¿CAPTURADO POR LA IZQUIERDA?
Recordando los peores lustros de las llamadas campañas del terror que aplicaba la derecha en los añosos setenta, la Alianza por Chile nuevamente intenta instalar en la opinión pública que asumir reivindicaciones de justicia social y de igualdad económica es atentar en contra de la democracia.
“Capturado por la izquierda" fue la frase para el bronce con que el comando de Sebastián Piñera calificó al abanderado oficialista, Eduardo Frei, tras la difusión del programa de gobierno. De esta forma, la derecha busca desperfilar al actual senador falangista y, de paso, instalar en la opinión pública que cualquier reivindicación que “lesione” los intereses del gran capital y de la libertad del modelo económico neoliberal es un atentado a la democracia.En este sentido, las declaraciones del vocero y generalísimo del empresario, Rodrigo Hinzpeter es el fiel reflejo del temor de los otrora seguidores y defensores del general Augusto Pinochet y de la derecha más recalcitrante del país, quienes no están dispuestos a aceptar, ni siquiera por quienes han mantenido el actual modelo económico post dictadura, a que modifiquen una letra de una carta magna aprobada a punta de metralla.
Por eso no es extraño escuchar a Hinzpeter decir que las propuestas de Frei tienen las "prioridades equivocadas". Dicho argumento del abogado no es un error. En este sentido, si uno analiza el ADN del pensamiento de la derecha chilena, la opinión del generalísimo es absolutamente correcta ya que la Alianza lo que nunca se permitirá hacer es una nueva Constitución Política, pues la actual les asegura y protege legalmente sus verdaderos intereses de clase: la propiedad privada y la reproducción del capital sin límites. Solo un ejemplo: La Ley General de Educación, que más allá de la parafernalia parlamentaria la propiedad esta por sobre el derecho a una educación de calidad.
Por tanto, el solo hecho de escuchar al senador Eduardo Frei decir sobre la necesidad de hacer una nueva Constitución es digno de aplaudirse ya que dicha acción política abre la posibilidad a ir más allá de una simple reforma, como podría haber sido el tema del binominalismo. Hacer una nueva Constitución con miras al bicentenario de Chile es instalar en el debate ciudadano y político la forma de cómo queremos relacionarnos, el tipo de economía que nos regirá, la forma de democracia que el país necesita de cara a los 200 años de independencia. Sin duda, para la derecha chilena pensar en más y mejor democracia es “tener las prioridades equivocadas”.
En cuanto al planteamiento de que Piñera respecto de constituir un Ministerio Social y un millón de empleo durante su gobierno también resulta risible tal como fue el haber dicho que había gastado 20 millones de pesos en publicidad, sobretodo, cuando uno de sus principales operadores políticos, Andrés Allamand amenazara a los empleados públicos con que llegando el empresario a La Moneda muchos de los fiscales perderán sus fuentes laborales. Tampoco se dice que por el crecimiento natural de esta economía de mercado, Chile se crean alrededor de 200 mil nuevos empleos anuales. El problema radica que Sebastián Piñera no se pronuncia sobre qué tipo de empleo se van a crear, ¿serán los mismos que año a año se ofrecen a rangos del sueldo mínimo o serán sueldos éticos tal como los planteó la Conferencia Episcopal, del orden de los 250 mil pesos mensuales como base?.
Es por estas y otras razones que no da lo mismo quien llegue a La Moneda. La tarea de los demócratas es construir las bases necesarias que permitan hacer realidad la justicia social y la implementación de un modelo económico que tenga como fin del desarrollo del país y no de los grandes capitales. Chile cuenta con las bases estructurales necesarias para la construcción de este tipo de sociedad, más inclusiva, participativa y solidaria y, para ello no solo debe acabar con la exclusión política sino que terminen con los cimientos de esta economía basada en la inequidad y la desigualdad.
Por Roberto Portilla, el autor es periodista y Editor General de Crónica Digital.
Santiago de Chile, 9 de septiembre 2009
Crónica Digital
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