VIVIR LA MENOPAUSIA

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Vaginitis, dispareunia (dolor al contacto sexual), trastornos de memoria, cambios de humor, envejecimiento acelerado de la piel, aumento de peso, se presentan también en este período en mayor o menor medida, además del riesgo de padecer algunas patologías, como osteoporosis y enfermedades cardiovasculares.

Se estima que el 85 por ciento de las féminas sufre en esta etapa algún tipo de deterioro en su calidad de vida, incluida su sexualidad, como consecuencia de la falta de estrógenos, aspecto que cada vez adquiere mayor relevancia.

Sin embargo, la menopausia no es una enfermedad, sino un ciclo en la existencia de la mujer en la que se producen cambios biológicos cuyos impactos pueden reducirse mediante intervenciones terapéuticas.

Ejercicio físico, desarrollar buenos hábitos alimenticios y abandonar el tabaco son los consejos básicos de los especialistas a quienes se encuentran en el climaterio o cerca de padecerlo.

Durante años, muchas féminas encontraron alivio para sus molestias en la terapia hormonal sustitutiva (TSH), una combinación de estrógenos y progesterona con la cual se estabilizan los niveles de estas moléculas que disminuyen sensiblemente tras el cese de la ovulación.

Pero a raíz de un estudio publicado en 2002, denominado Women s Health Initiative (WHI), según el cual este tratamiento aumenta el riesgo de cáncer de mama y afecciones cardiacas, los expertos no terminan de ponerse de acuerdo en si se debe o no utilizar.

En consecuencia, las mujeres afectadas se enfrentan a disímiles trastornos, sin tener una idea clara de los verdaderos riesgos que comportan, aunque la culminación de recientes investigaciones señalan que la terapia hormonal sigue siendo la mejor opción para controlar los síntomas vasomotores, en especial los sofocos, ofreciendo nuevas expectativas.

La ratificación de esta postura recién aparece ahora en la revista Journal of the American Medical Academy (JAMA). Un nuevo análisis de los datos del WHI destapó el error, al determinar que si las hormonas se administran en los primeros años posteriores a la llegada de la menopausia, el riesgo cardiovascular no aumenta.

Es más, entre las usuarias de 50 a 59 años, la mortalidad global descendió incluso en un 30 por ciento.

En cuanto a otras variables analizadas en el trabajo, como el cáncer de mama, colorrectal o la osteoporosis, no hay nada diferente, puesto que esos datos no se examinaron en esta ocasión.

Uno de los “padres” del estudio WHI, Jacques Rossouw, miembro de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, declaró al diario The Wall Street Journal que los resultados “representan la mejor información sobre la importante cuestión de si existen o no colectivos para los cuales la terapia hormonal es una elección razonable”.

El denominador común es recetar la TSH a las mujeres, cuyos síntomas afectan su calidad de vida. Las dosis empleadas deberán ser lo más pequeñas posibles y el periodo de tratamiento de seis meses a un año, con un máximo de cuatro años, siempre y cuando se evalúen previamente los riesgos y beneficios en cada caso.

No obstante, existen alternativas disponibles como la fitoterapia, capaces de aliviar algunos síntomas, en especial los bochornos, con discretos resultados.

Otras opciones más sólidas son algunos fármacos, que con indicaciones diferentes resultan útiles para este fin. Tal es el caso de algunos antiepilépticos, antidepresivos y antihipertensivos que actúan sobre el centro de termorregulación del cerebro o el sistema nervioso simpático.

Por Vivian Collazo Montano*La autora, Doctora en Medicina, es periodista de la Redacción de Ciencia y Técnica de Prensa Latina.

La Habana, 7 de agosto 2007
Prensa Latina , 0, 116, 8

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