FRANCIA- LOS PALACIOS Y LAS ELECCIONES

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Será cuando termine el mandato una generación de políticos franceses, encabezada por Jacques Chirac, al frente del Palacio del Elíseo durante 12 años, y algún político sobre los 50 años asuma las riendas del país en el próximo lustro.

Además de toda su fama de historia, naturaleza y construcciones excepcionales, París es una ciudad de Palacios de reyes y aristócratas, pero dos de ellos son la codicia mayor de la clase política francesa: Matignon y el Elíseo.

Dos edificaciones del siglo XVIII con pasajes diferentes en sus capítulos de diseños y proyecciones, transformados decenas de veces por caprichos y nuevas ideas de sus diferentes inquilinos, hasta reposar más tranquilos en los últimos 50 años.

El Elíseo es recinto principal del Jefe de Estado de Francia y con los comicios del 22 de abril (primera vuelta) y 6 de mayo (segunda), cambiará de ocupante.

Debido a los poderes absolutos del presidente de la República, en Francia la disputa en pos de los sufragios cada cinco años se concentra mayormente en esta figura, que al asumir el mandato tiene la potestad de designar al primer ministro.

Nobles y plebeyos recorrieron alguna vez jardines y salones del Palacio del Elíseo de París, edificación del siglo XVIII decenas de veces transformada que es hoy el principal objeto del deseo de los políticos franceses.

En realidad es el símbolo de la codicia de los políticos desde que el 12 de diciembre de 1848, la Asamblea Nacional decretara que el “Elíseo Nacional” sería la residencia del Presidente de la República.

Matignon, la otra joya que brilla más en estos días, se engendró a partir de ideas de Luis XIV, pero tocó al Principe de Tingry de Luxemburgo impulsar la obra. En 1722, Jean Courtonne, un arquitecto aún poco conocido, fue elegido para elaborar los planos y construir un Hotel (Palacete).

Los altos costos de las obras obligaron al Príncipe de Tingry a su venta y fue entonces el Conde de Matignon quien adquirió el lugar, terminado en 1725, para obsequiarlo a su hijo, el Duque de Valentinois.

Será a todas luces el actual primer ministro, Dominique de Villepin, otro que abandonará su sede ejecutiva, el Palacio de Matignon. Aunque pertenece al mismo partido del candidato favorito, el conservador Nicolás Sarkozy, subsisten rencillas entre ambos.

En tierras de Moliére es difícil sustraerse al histrionismo, algo que practican hoy los 12 aspirantes a la presidencia de Francia en los próximos comicios.

Ninguno, a decir verdad, tendría éxito si se dedicara por completo a la actuación. Aunque parezca increíble, son demasiadas las frases hechas, las citas de poemas y epístolas de los clásicos, que llevados al mundo de los comicios, alteran los oídos.

Hasta ahora hay alrededor de un 40 por ciento de franceses que se resisten a palabras y promesas de los aspirantes al Elíseo y por tal motivo, el empeño de todos se acentúa en la misma medida en que transcurren los días.

La campaña proselitista arrancó de forma oficial el 9 de abril y termina el viernes 20 de abril. Es poco el tiempo y demasiados los incrédulos.

El consolidado favorito de los sondeos, Nicolás Sarkozy, de la Unión por un Movimiento Popular (UMP), reitera que si es necesario hablará con cada uno de los ciudadanos para convencerlos de que su plataforma ofrece un futuro al país.

Ségoléne Royal, la representante en los comicios por el Partido Socialista (PS), adelanta en sus mensajes más recientes preservar el sistema de seguridad social de atención médica, y rechazar los cambios que desea hacer Sarkozy.

Los socialistas minimizan la importancia de las encuestas. Sin embargo, desde hace varios meses, el jefe de la UMP está en alza y lejos de disminuir su ventaja, casi siempre la acrecienta.

No faltan las escaramuzas. Ataques personales, ofensas que no lo son tanto, heridas a la sensibilidad y un sentido del humor bastante negro y poco ético en la mayoría de los casos.

Una madeja en la cual, además de Sarkozy y Royal, se inserta el controversial jefe del Frente Nacional, el ultraderechista Jean Marie Le Pen, en su afanosa búsqueda de protagonismo y votos.

Más distante, el centrista Francois Bayrou, quizá muy alejado de la polémica, que es hacia donde apunta la prensa francesa.

Los restantes, hacen su esfuerzo, aunque sólo el más joven y destacado de todos, Olivier Besancenot (Liga Comunista Revolucionaria), con sus 33 años, consiguió un mejorado pero pálido tres por ciento de las preferencias electorales.

Un día sin noticias electorales en Francia es la quimera que dejaría sin trabajo a numerosos medios locales, aunque en verdad nada más aburrido que hablar cotidianamente de encuestas e intercambios de críticas entre los candidatos presidenciales.

En aguas turbulentas algo es definitivo: el líder de la UMP sabe manejarse muy bien.

Neutralizó las críticas por haber dicho que una persona podía nacer pedófila, defendió la represión en la Gare du Nord (Estación del Norte) de París contra “antisociales que no pagan los servicios públicos”.

Alejó el incómodo fantasma de Le Pen, quien opinó que “Sarkozy es un hombre con quien se puede dialogar y asume parte de mis ideas”, gracias a los excesos del veterano dirigente del FN.

Los pronósticos son muy favorables al hombre fuerte de la UMP. Pero como dijo a Prensa Latina un experto en publicidad y audiovisuales, “con los franceses nunca se sabe, a última hora cambian el voto”.

El autor es Corresponsal de Prensa Latina en Francia.

Paris, Francia, 16 de abril 2007
Crónica Digital , 0, 160, 2

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