EL JUNTOS PODEMOS Y LOS PROBLEMAS DE LA UNIDAD

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Esta reflexión resulta pertinente considerando los últimos acontecimientos. El pasado 1º de septiembre se realizó una asamblea –convocada por el Partido Humanista, el Partido Comunista Acción Proletaria y el Movimiento Patriótico Manuel Rodríguez. Según los contradictorios reportes de los organizadores, asistieron 400 o 500 personas, en un lugar –el Sindicato de Telefónica– cuya capacidad pareciera menor. En todo caso, esto es un detalle irrelevante, considerando que el problema de fondo debe ser ganar a la mayoría del pueblo de Chile para una alternativa de Izquierda.

El encuentro fue calificado en la totalidad de los reportes de los organizadores como una “Asamblea Nacional del Juntos Podemos”, para “revalidar su Carta Fundacional”. En este ámbito comienzan los problemas de fondo.

El Juntos Podemos fue una construcción colectiva de la totalidad de las fuerzas sociales y políticas que concurrieron a su fundación. Nadie puede atribuirse su propiedad (menos aún organizaciones que afirman sostener un paradigma diferente a un mundo basado en relaciones de posesión). Por aquella obvia razón, desde su constitución en el 2003 hasta las pasadas elecciones presidenciales y parlamentarias todas las decisiones se tomaron por el consenso de sus participantes.

Esta “asamblea” no fue resultado de una decisión tomada por la totalidad de las fuerzas del Juntos Podemos. Por tanto, fue una reunión de las colectividades que la convocaron o un encuentro de un sector del Juntos Podemos. No podría sostenerse, como se indicó a los medios de comunicación social, que fue una Asamblea del Juntos Podemos a la cual no asistieron sólo el Partido Comunista y la Izquierda Cristiana.

Esa aseveración no se ajusta a la verdad. En primer lugar, porque concurrió al encuentro una mínima cantidad de las 22 organizaciones que fundaron el Juntos Podemos el 13 de diciembre de 2003. En segundo término, y esto es lo importante, porque no fue producto de un acuerdo político del Juntos Podemos: es decir, del conjunto de sus miembros. Esta es la razón de su ausencia, que no fueron consultados respecto de aquella iniciativa: no porque no tengan “mucho tiempo” por estar “tan atareados con su plan de acercarse a la Concertación”, como aseveró Marilén Cabrera, presidenta del Partido Humanista en un reportaje de “La Nación”.

Según una nota informativa divulgada en “Prensa Humanista”, los discursos de Tomás Hirsch (PH) y Eduardo Artés (PC–AP) comprometieron “los esfuerzos para entrar en nuevas conversaciones para plantear la necesidad de superar el quiebre que se inició poco antes de la segunda vuelta electoral”.

No parece muy coherente con esos propósitos de unidad que se emprenda una iniciativa política de este carácter precisamente sin cautelar la unidad, en la convocatoria y luego en la imagen pública que se pretendió instalar sobre la naturaleza del encuentro.

La situación es especialmente preocupante por razones adicionales. Todo indica que en el PH, el PC–AP y el MPMR se ha impuesto la noción de que la situación de conflicto que enfrenta el Juntos Podemos se pudiera resolver en forma “administrativa”. Es decir, bastaría con demostrar que en determinado sector se encuentra la mayoría del Podemos (ignoramos cómo pudiera acreditarse el hecho sin considerar el pronunciamiento de la soberanía popular) y proceder después a apropiarse de facto de la identidad del Juntos Podemos (como en una disputa cualquiera de alguna marca comercial). Todo esto se completaría, obviamente, con la falsa imputación de que la “minoría” se automarginó de la alianza política y social de la izquierda.

En este sentido, resultan insólitas las contradicciones de uno de los textos divulgados en “Prensa Humanista” –titulado “Juntos Podemos A versus Juntos Podemos E”.

