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“¿TROPAS DE ESTADOS UNIDOS EN MÉXICO?” PARA LUCHA ANTIDROGAS.

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La pregunta no parece ser retórica, aunque sirva de titular un tanto sensacionalista, y provocador, conocido el rechazo y la repulsión que causaría al sentimiento profundo de los mexicanos y de los latinoamericanos, una nueva agresión de la metrópoli a lo que según parece, sigue considerando su “patio trasero”.

Quizás encierra una especie de profecía que busca ser autocumplida, o quizás es parte de una operación de “ablandamiento” propio de una guerra sicológica, destinado a justificar la llegada, presencia y actuación de tropas imperiales para poner orden en el tema de las drogas, el narco bussines, el crimen organizado.

O quizás se trata de una típica  afirmación con el “tejo pasado”, es decir no serían tropas propiamente tal sino que empleados de la DEA -Drug Enforcement Administration-  que da la casualidad que son tan militares como los otros, con armas, bases, y, estrategia y táctica militar y con licencia para matar.

O más simple aún, se buscaría, ya no la presencia de tropas, o una invasión y ocupación y/o intervención militar, sino de un ejercicio estilo Nixon-Kissinger, operaciones encubiertas con objetivos políticos de intromisión en la política interna de nuestros países.

El punto es que, bajo el título “¿Tropas de EE.UU en México?” un articulo del conocido Andrés Oppenheimer advierte – y aquí abrimos comillas- que “La escalada de la violencia en México está llevando a un pequeño pero cada vez mayor número de gente de los sectores más derechistas de Estados Unidos a proponer una solución radical: enviar al ejército estadounidense”.

Se trata de la opinión y deseos de un sector ultraconservador, para quienes la mano militar, sobre todo la propia, es la que “resuelve” todos los problemas en el mundo, y en particular la defensa del “modo de vida norteamericano”, amenazado según suponen por este desorden en los territorios el sur de su frontera.

Oppenheimer apunta que no se trata de su opinión, aunque coincide en la necesidad de que Estados Unidos debe hacer algo, frente al fenómeno de la violencia generada por el narcotráfico y la incapacidad gubernamental mexicana para controlar la situación.

Para él la respuesta de Estados Unidos es aumentar la “asistencia”: “más helicópteros, más asistencia en inteligencia y —sobre todo— más asistencia técnica y entrenamiento para crear academias de policía en México”.

Además aumentar las tropas en la frontera común, y “ayudar” a México -son palabras del periodista aludido- “a desmantelar sus actuales 2.200 cuerpos policiales, la mayoría de los cuales están corroídos por la corrupción, y reemplazarlos por un grupo mucho menor y más fiable de fuerzas policiales”.

¿Fiable a quién?, subordinados a qué estrategia y obedientes a qué mando? En fin, comprometidos con Estados Unidos, parece ser la respuesta, por lo menos la que dicta la experiencia de años de “asistencia”, de “colaboración”, de “entrenamiento” y “buena vecindad” d ejercicio de su influencia, de subordinación.

No es casual entonces la visita, en semanas pasadas a México, del Secretario de Estado adjunto para asuntos antinarcóticos de EE.UU., David Johnson, para evaluar el avance de la Iniciativa Mérida contra las drogas y el crimen organizado.

“El funcionario viaja a México para reiterar el respaldo político de Washington a la lucha antidrogas del presidente Felipe Calderón, en unos momentos en que la narcoviolencia se ha cobrado la vida de más de 28.000 personas en ese país desde diciembre de 2006”, establece una agencia internacional de noticias.

Además la visita se produce luego de que -otro hecho vinculado a la droga, 72 migrantes de América Central y del Sur, fueron masacrados por sicarios del narcotráfico, en el estado de  Tamaulipas, México.

Johnson examinó con sus anfitriones oficiales de Mésico, la intensicación de la llamada Iniciativa Mérida, una instancia de coordinación  político-policial y militar de Estados Unidos con México, que comprende de manera prioritaria la lucha contra el narcotráfico y que esta activado desde el 30 de junio de 200.

El plan  ha recibido fondos por 1.300 millones de dólares, hasta el año pasado, ha capacitado a  más de 4 mil efectivos mexicanos, y ha entregado elementos técnicos, vehículos, t helicópteros Bell 412, y Blackhawk UH-60, pero como se ha constatado en la guerra contra las drogas del gobierno mexicano, aún ha costa de miles de muertos, no ha detenido ni la producción ni el tráfico ni la violencia.

Para el año fiscal 2011, el presidente de EE.UU., Barack Obama, solicitó al Congreso un total de 410 millones de dólares para la Iniciativa Mérida, de los cuales 310 millones irán para México y el resto para Centroamérica.

Las instituciones norteamericanas que involucradas en el programa son- anotemos-se encuentran el Departamento de Estado y el Departamento de Justicia, el Consejo Nacional de Seguridad, el Pentágono, la Agencia Central de Inteligencia (CIA), la FBI, la agencia antidrogas DEA.

México, afirman los informes estadounidenses, es la ruta principal por la que transita cocaína y otras drogas destinadas al consumo en los Estados Unidos y el gobierno estadounidense calcula que los narcotraficantes de este país, lucran unos veintitrés mil millones de dólares al año.

