercado.
Pero el tema que se viene ahora sí que es importante. Y responde a la pregunta de ¿qué nos dejará este Mundial?
La interrogante es si aprovecharán los gobiernos, las sociedades, los países, sus elites, el estimulo que deja un torneo de esta envergadura, para estimular, desarrollar, invertir material y socialmente no en el negocio , sino en el deporte, pero el de masas, el que se juega, con sacrificio, sin autos de lujo ni concentración en grandes hoteles ni modelitos de la farándula, sino del que se vive en las poblaciones, las escuelas populares, los barrios.
No basta, en el caso de Chile, con el show de la recepción en La Moneda, con todos sus bemoles además, una medallita distribuída de una manera frícola y a cargo de una productora publicitaria, un nombre de un futbolista a una calle, otorgarles el titulo de Hijo Ilustre de su camuna natal.
Ellos se lo ganaron, es cierto, y también es cierto que subieron en su cotización , y además se llevarán un merecido y suculento premio por sus triunfos.
Eso está bien, pero a nivel de Estado es claramente insuficiente.
Al valor del entusiasmo mundialista, del orgullo por los triunfos, y sobre todo de la perspectiva histórica, hace falta una actitud mas responsable de la autoridad, del poder, del Estado, para promover el deporte, el entusiasmo por competir.
No se trata de que se le muestra a los jóvenes de Chile, como modelo a seguir, solo la perspectiva de ser un Marcelo Salas, o de un Iván Zamorano, un Mauricio Pinilla, un Mark González, pero solo en lo que significa sus ganancias, sus cotizaciones en dólares, en sus autos ostentosos, a todo dar.
El deporte, es mucho más que eso, y si Chile quiere realmente sobresalir, deberá disponer de una política, a nivel del Gobierno, de las comunas, de las escuelas, particularmente las más modestas, de los barrios, donde se ponga el acento en los valores que tiene el deporte: la sana competencia, el esfuerzo por ganar, tanto como el espíritu colectivo, solidario, una vida sana.
Se trata de unas políticas sociales que apunten también a garantizar una alimentación y una educación adecuada, una salud y condiciones de vida compatibles con el esfuerzo de representar sus colores, en las competencias.
Un país que mire al deporte no por las ganancias o los escándalos, sino que lo mire como un modo de vida, un aprendizaje y practica de lo colectivo como metas.
Hace falta, por ello, que al frente de los entes d3eportivos del Estado, estén. no los comerciantes, los que venden jugadores, los que compran jugadores, los que han implantado la economía de mercado en el deporte, sino que los que verdaderamente están por desarrollarlo en beneficio de la sociedad, en definitiva del país, y que sean capaces de generar los futbolistas, los atletas, los tenistas, los basquebolistas, los nadadores,, en fin los deportistas del mañana.
Esta concepción del deporte chileno es la que debería ser impulsada desde la base social, en el Parlamento y del Gobierno, desde el Estado y de la empresa.
Por Marcel Garcés. El autor es periodista. Miembro del Consejo Editorial de Crónica Digital.
Santiago de Chile, 14 de julio 2010
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