DON LUCHO SE HA IDO POR ESOS CAMINOS DEL PUEBLO
En lo que llamamos “cultura” comunista chilena, no son muchos los dirigentes que recibieron , de manera espontánea, en una mezcla de respeto, admiración, cariño y pertenencia, el título de Don.
Don Américo, Don Orlando, y por supuesto, Don Lucho.
No se trataba, ni se trata, porque están vivos en el recuerdo de muchos, de una veneración, o de distancia por una cierta posición de autoridad- que la tenían- sino de un reconocimiento a una calidad humana, a un prestigio ganado en la acción y el pensamiento, pero sobre todo, a esa gran calidad humana, una cierta calidad de patriarca popular, y una referencia a ese rol dirigente venerable, austero. Que expresaban en su vida y en sus actos.
Don Lucho, entre ellos, resaltaba además por esa actitud de maestro normalista, que siempre conservó, en las duras refriegas de la política, esa llaneza de campesino, con una cierta picardía campesina, capaz también de tomarse y saber elegir, un buen tino o un pipeño, de nutrirse del pensamiento y un buen asado, de admirar la belleza femenina tanto como del heroísmo y solidez maternal de nuestras mujeres. En primer lugar de la que la acompañó en su vida, en sus destierros y relegaciones, en sus prisiones , en sus victorias y sus derrotas, nuestra querida Lily.
Por que Corvalán, Don Lucho, vivió intensamente la historia de Chile de los últimos decenios. Dando las luchas políticas, sociales, culturales, cotidianas del pueblo, de los suyos, avizorando el porvenir, dibujando los proyectos de la justicia social, de los derechos humanos, en la vanguardia de los que marcan el camino, o cediendo su protagonismo a otros que no siempre tuvieron su generosidad humana, los valores éticos, y esa sabiduría de ver mas allá de la circunstancia y proyectarse hacia las grandes tareas y metas de la democracia.
Vivió difíciles momentos de éxitos en su vida política;, uno de los cuales fue el triunfo del gran proyecto de la unidad de las fuerzas del progreso social, en el Frente de Acción Popular y finalmente la Unidad Popular, en el triunfo de Salvador Allende en las elecciones presidenciales de 1970, en la construcción del instrumento político y democrático unitario, en la búsqueda de un camino propio, original para dar vida a un audaz proyecto socialista para Chile, un camino que buscaba la mayoría.
Vivió la angustia, la intranquilidad y la tensión del complejo escenario político generado por Nixon, Kissinguer y sus socios criollos política y social, que condujo al entrabamiento político, la división de los sectores democráticos de Chile, a la sedición y al Golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 y la tragedia de la dictadura de Augusto Pinochet, entre 1973 y 1990.
Sufrió como miles, la represión, la prisión, la tortura, en los campos de concentración, el destierro, la calumnia, pero sobre todo el sufrimiento de sus camaradas y del pueblo. Un hijo suyo, Luis Alberto, murió en el exilio, en Bulgaria a causa de las torturas sufridas bajo prisión, al negarse a delatar y subordinarse a los verdugos.
Pero Don Lucho, recio, sólido, encontró fuerzas en su corazón y en su pensamiento y no cejó en principios ni en acciones. Tras la prisión tomo nuevamente su lugar en el combate por la democracia y la libertad de Chile. Una lucha no exenta de dificultades y de peligros, de confrontaciones ideológicas, de diferencias políticas, de enontronazos, y de incomprensiones.
Lo vimos clandestino, con unas venerables barbas blancas, pero con el entusiasmo a flor de piel, lo vimos angustiado por no poder asumir a plenitud los deberes, dada las dificultades e incertidumbres derivadas de la amenaza represiva, la lucha ideológica y disensiones que cruzó en ese momento al Partido Comunista.
Fue una época histórica difícil, compleja, contradictoria, también para el Partido Comunista, que se definió finalmente, con un cambio en la dirección partidaria, y un alejamiento de Don Lucho, a tareas secundarias, aunque mantuvo su militancia, con la atención puesta en el curso de las cosas.
