LOS DESAFÍOS DEMOCRÁTICOS QUE CHILE DEBERÁ ENFRENTAR DESDE ESTE LUNES
Esta elección presidencial es, quizás, la última que se realiza en el marco de la llamada transición democrática en Chile. Ello, porque las estructuras políticas y los porcentajes electorales ya no son los mismos luego de las elecciones del 13 de diciembre. A solo horas de la segunda vuelta presidencial la elección no solo será estrecha sino que obliga al oficialismo a no olvidar que el respaldo de la ciudadanía no significa un cheque en blanco.
Los apretados resultados electorales del domingo son el claro signo que la correlación de fuerzas en Chile cambio. Hoy la ciudadanía exige dignificar la política a través de mayor y mejor justicia social y, por ello está dispuesta a levantar su voto de protesta. Por tanto, el llamado apoyo del progresismo y la izquierda al presidenciable oficialista no significa un cheque en blanco a Eduardo Frei Ruiz – Tagle ya que, éste último, deberá cumplir cada una de sus promesas de campaña desde el primer día de mandato si logra llegar al sillón presidencial.
En tal sentido, al materializarse el apoyo (tibio, extemporáneo y a regaña dientes) de Marco Enríquez – Ominami a la candidatura de Eduardo Frei, se da por culminado el proceso de reordenamiento de las fuerzas políticas progresistas y democráticas en Chile tras la primera vuelta electoral del 13 de diciembre.
En cuanto al respaldo público del díscolo diputado Enríquez – Ominami a Eduardo Frei, a nuestro juicio, tiene más un efecto político que práctico dado que los apoyos electorales que estaban detrás de ME-O ya se habían alineado en las últimas semanas a favor del candidato Concertacionista. Sin embargo, su apoyo adquiere un cariz simbólico ya que permite entregar a la opinión pública una señal potente en el sentido que la opción presidencial de Eduardo Frei representa a todos los chilenos y chilenas que no están dispuestos a que gobierne la derecha en nuestro país.
En esta misma línea, lo que sí es preocupante son las seguidillas de declaraciones de personajes, grupos y partidos que conformaron su círculo político que al igual que “castillo de naipes” comienza a desmoronarse al grado que hoy ME-O se encuentra casi solo. Los liberales por Marco (afortunadamente los menos) ya se sumaron al comando de Piñera mientras que los críticos ex Concertacionista (MAS, ex socialistas, PRI, ex pepedés y la Red de Ciudadanos Independientes, regionalistas, etc.) hoy ya son parte de los equipos de campaña por Frei.
En cuanto al Partido Ecologista y Humanistas estos ya hace tiempo decidieron llamar a sus militantes a anular el voto. Su estrategia tratar de capitalizar esta votación que por cierto no les pertenece ni electoral ni políticamente. A lo menos la estadística y los porcentajes de representación así lo demuestran.
En este sentido, lo relevante del análisis es explicitar el nuevo escenario político que se genera con el cierre de este proceso de reordenamiento político: Eduardo Frei Ruíz – Tagle tiene la responsabilidad política de no solo representar a su coalición sino que de dar señales claras, a la ciudadanía de izquierda que respalda al Podemos más al ciudadano que voto por Marco (porcentaje que sumado representa el 40% de lo que le falta a abanderado concertacionista para vencer a la derecha en las elecciones presidenciales del domingo próximo) que la realidad política en Chile cambiará después del 17 de enero.
De salir vencedor Eduardo Frei, aunque sea por estrecho margen, deberá no solo cumplir con su palabra al momento de volver a La Moneda sino que tendrá la difícil tarea de encabezar y liderar un proceso político que permita avanzar en la consolidación democrática pos-transición. Serán, sin duda, los tres primeros meses de mandato los claves para saber si cumplió o no con su palabra.
No hay que olvidar que esta elección presidencial será la más estrecha en los últimos 20 años, sus resultados serán más apretados que la protagonizada entre Joaquín Lavín y Ricardo Lagos pero, en este proceso, el progresismo demostró representar un tercio de la población. Dato no menor, pues el llamado que se hace a la izquierda, es precisamente a capitalizar dicho porcentaje y así potenciar de manera real sus aspiraciones electorales futuras.
Pero, el éxito de esta acción política no se consigue con la actual forma de trabajo realizado por el Juntos Podemos o por los partidos progresistas de la Concertación que, en los hechos, ha significado el debilitamiento de representación y de compromiso político. Por ello, se presenta con urgencia la necesidad de volver a insertarse en la base social, mediante el fortalecimiento de las organizaciones sociales, poblacionales, sindicales, profesionales y estudiantiles y no, tal como hoy lo hacen desde su oficina o de un escritorio. Para muestra un botón: ¿Cuántos dirigentes sindicales salieron electo en la contienda de diciembre?. Ninguno y, ello demuestra, la errada forma de trabajo que realizan con sus propios sindicatos bases.
A solo horas de la elección presidencial, las cartas ya están echadas y será el domingo en la tarde la fecha que se conocerán sus resultados. Más allá de los resultados (gane o pierda Frei), la izquierda y el progresismo chileno deberán comenzar a pensar sobre el futuro y de cómo capitalizar esta votación, que sin quererlo, se les convirtió en la oportunidad después de 20 años de no ser considerados como actores políticos.
Esperemos que ahora los dirigentes hagan bien las cosas y se den cuenta que la ciudadanía, cuando quiere, es capaz de patear la mesa al momento de darse cuenta que la clase política los invita a la fiesta pero solo para que sirvan la comida. Aunque algunos piensen lo contrario la gente no tiene un pelo de tonta ni mucho menos está dispuesta a entregar un cheque en blanco a quien no le ha cumplido con lo que promete. ¿será esta la última oportunidad?.
Por Roberto Portilla A. El autor es periodista y Editor General de Crónica Digital.
Santiago de Chile, 15 de nero 2010
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