MONSEÑOR GOIC Y EL DEDO EN LA LLAGA

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Una Iglesia que se instala sólo para estar bien, para tener mucho dinero, mucha comodidad pero que olvida el reclamo de las injusticias, no sería la verdadera Iglesia de nuestro divino redentor”.

Alguien podrá pensar que recordar estas palabras esta fuera del contexto histórico en que vivimos, que la nostalgia permite retrotraernos a otros tiempos para enfrentar la cruenta realidad que debemos soportar a diario. Sin embargo, aquellas acertadas y proféticas palabras describían una realidad que está más cerca de lo que imaginamos. La realidad que hoy vive América Latina, en lo social, político, económico y cultural en poco o nada ha cambiado para la mayoría de los habitantes de nuestros pueblos y de los pobres en especial. Al contrario, a medida que pasa el tiempo los problemas aumentan y las soluciones se diluyen en la eterna burocracia estatal.

Sin embargo, grato y esperanzador resulta que el presidente de la Conferencia Episcopal de Chile, monseñor Alejandro Goic, ponga el dedo en la llaga. Ha puesto en el debate de la política nacional las diferencias y las injusticias que no sólo existen en nuestra actual sociedad, sino que además se agudizan cada día, por la indolencia del régimen de la Concertación que prefiere conversar y negociar mejores condiciones con la derecha política y empresarial que con los pobres y trabajadores que, en definitiva, han sido quienes les confiaron el mandato constitucional y les sostienen en las urnas.

Las palabras de monseñor Goic fueron expresadas luego de intervenir como mediador en un conflicto laboral que, sin dudas, ha marcado al movimiento social del país, por las insospechadas consecuencias que producirá en el modelo, al confirmar que sólo con movilización social se consiguen las reivindicaciones que el orden establecido niega, siguiendo así el camino abierto por los estudiantes secundarios, los allegados y sin casa, los trabajadores forestales.

La resolución del conflicto fue duramente cuestionada por la derecha económica. El presidente de la CMPC, Eliodoro Matte, dijo que “hemos sido testigos de una decidida acción de agitación laboral tendiente a promover por la vía de los hechos cambios en la legislación”. El secretario general de la Sociedad de Fomento Fabril (Sofofa), Andrés Concha, agregó en una columna de “El Mercurio” que “al sentarse Codelco en una mesa de negociación con los trabajadores contratistas, validó una instancia de negociación -ocasionalmente experimentada en el pasado por otras empresas- que no están contempladas en el marco legal chileno”. El presidente de Asimet, Arturo Lyon, afirmó que “la forma en que se solucionó el conflicto laboral en Codelco es una amenaza al emprendimiento empresarial” y calificó como “muy preocupante y complejo”, tanto esa negociación como la desarrollada en mayo en la Forestal Bosques Arauco, del grupo Angelini. El presidente de la CPC, Alfredo Ovalle, dijo que Codelco no debió negociar.

El pastor ha señalado que “hemos crecido y estamos creciendo y ojalá sigamos creciendo, al cinco, seis o siete por ciento. En un país donde el 90 por ciento son creyentes en Cristo, donde hemos resuelto juntos el paso de un régimen de facto a uno democrático, ¿no será el momento ya de abrir un gran debate nacional para ver cómo distribuimos la riqueza? Yo me pregunto: ¿Es posible vivir con un sueldo mínimo de 140 mil pesos? Con profundo respeto, invito a debatir esta deuda pendiente que tenemos con los más pobres de Chile”.

Como podemos ver de sus palabras se desprende que tanto la situación económica del país no sólo ha cambiado en las cifras macroeconómicas sino que al parecer avanza. Las propias cifras de los empresarios respaldan sus dichos. La Sociedad de Fomento Fabril (Sofofa) ha informado que la producción física industrial registró un incremento de 6,3% en el mes de junio, mientras que las ventas físicas totales anotaron un alza de 6,5%, con respecto a igual mes de 2006. Mal puede pensarse que el Obispo desconoce elementos de economía, como muchos han pretendido para restar legitimidad a su postura en defensa de los pobres y los trabajadores.

Son las voces de siempre, como la senadora Evelyn Matthei, que no sólo sostuvieron y usufructuaron de la dictadura militar en el pasado sino que hoy lo siguen haciendo, en convivencia con la Concertación. La congresista de la UDI señaló que “monseñor Goic creo que tiene muchas cosas que explicarle al país, porque no tiene idea de economía y se está metiendo en cosas muy difíciles”. Sus palabras nos recordaron los ataques que la Iglesia recibía en los tiempos de la tiranía, la misma de la que su padre formó parte y que ella misma defendió a cualquier costo.

La defensa corporativa de la derecha política y económica desprende hacer creer que todo lo legal es justo, y que las leyes las hacen algunos escogidos e iluminados, que no requieren de cuestionamiento alguno y pobre del que se atreva a ir en contra de lo establecido, porque a ellos hay que aplicarles todas las penas del cielo y de la tierra.

Sin embargo, la realidad histórica muestra que es precisamente el conflicto social el que produce más y mejores leyes, que a medida que éste se hace visible y se expresa es posible buscar una solución. La legítima lucha de la clase trabajadora no es una amenaza al emprendimiento, la única amenaza es precisamente creer y hacer creer que los trabajadores son desechables o que solo los poderosos tienen el poder de decidir cuando y como hacer los cambios que se necesitan.

Monseñor Goic llama a avanzar hacia un país más justo igualitario y solidario. Es de esperar que ese pronunciamiento no sea sólo el “efecto golondrina”.

Por Jaime Gallardo. Miembro Dirección Nacional Izquierda Cristiana de Chile

Santiago de Chile, 23 de agosto 2007
Crónica Digital , 0, 89, 3

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