LA SOLEDAD: AMENAZA SILENCIOSA

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La soledad no deseada es una de las mayores causas de tristeza e infelicidad; puede provocar alteraciones del sueño, trastornos cardíacos y es un importante factor en el desarrollo de una depresión, subrayan los científicos.

Un estudio divulgado recientemente, afirma que desde 1950 la soledad ha sido un tema de gran interés para los psicólogos: Hace 20 años se convirtió en un importante objeto de investigación empírica.

La conclusión de la mayoría de los expertos es que, en esencia, existen dos tipos de soledad: la emocional, esto es, la ausencia de una relación intensa con otra persona que nos produzca satisfacción y seguridad; y la social, que supone que un individuo carece de un grupo con el que compartir intereses y preocupaciones.

En cualquier caso, las condiciones externas pueden contribuir a que nos sintamos solos, por ejemplo, si nos trasladamos a otra ciudad, perdemos a un ser querido o nos distanciamos de nuestra pareja.

Las verdaderas razones suelen ser, sin embargo, mucho más profundas y hay condicionantes psicológicas que influyen de manera decisiva. Ciertos defectos físicos o de dicción o incluso de sobrepeso pueden llevar a una persona a encerrarse en sí misma, afirman especialistas.

Cuando desaparece de nuestra vida alguien que ocupaba un espacio importante nos invade una particular sensación de orfandad. Si esta persiste, puede constituir un obstáculo a la hora de establecer nuevos vínculos con otras personas.

Lo cierto es que para muchos el hecho de no tener a alguien a su lado les sume en un estado deprimente que puede derivar en una carencia general de relaciones; aunque algunos especialistas aducen que la soledad no tiene que ser forzosamente una maldición, al menos si la hemos elegido.

Entonces nos da la oportunidad de reflexionar, nos permite concentrarnos con intensidad en alguna tarea y puede ser una fuente de inspiración positiva.

Otros afirman que las personas crónicamente solas a menudo revelan muchos síntomas típicos de ese síndrome, como inactividad y pérdida de energía y de placer en actividades que para la mayoría resultan agradables: la soledad hace que muchos individuos se sientan aislados y diferentes.

La soledad es el resultado de una relación social deficiente, constituye una experiencia subjetiva -pues podemos estar solos y no sufrir por ello, o sentirnos solos cuando estamos acompañados- y resulta desagradable y angustiosa.

CIRCULO VICIOSO

Los expertos han incluido en un círculo vicioso cuatro aspectos del solitario:

– Creencias negativas hacia uno mismo; Los fracasos pasados hacen que las personas solitarias se vean negativamente y estén convencidas de que fracasarán de nuevo.

– Poca habilidad social: A causa de ese estado, el solitario se siente inseguro, le resulta muy difícil relacionarse y se comporta de forma artificial.

– Rechazo de los otros: La mala actitud del solitario ahuyenta a los que podrían haber sido amigos.

– Y por último la soledad: El solitario sólo obtiene cierta seguridad replegándose en él mismo. La soledad tiende a consolidarse con el tiempo, generando un estado de infelicidad y depresión que reinicia el proceso.

Parece claro que la soledad está vinculada a estados de tristeza, desamor y negatividad. Según un estudio realizado por el Centro de Investigaciones Sociológicas de Madrid, el colectivo de ancianos es el más afectado por la soledad en España. Es posible que esta misma situación sea extensiva a otros muchos países.

Otra investigación afirma que los hombres maduros no casados y sin descendencia son los más desfavorables. Expertos aseguran que en el fenómeno influye más tener pareja que tener hijos. La soledad parece acosar especialmente a las personas que carecen de pareja o a quienes aún teniéndola sienten su relación agotada.

En estos casos, el afectado tiende a ver la vida de los otros utópicamente felices, lo que hace que su sensación de angustia se acreciente y se vuelva con el tiempo más dolorosa. El contacto con los demás genera sentimientos de afecto y seguridad.

Por Roberto Correa Wilson

Santiago de Chile, 18 de julio 2007
Prensa Latina , 0, 118, 8

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