Finalmente, en el ocaso de su vida, pensando en la experiencia del Partido, del Pueblo y suya propia, decidió escribir sus memorias.
Y seguramente ellas serán una buena fuente de conocimiento e información sobre las épocas que le tocó vivir y en muchas de cuyas páginas es un imprescindible protagonista. Seguramente esas páginas, escritas con entusiasmo, puedan contribuir a saldar esa deuda con el pueblo, con los caídos, con la historia objetivo de una organización inserta en la historia de Chile: el Partido Comunista.
Una historia indispensable para entender todo el curso del siglo 20 y proyectar las demandas y sueños del pueblo hacia el siglo 21.
Don Lucho, nuestro Don Lucho, a quien hoy recordamos y mantenemos vivo, a pesar la objetividad de su fallecimiento, estaría contento con haber contribuido con su vida, su ejemplo y su mirada critica, irónica, pero siempre cálida y serena, al renacer de la esperanza.
Estaría de nuevo, con su poncho y su sombrero, su vino tinto y su cazuela, con sus convicciones de siempre, en la primera línea.
Don Lucho se ha ido por esos caminos del pueblo y de la historia.
Por Marcel Garces. El autor es periodista. Miembro del Consejo Editorial de Crónica Digital
Santiago de Chile, 22 de julio 2010
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Comentarios (1 Publicado):
Su lectura me ha inspirado para atreverme a evocar también algunos pasajes personales que tuve el honor de vivir en función de ocasionales contactos con el camarada Corvalán.
Lo conocÃ, en primer lugar, como el Secretario General del Comité Central del PC, compañero Luis Corvalán. De voz clara y metálica que imponÃa especial importancia y profundad a sus intervenciones y reflejaba el peso polÃtico de ser la voz de la dirección colectiva del partido.
Y asà como expresaba con aplomo y autoridad polÃtica la seriedad del pensamiento partidario, a la vez, sabÃa interponer dichos y giros idiomáticos tan oportunos que no rebajaban en lo más mÃnimo el alto nivel de análisis del tema que exponÃa.
En una oportunidad, con motivo de la nominación de presidenciables para el 70, los afanes del candidato DC por obtener el apoyo del PC, y la lÃnea del partido por construir la unidad popular como camino de victoria para conquistar un gobierno popular, el Secretario General, intervino en una reunión ampliada, refiriendóse a los soterrados intentos demócrata-cristianos, dijo que ahora ellos querÃan el apoyo comunista. Hizo una pausa de un segundo y, lleno de picardÃa, agregó:"Como nó, pus Lucho".
La risa de los concurrentes salió espontáneamente. Más adelante, tras otro intervalo para dejar más en claro las posiciones, agregó: "Con Tomic, ni a misa".
En otra ocasión y en forma totalmente accidental, tuve la honra de conocerlo personalmente y conversar con él por algunos minutos. Me encontraba en el foyer del teatro Antonio Varas durante el intermedio de la obra "La Pasión según San Jaime". HabÃa gran revuelo por el contenido de esa obra que habÃa sido criticada y calificada de blasfema, escandalosa,o inmoral. Estando en el foyer, me topo con otro compañero y amigo. El se encontraba junto a don Lucho y su esposa. Tras el saludo, mi amigo me presenta al matrimonio. Ambos estrecharon cordialmte mi mano y nos pusimos a conversar. Yo le pregunté que qué le parecÃa, hasta ese instante, la obra. Don Lucho, llano y sencillo, me dijo que a él no le parecÃa que fuera tan escandalosa como la calificaba la prensa y que parecÃa una buena presentación teatral. Fue un encuentro acogedor y amistoso que me hizo conocer la dimensión humana y camaraderil del gran dirigente comunista.
La última vez que lo vÃ, fue en un acto de proclamación de los candidatos comunistas para las elecciones municipales del 2008. Ya se trataba del venerable y respetable ex dirigente del partido, ex hombre público y querido compañero. Su figura ya anciana reflejaba su edad pero el metal de su voz y su digna mirada eran las mismas del querido camarada Secretario General, Don Lucho.
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