LOS NUEVOS CATONES

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Implacables censores, senadores y Tribunos de la Plebe, los catones persiguieron con saña a los demagogos como los hermanos Tiberio y Cayo Graco, los aristócratas admiradores de Grecia como Scipion Emiliano, o aspirantes a dictadores como, Cayo Mario, Sergio Catilina, Gneo Pompeyo Magno, Marco Craso, o el mismísimo Cayo Julio Cesar.

Su circulo estaba formado por una serie de familias aristocráticas de origen patricio y plebeyo, que controlaban el Senado romano, y siendo conservadores se hacían llamar “Los Boni”, destacándose las gens de los Metelo, de los Ahenobarbos, de los Scauros. Marco Tulio Cicerón fue uno de ellos.

Estos catones se auto asignaban un rol censor de las costumbres, colocándose en un pedestal moral por sobre las demás clases sociales romanas. Despreciaban al pueblo y consideraban demagogos a quienes promovían los intereses de los proletarii, el partido de los populares.

Si bien los movía un legitimo interés en preservar las tradiciones romanas, en la práctica, perseguían mantener sus privilegios senatoriales y su primacía en la dirección de la cosa pública o res publicae.

Fracasaron. No se dieron cuenta de la ebullición social que latía en la sociedad romana de la época. Durante casi dos siglos y luego del fin de las guerras púnicas, Roma vivió la incertidumbre de las guerras civiles.

Estos personajes no fueron capaces de enfrentar el ocaso de la república romana y fueron reemplazados por el principado de Octavio Augusto y en definitiva por el imperio romano.

Hoy emergen en medio de la crisis política que vive Chile los nuevos catones, en donde se mezclan articulistas mercuriales, intolerantes televisivos, ex ministros probos, y toda clase de destacados personajes, todos integrantes de las elites dirigentes de nuestra sociedad, poniendo el acento en la denuncias contra la corrupción de la política y la falta de probidad en la administración del Estado.

Pero dejan de lado el verdadero escenario social en que vive Chile: la creciente desigualdad económica y la apropiación de unos pocos de la riqueza nacional.

Las clases medias sé precarizan en su bienestar, y las políticas sociales tienden a contener el efecto excluyente que provoca el modelo de mercado vigente y sus externalidades negativas, como los trabajos precarios, la educación privada de mala calidad a todo nivel, la desvalorización de los títulos universitarios, las extravagantes utilidades de las Isapres, la pobre cobertura del sistema de pensiones, el drama de la deuda habitacional, la creciente desaparición del comercio minorista en manos de cadenas de farmacias y supermercados, y la pérdida de relevancia de las pymes y las mypes en la economía nacional.

Por supuesto que los nuevos catones no ven estos temas como relevantes, pues para ellos todo anda bien.

Tampoco les escandaliza que un grupo de poderosos empresarios tome periódicamente test de blancura económica a los presidentes de Chile, que la posibilidad de acceder al parlamento requiera de ingentes sumas de dinero de origen desconocido, o que dos cadenas periodísticas tengan ahogada la prensa en Chile.

Estos catones han puesto sus esfuerzos en denunciar la corrupción política, representada por operadores y por políticos populistas que no están a la altura de la modernidad que hoy disfruta el país.

Dicen que esto afecta la “imagen país”, que estamos bajando en los indicadores internacionales de trasparencia y eficiencia, que nos alejamos de las exitosas experiencias de Finlandia, Dinamarca, Noruega, Irlanda, Nueva Zelanda, las que deberíamos imitar, y que en definitiva, la corrupción y la mala calidad de la política, obscurecen el camino de éxito en que Chile se encuentra transitando.

Mi opinión es que los nuevos catones tendrán “éxito”. Lograrán erradicar el mal de la corrupción, fundamentalmente a través de una disminución del rol del Estado y la privatización de las políticas públicas.

El desprestigio de la política favorece el accionar de los nuevos catones. Peor aún es el silencio cómplice de muchos frente al la inequidad económica y social que se instala en Chile.

¿Y cual será el efecto del éxito de los nuevos catones?

Se logrará estabilizar la crisis de gobernabilidad que nos aflige, pero la verdadera crisis, resurgirá sin que existan partidos fuertes capaces de dar conducción.

Por David Herrera Barrientos. Abogado
Secretario Ejecutivo Instituto Jorge Ahumada
, 0, 63, 3

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