NAVARRO FOR PRESIDENT

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En el artículo el señor Correa cuestiona la disciplina del parlamentario, señala que éste “no se diferencia en nada de una estrella de pop meloso para teenagers”, que esa es ”la forma de entender la política a la que nos invita Navarro”, situación que, bajo otras circunstancias, permitirían que “ya estuviera gobernando la derecha”.

No fue tanto el agresivo tono el que me llamó la atención, sino más bien las absurdas e incoherentes metáforas y comparaciones empleadas por Correa las que me sorprendieron y las que observo como síntomas de estrategias políticas que se emplearán contra quienes actúen en la línea de Navarro al interior de la Concertación.

En primer lugar, Correa confunde disciplina con convicción. La disciplina, por sí sola no reviste las características éticas que Correa postula. Los militares también son altamente disciplinados y con esa disciplina violaron mujeres, tiraron compatriotas al mar, usaron los gastos reservados del Estado y crearon una Constitución. Es la convicción la que hace la diferencia y a menudo, mantener la convicción, por ejemplo, con los postulados originales del socialismos chileno (antiimperialista, latinoamericanista, anticapitalista, ¿se acuerdan?) requiere mas que disciplina, valentía y claridad teórica.

Igualmente sorprendente resulta cuando Correa aboga por los derechos y deberes de los electores y de los ciudadanos. Olvida que una de las características esenciales de los gobiernos de la Concertación ha sido justamente despolitizar el mundo social, relegarlo al dominio de lo privado, profesionalizar la política y generar las condiciones para que también en Chile se produjera en pocos años lo que se denomina la “retirada mutua”: los ciudadanos a sus casas, los políticos a administrar el poder; rasgo distintivo de las democracias occidentales puestas al servicio del neoliberalismo.

Justamente en esa línea Navarro ha marcado una diferencia, él fue elegido senador gracias al apoyo popular (los 210 mil electores que Correa minimiza en su columna) en contra de las preferencias y maquinaciones oficialistas del PS y del Concertación que preferían a José Antonio Viera Gallo.

Frente al temor de Correa de que con actitudes como las de Navarro en un régimen semi-presidencial, “ya estaría gobernando la derecha”, lamento decirle que el Chile ya está gobernando la derecha.

Y este es un juicio sociológico que apunta a la naturaleza y ejecución de las políticas públicas en nuestro país: el capitalismo chileno en su fase neoliberal ha sido y está siendo administrado por la Concertación, y si no me cree, recomiendo recordar los tratados de libre comercio; la estructura tributaria regresiva, la desigualdad distributiva, el informe PNUD 2005 que nos ubica entre las naciones con peor distribución en el mundo, ver lo que dice el Informe GINI, las políticas medioambientales, la privatización de la actividad minera, la privatización de nuestra espacio marítimo, etc. Esto ha hecho de la Concertación una alianza que con el paso del tiempo se ha insertado estructuralmente en la tristemente célebre “centro-izquierda latinoamericana”, una vertiente, en realidad, un poco más diluida del neoliberalismo, siempre bien calificada por la prensa internacional y por el Gobierno estadounidense.

Pero lo sigo como un juicio de orden cultural, es común ver cómo miembros de la Concertación, entre ellos Correa, reaccionan haciendo llamados a la disciplina, al pragmatismo, al orden cuando los discursos de otros asumen contenidos en cuya génesis final está el cuestionamiento del sistema capitalista neoliberal. Entonces se asume otro rasgo distintivo de las democracias neoliberales: atacar todo aquello que huela a utopía.

Por lo mismo, no cuaja la comparación que hace Correa al calificar al senador Alejandro Navarro de pop star, podríamos decir que, además de fome y poco ingeniosa, constituye un dato falso: el pop star implica la letra sin contenido, el aplauso fácil, la canción ligera que es reemplazada por otra canción ligera, y, dado el caso, lo políticamente correcto.

Navarro, en cambio, poco tiene de eso, más bien nos recuerda un postulado de la dialéctica: el conflicto social es omnipresente. Pero para qué vamos hablar de dialéctica, mejor escuchemos disciplinadamente música pop.

Por Pedro Santander Molina
Periodista y Dr. en Lingüística.
Director Postgrado en Comunicación.
Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.

Santiago de Chile, 2 de agosto 2007
Crónica Digital , 0, 82, 3

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