AMENAZA A LA DEMOCRACIA INSTRUCTIVO DE OPERACIÓN DE GUERRA SICOLÓGICA
No cabe dudas de que un gobierno, como una empresa pueden diseñar una estrategia de comunicación, de propaganda, alguna metodología que busque relevar sus éxitos, y hacer llegar su mensaje al ámbito que le es propio, incluso que busque convencer de sus méritos, ciertos o inventados.
Pero esto es una acción que puede sobrepasar los límites de una legítima acción de comunicación y derivar en una mera operación de guerra sicológica, que contempla una metodología especifica y objetivos dirigidos contra un “enemigo”, una estrategia y táctica destinada a frustrar, erosionar o simplemente eliminar una “amenaza enemiga”. O al “enemigo”.
Es decir se parte de la base de la existencia de un enemigo, en este caso cabe suponer, de la lógica de un “enemigo interno”, de una “guerra interna”. (Así fue por lo menos en la tenebrosa época del terror pinochetista, en que la guerra sicológica estaba combinada con la guerra real, caliente, y sus victimas.
El objetivo no es simplemente comunicar o buscar convencer, sino de liquidar a un adversario, a través de la descalificación, la caricaturización, u una estrategia de erosión deliberada y artera de sus liderazgos, que es lo que se ve desde hace años, por lo demás, respecto de figuras como la Presidenta Michelle Bachelet o de Ricardo Lagos, o de Eduardo Frei, entre otros.
En realidad en esto no hay ni sorpresa ni novedad.
Las “guerras sucias” en Chile han sido un arma alevosa de las Derechas, de los sediciones y de la dictadura de Augusto Pinochet, de modo que hay buenos maestros y según parecen, alumnos destacados.
El plan de propaganda diseñado por La Moneda para desarrollar la guerra sicológica en el país y conocido a través de una filtración, plantea dos vértices principales:
-una es la calificación de una parte de los chilenos como “adversario”- pero con un inevitable cariz de “enemigo”,
- y lo otro , pensar que basta con utilizar un determinado adjetivo o sustantivo, un eslogan, para darle un nuevo significado a los hechos y engañar a la opinión pública.
Es una peligrosa tentación totalitaria dividir a los chilenos entre buenos y malos, entre blancos y negros, entre “los nuestros y los otros”, entre amigos y enemigos.
Peligrosa tentación porque la mecánica de esta división lleva a un abismo, que Chile ya ha conocido. Y encierra siniestras connotaciones además de una pretensión mesiánico de parte de los que se autoerigen en “los buenos”, los capaces”, los “eficientes”,
La caricatura de los adversarios corresponde a una lógica de destrucción de imagen, también conocida en los tiempos de la dictadura, cuando un almirante calificaba a los chilenos opositores de “humanoides” para luego hacerlos desaparecer en el mar y al quitarles el carácter de humanos, eludir las culpas ( y claro, las responsabilidades jurídicas y éticas, correspondientes de su eliminación”.
A la altanería o esa actitud e “dueños del mundo” que se les nota demasiado a ciertos personeros y personeras del gobierno, se une entonces una estrategia y táctica de guerra sucia, de eliminación de los adversarios.
Por supuesto que no pensamos que se vaya a utilizar las ametralladoras o las torturas, la desaparición forzada, los lanzamientos de opositores al mar, pero hay muchas otras formas de destruir imagen a los políticos, acusaciones de corrupción que no necesitan ser comprobadas. Anatemas contra los que disienten y caza de brujas al interior del gobierno para quien filtro tal o cual documento incómodo-
Como si el problema no fuera el contenido de las cosas sino el que se haya filtrado la información, que se conozca esa verdad.
El problema es uniformar la información pública, ya suficientemente cercenada y secuestrada por los dos grandes monopolios de la prensa y el poder económico: el famoso “duopolio”.
Y un detalle no menos destacable: son estas políticas las que pueden explicar parte del desprestigio que le hacen al gobierno y el Presidente Sebastián Piñera, expresado en la baja en las encuestas del CER y de Adimark.
No digan que no se les ha advertido. Hay gente que le esta haciendo mal al gobierno, desde su interior y desde donde se busca “crear imagen”, y haría bien el presidente en “desvincularlos”, que es la palabra de moda, para explicar arbitrariedades, despidos o corte de cabezas.
Por Marcel Garces. El autor es periodista. Miembro del Consejo Editorial de Crónica Digital



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