El tema, sin duda tiene muchas otras aristas, pero lo esencial del problema es que Estados Unidos es el gran mercado, el gran poder comprador de la droga, de donde surge la gran demanda  que hace posible, y rentable el negocio de las drogas.

Estados Unidos constituye el mercado de drogas Ilegales más grande y dinámico del mundo. Esta demanda genera un gasto directo (precios al menudeo) de entre 80,000 a 130.000 millones de dólares anuales, cifra que representa el 3 por ciento de su PIB, a lo cual se añade un gasto indirecto -pérdida de productividad, gastos en salud pública e individual y en resguardo contra el crimen- de 46.900 millones de dólares al año. Se calcula que el 38 por ciento de los ingresos del crimen organizado de este país se originan en el comercio de narcóticos

En fin el tema del narcotráfico es uno de los graves problemas para la seguridad regional y nacional de América Latina como región y de sus países en particular, tanto como para su independencia y soberanía.

Y es claro que Estados Unidos lo utiliza para mantener y desarrollar su influencia en la región, a través de una red de compromisos policiales, de la extensión de las redes de la DEA (Drug Enforcement Administration), las bases militares como las anunciadas en Colombia, de doble destinación, claro y apuntando a Venezuela, pero mirando a cualquier otro díscolo en la región, por supuesto.

La combinación de la CIA y otras agencias de Rstados Unidos, en sus políticas de intervención militar y en el narcotráfico no es algo nuevo en la política exterior de Estados Unidos.

Solo para dar un ejemplo en América Latina está la figura del coronel  Oliver North, que a la cabeza de la Operación Irán-Contra , entre 1985 y 1986, bajo la administración del presidente Ronald Reagan,  financió a la “contra” nicaragüense con la venta de armas  a Irán- que estaba en guerra contra Irak- y el tráfico de drogas, en una operación encubierta de la CIA, es decir del gobierno de Estados Unidos.

Hoy, en las nuevas condiciones de América Latina, Estados Unidos utiliza el tema de la lucha contra el narcotráfico para ejercer influencia, tener presencia y presionar en las políticas de seguridad interna y policial de la región, sin dejar de lado el uso de las fuerzas armadas.

Es evidente como objetivo de la política exterior de la Casa Blanca, y es palpable en el tema de las lucha contra el narcotráfico, la subordinación de las soberanías nacionales a las estrategias, necesidades o políticas dictadas desde Washington. 

Y como en Afganistán, la presencia de las tropas norteamericanas promueve, incentiva, y desarrolla el comercio de la drogas.

De acuerdo a organizaciones internacionales independientes que estudian el mundo de la droga, desde que Estados Unidos ocupa Afganistán, el país asiático es el primer productor mundial de heroína.

Más del 90 por ciento de la droga que mata anualmente a 100 mil personas y que los sucesivos gobiernos estadunidenses dicen combatir, se genera en el país sometido desde 2001.

Por otro lado los objetivos político- militares de esta nueva forma de intervención de Estados Unidos en América Latina pueden verse por ejemplo en el protagonismo militar en el golpe antidemocrático de Honduras, en junio del 2009, destinada a deponer del poder a un Presidente constitucional incómodo e instalar personeros mas proclives.

Por otro lado la presencia militar y de los agentes de la DEA en Colombia, representan un explosivo factor en las tensiones  entre este país y Colombia, y la supuesta actividad De espionaje electrónico y satelital para combatir el narcotráfico “y el terrorismo”, puede ser de pronto el detonante o pretexto para un conflicto con Venezuela, y foco de tensiones  con Ecuador y Brasil.

Pero también puede ejercer un rol indeseable en Bolivia, Chile, Perú o Argentina y Brasil.

Para finalizar volvamos a la pregunta inicial: ¿Tropas de estados Unidos en  México?. Se podría repetir respecto de cualquier país, como Venezuela, país que, por ejemplo, ha sido apuntado por el dedo por el departamento de estado.

Según el Reporte Anual sobre Control y Estrategia Internacional anti-Narcóticos 2010 (Incrs por sus siglas en inglés) que presentó el 1 de marzo pasado el Departamento de Estado, Venezuela ( en este caso debe leerse su presidnete Hugo Chávez) está "fallando manifiestamente" en la lucha contra el narcotráfico.

Un ambiente "permisivo y corrupto" en Venezuela ha convertido a este país en "una de las rutas preferidas para el envío de drogas ilícitas" desde Sudamérica, un hecho que por su parte ha "incrementado el nivel de corrupción, crimen y violencia"  apuntó – en el sentido literal de la palabra, el departamento de Estado de estados Unidos.

El informe, advierte- o amenaza- "en vista de la negativa del gobierno venezolano a expandir la cooperación", el presidente estadounidense, Barack Obama, determinó el año pasado que el país sudamericano "fracasó manifiestamente" a la hora de adherirse a sus obligaciones bajo los acuerdos antinarcóticos internacionales.

La pregunta que surge objetivamente es “¿qué viene después?.

Por Marcel Garces.El autor es periodista. Miembro del Consejo Editorial de Crónica Digital.

Santiago de Chile, 9 de septiembre 2010
Crónica Digital

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