7 BELLEZAS Y UNA ESTUPIDEZ COLECTIVA

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Si los Premios Nóbel se otorgaran por voto popular, seguramente la autora de Harry Potter se llevaría el Nóbel de Literatura, y el Nóbel de Medicina se lo darían a Ivo Pitanguy.

La UNESCO lleva varias décadas otorgando el título de Patrimonio de la Humanidad a los sitios culturales e históricos más representativos de nuestro planeta. Cada propuesta presentada por los países, es analizada durante el tiempo necesario por comités científicos que finalmente deciden si la propuesta amerita o no ser incorporada al Patrimonio de la Humanidad. De ese modo, son varios centenares de lugares en nuestro pequeño pero diverso planeta, los que ostentan esa calificación. Se puede ver la lista completa aquí: http://tinyurl.com/ywah2s

El suizo que organizó la empresa comercial “Las 7 nuevas maravillas”, quiso involucrar a la UNESCO en ese desfile de modas, pero la organización especializada en la educación, la ciencia y la cultura se desmarcó claramente “frente al riesgo de que se produzca una confusión perjudicial”. “No existe –subrayó el comunicado de la UNESCO- ningún punto de comparación entre la iniciativa mediática del señor Weber y la labor científica y educativa que resulta de la inscripción de un sitio en la Lista del Patrimonio Mundial”.

Pero la operación mediática siguió su curso y fue incluso aprovechada demagógicamente por algunos gobiernos, como el de México y de Brasil, que hicieron llamados a la población para que votara masivamente a favor de sus monumentos. El propio Lula, cada vez más populista y fatuo, defendió el Cristo del Corcovado, a falta de otra cosa. Más cautos fueron los gobiernos del Asia, que no necesitan de ninguna votación para calificar las obras extraordinarias de sus culturas milenarias.

Las antiguas “7 maravillas del mundo”, según se sabe o se cree, fueron seleccionadas por Heródoto –el “padre de la historiografía” y gran geógrafo- que cargó las tintas sobre lo que para él era lo mejor del mundo de entonces. Incluyó en su lista el Faro de Alejandría, el Coloso de Rodas, los Jardines Colgantes de Babilonia, la Estatua de Zeus, el Templo de Artemisa, el Mausoleo de Halicarnaso (lugar de nacimiento de Heródoto, hoy Turquía) y las Pirámides de Giza, que son las únicas que se mantienen en pie todavía. En esa época, casi 500 años antes de Cristo, Heródoto no podía conocer todo lo que había en el resto del mundo.

Hoy, ya no hay excusa para desconocer la riqueza y la diversidad de nuestro planeta. Por eso es lamentable que esta aventura mediática haya servido para atrapar tanto bobo en varios continentes.

El frenesí tramposo con que brasileños y mexicanos votaron en las últimas semanas para clasificar, no hace sino echar más sombras sobre la votación y confirmar que se trata de una operación comercial, nada más. Si los mil millones de chinos o de indios se hubieran puesto a votar con el entusiasmo de los cariocas, el Cristo del Corcovado no hubiera quedado ni siquiera en el último lugar de la lista en el mediocre concurso de belleza. El monumento que caracteriza a Río de Janeiro no le llega ni a la pezuña a ninguno de los Budas de ese tamaño que hay en Asia.

Es un despropósito total y una muestra de la más supina ignorancia, poner en la misma lista a Petra o la Muralla China, y obras menores como el Coliseo de Roma, Chichen Itzá, Machu Pichu o el Taj Mahal. El chauvinismo y la ignorancia, ciegan y confunden a las mayorías.

Machu Pichu es un sitio muy lindo, con una vista panorámica formidable, pero en términos arqueológicos no es ni la sombra del Cuzco. La calidad de la construcción en Machu Pichu es pobre, además de que todos saben que después de que lo descubriera Hiram Bingham en 1911 su reconstrucción en los años 1940s se hizo sin el menor rigor científico. ¿Qué se está premiando, el valor arqueológico, la majestuosidad de una obra hecha por el hombre, o la imagen de una postal? Sin duda, esto último.

El problema con estas elecciones por voto “popular”, tan demagógicas como inútiles, es que el 99% de la gente que vota no conoce los sitios por los que vota, apenas los ha visto en la televisión o en fotografías. Vota por chauvinismo o vota por sentirse parte del mundo.

Para quien no ha estado en Angkor (Camboya) es muy difícil imaginar la majestuosidad de cerca de mil templos dispersos en 50 kilómetros cuadrados, entre los que sobresale el majestuoso Angkor Wat, construidos entre los años 900 y 1200 de nuestra era. La propia capital de Tailandia, Bangkok, tiene templos esplendorosos que opacan al mamotreto del Corcovado.

Petra, que es un sitio magnífico con dos mil años de antigüedad, parece haber entrado en la lista final porque los consumidores de cine de Hollywood vieron la fachada de El Tesoro en una película de Indiana Jones. Sin embargo, Petra es mucho más que eso. El Tesoro no es sino una de las varias obras monumentales que hay en ese sitio de Jordania, cuya historia está envuelta todavía en el misterio.

Como dice el mexicano Javier Aranda Luna: “Chichén Itzá ha sobrevivido a la erosión de la incuria. Ahora queremos rescatarla a golpe de flashes. ¿Lo haremos? ¿La protegeremos mejor como parte de un mall?”. Nadie niega el valor de Chichén Itzá, pero ¿cuales son los criterios que hacen de este sitio mejor que Palenque, Tikal o Copán? En el mundo maya hay una veintena de ciudades magníficas que tienen tantos o más atributos que Chichén Itzá. Yo hubiera escogido Tikal (Guatemala), Palenque (México) o Copán (Honduras), que a mi juicio encierran mayor riqueza arquitectónica y escultórica.

Más de 300 especialistas de la cultura maya, reunidos en Yucatán hace pocos días minimizaron la designación de Chichén Itzá, pues “ya era una maravilla” sin necesidad de la campaña comercial. Más bien expresaron su preocupación ante la posible avalancha de turistas depredadores.

Incluir en la lista el Taj Mahal es ignorar las cuevas de Ajanta o de Ellora, los sitios de Hampi, Pattadakal, Mamallapuram, Khajuraho y tantos otros lugares sublimes de la India. Esa elección es realmente de postal, un contrasentido total. Nuevamente, sólo revela ignorancia, tanto del suizo que hizo la pre-selección desde su casa, como de los votantes que creyeron que navegando por Internet podían tomar la decisión correcta. El Taj Mahal, en comparación a las ciudades monumentales mencionadas, es relativamente nuevo, pues tiene apenas 400 años de antigüedad. Es una obra de la cultura musulmana en un país mayoritariamente hindú (80% de la población), y al tratarse de un gigantesco monumento funerario, es sobrio y carece de los valores artísticos que uno encuentra en otros sitios de la India, que son Patrimonio de la Humanidad (UNESCO).

La Muralla China sin duda merece estar en muchas listas, aún las más cortas, pero ¿y los ocho mil soldados terracota descubiertos en 1974, cuya antigüedad data de 250 años antes de Cristo? Seguramente no los tomaron en cuenta porque su descubrimiento es de fecha relativamente reciente y las noticias no le llegaron todavía al aventurero suizo.

En fin, por donde se mire, un fiasco cultural convertido en un éxito comercial. Este mundo es hermoso, y no necesita de estos concursos de belleza con implantes de silicona.

Por Visiones Alternativas

Santiago de Chile, 19 de julio 2007
Crónica Digital , 0, 65, 9

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