¿RETIRO DE TROPAS EN IRAK?

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Un problema tan actual tiene un origen de muerte y terror tan antiguo, siendo preciso diferenciar una lucha interna, del aprovechamiento de circunstancias que derivan en la invasión de una potencia extranjera al mundo mesopotámico.

A los intereses de EE UU obedece el drama que vive Irak y la agresión aparece como una manifestación más de una historia de abuso. En 1898, el acorazado Maine llega a La Habana en visita “de paz y amistad” para “garantizar la seguridad” de los norteamericanos. Hundido el buque y al grito de “¡Recordad el Maine!”, Estados Unidos declara la guerra a España e invade Cuba, culpándolos del hundimiento. En 1976 se concluye que todo se debió al calor de una caldera próxima al arsenal del navío.

En 1964, el destructor USS Madox es objeto de un ataque de lanchas patrulleras vietnamitas en aguas del Golfo de Tonkín, Vietnam del Norte. A solicitud del presidente Johnson se autorizan más bombas y más tropas en la guerra.

En 1999 se concluye que no hubo ataque, sino que todo fue un error del operador de radar. Con su Secretario de Defensa, McNamara, el Presidente engañó a todos.

En 2003, se urdió entre Busch y Colin Powell, Secretario de Estado, un siniestro plan para invadir Irak basado en la existencia de arsenal nuclear en poder de Hussein.

Luego de la invasión, de miles de muertos y la destrucción de una nación, se ha comprobado que nunca hubo tales armas.
Hoy se anuncia el retiro de algunas tropas.

Mientras no sea una realidad y no quede un soldado, debemos dudar, esperando ver qué ardid se tramará ahora para seguir con la ocupación, los abusos y el exterminio propiciados por el invasor y, como los romanos, preguntarnos “¿Quid prodest?”, esto es, ¿a quién beneficia la “guerra” de Irak? ¿A quién han servido siempre los incidentes y falsedades de que se ha valido el invasor?

Dejen que Irak busque su propio camino, si es que alguno es posible luego de la masacre y la destrucción. Shiíes y Suníes llevan siglos sin ponerse de acuerdo. No necesitan de un invasor para cambiar su destino.

Por Leonardo Aravena Arredondo
Profesor de Derecho, Universidad Central
Coordinador Justicia Internacional y CPI, Amnistía Internacional-Chile

Santiago de Chile, 14 de septiembre 2007
Crónica Digital , 0, 123, 3

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