RIGOBERTA MENCHÚ, DE NIÑA DE CHIMEL A CANDIDATA PRESIDENCIAL

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Rigoberta nació el 9 de enero de 1959 en la aldea Laj Chimel, municipio de San Miguel Uspantán, en el noroccidental departamento de Quiché.

Su padre, Vicente Menchú Pérez, era un dirigente campesino, y su madre, Juana Tum K otoja , además de cultivar la tierra ejercía el oficio de comadrona.

Sus primeros años los vivió en su aldea, en una región tan bella como pobre del altiplano, y en memoria de este lugar Rigoberta tituló como “La Niña de Chimel” un libro de relatos, leyendas y nostalgias de la Guatemala indígena, escrito de conjunto con Dante Liano.

Otra parte de su infancia transcurrió en compañía de su familia en las migraciones temporales a las fincas de la costa sur, junto a miles de campesinos sin tierras o con infértiles micro parcelas.

Tras conocer allí los trabajos de la cosecha del café, el algodón, la caña de azúcar y otros productos de exportación, se trasladó hacia la capital del país donde fue empleada doméstica durante varios años.

El 31 de enero de 1980 su padre murió durante el ataque e incendio de las fuerzas de seguridad contra la embajada de España, la cual habían ocupado campesinos del Quiché para denunciar los excesos cometidos por el ejército.

Cuatro meses antes su hermano mayor, Patrocinio, había sido secuestrado por los militares y, después de torturarlo, fue asesinado. Similar destino corrió su madre el 19 de abril de 1980, sin que se conozca aún el lugar donde quedaron los restos de ambos.

Rigoberta, conocida en su familia y su comunidad como Limin, tuvo que salir al exilio a México en 1981, donde se encargó de denunciar el genocidio cometido en Guatemala y a promover el reconocimiento y respeto a los derechos de los pueblos indígenas.

Desde 1982 participó en las sesiones anuales de la Subcomisión de Prevención de las Discriminaciones y Protección a las Minorías de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU.

Más tarde, junto con otras personalidades, como Frank La Rue, Raúl Molina, Rolando Castillo Montalvo y Marta Gloria Torres se integró a la Representación Unitaria de la Oposición Guatemalteca.

Esta entidad alcanzó un estatus de observadora en la ONU, lo cual permitió dar a conocer a la comunidad internacional lo que realmente estaba ocurriendo en el país durante el conflicto armado interno.

En 1983 su extensa entrevista ofrecida a la antropóloga Elízabeth Burgos, titulada “Me llamo Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia”, obtuvo el Premio Casa de Las Américas y alcanzó una gran difusión internacional.

Rigoberta intentó volver a Guatemala en 1988, pero fue detenida en el Aeropuerto La Aurora, interrogada por la policía y posteriormente expulsada del país.

Su contribución a la preservación de la herencia cultural indígena y el respeto a sus derechos básicos a la vida, tierra, salud y educación la hicieron merecedora del Premio Nobel de la Paz en 1992, lo cual le dio una dimensión universal a su lucha.

Con los recursos financieros que recibió de este galardón estableció la Fundación Rigoberta Menchú Tum, con sede en Guatemala y oficinas en las ciudades de México y Nueva York.

La misión de esta organización es contribuir a la recuperación y enriquecimiento de los valores humanos para construir una ética global de paz, basada en la diversidad étnica, política y cultural.

Rigoberta se convirtió en un referente mundial en cuanto a la lucha por la defensa de los pueblos originarios en todo el planeta, aunque en particular de los latinoamericanos.

Después de la firma de los Acuerdos para la Paz Firme y Duradera en Guatemala, en diciembre de 1996, regresó a esta nación donde reside en la actualidad.

En 2004 aceptó el cargo honorífico de Embajadora de Buena Voluntad para los Acuerdos de Paz, ofrecido por el gobierno de Oscar Berger.

El 12 de febrero de este año lanzó el movimiento político Winaq para promover su candidatura a la presidencia, la cual se definió 10 días después en alianza con el partido Encuentro por Guatemala.

Su participación en la contienda electoral le imprime un nuevo carácter a este proceso, ya que por primera vez se abre la oportunidad de que los pueblos indígenas participen directamente en el ejercicio del poder, tras cinco siglos de exclusión y marginación.

Por Amílcar Morales. La autora es periodista de Prensa Latina

Santiago de Chile, 23 de Febrero 2007
Crónica Digital , 0, 43, 11

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