Por una parte, se lamenta quejosamente de la división de la alianza: dice que la división “duele, porque confunde a la gente” y señala que “la unidad y la variedad de la unidad es la ley del universo”, llamando a que “seamos tolerantes”. Por otra parte, señala que el Juntos Podemos es sólo el PH, PC–AP y FPMR, y que el PC exclusivamente estaría “trabajando con la Izquierda Cristiana y el Movimiento Solidaridad” (lo que es falso, porque el PC y la IC mantienen estrechas y cercanas relaciones con la mayoría de las organizaciones que fundaron el Podemos).

¿Es esto expresión de tolerancia? ¿De un respeto al principio de variedad de la unidad? ¿Contribuye a superar el dolor que, efectivamente, nos produce la confusión de la gente frente a la división?

Otra nota en “Prensa Humanista” sobre la antes citada asamblea informa que “el Juntos Podemos anunció llevar candidatos a concejales y alcaldes a nivel nacional”. Es decir, nuevamente se intenta imponer como una resolución de la alianza, lo que no pasó de ser un acuerdo (legítimo, por cierto) de un sector de la misma (sólo de un sector).

En la nota, se consignan declaraciones de Tomás Hirsch, quien “destacó que la unidad había sido una de las grandes fortalezas del Podemos” y que “desde su nacimiento ha sido la diversidad, uno de los aportes a la construcción de una izquierda sólida”. Dijo que “no es fácil” trabajar en forma unitaria, “sabiendo que hay mucho que aprender y muchas dificultades que superar, arrastres históricos de desconfianzas, de dificultades de relación”, pero que “pusimos el acento desde el inicio en el trabajo conjunto, en el trabajo paritario de los partidos con sus aportes y sus virtudes y también sus defectos y de las organizaciones sociales”.

La “coherente” forma en que se entiende esta “unidad” fue caracterizada en esta misma nota por el presidente del PC–AP, Eduardo Artes, quien convocó al pueblo podemista “a tener la mano abierta para recibir a todos, incluso a los que se han equivocado, incluso a los que han levantado banderas falsas, incluso sosteniendo banderas de la Concertación, siempre y cuando acepten la política central que hemos construido” (nos imaginamos que usaba el plural porque la “política central” del Juntos Podemos fue una creación colectiva, en la que también participaron los denostados en su intervención). Artes enfatizó que el Podemos “no está para ser incluido dentro del sistema, está para superar este sistema” (y lo señaló en la misma reunión que acordó presentar candidatos a alcaldes y concejales en las próximas elecciones municipales, las cuales –suponemos– se realizarán en “este sistema” político y económico).

En otra nota de “Prensa Humanista”, que se titulaba “No sobra nadie en la trinchera del Podemos”, se agregaron palabras finales del “unitario” discurso de Artes: “Estamos dispuestos a la unidad, siempre y cuando se ponga al servicio de la superación de este sistema. Siempre va a estar la mano abierta, en caso contrario estará el puño cerrado”.

Todas estas afirmaciones parecen muy graves. No es un positivo ejemplo de respeto a la diversidad partir del presupuesto de que hay quienes “se han equivocado” y “levantan banderas falsas”. ¿No sería una fórmula más apropiada reconocer, simplemente, que hay diferentes puntos de vista y que debe hacerse un esfuerzo por superarlos?

Más preocupante es que se indique que hay que quienes no aceptan “la política central que hemos construido” y que se sugiera que habría quienes no están “por superar este sistema”, sino que pretenden ser “incluidos en el sistema” y levantan incluso “banderas de la Concertación”. ¿No correspondería, en caso que la disposición fuera efectivamente la unidad de la izquierda, asumir que existen dos enfoques sobre el modo de enfrentar el sistema en este período, pero que todos coincidimos en una perspectiva de cambio de la sociedad dominante?

La gravedad de las afirmaciones puede mejor comprenderse si se invierte el argumento: pudiera señalarse que los que pretenden introducir cuñas insalvables en la izquierda, en el fondo sirven a la reproducción del sistema, en la medida que contribuyen a dispersar y bifurcar las fuerzas que se oponen al neoliberalismo. Peor aún: también sería posible señalar que aquellos que se niegan a luchar por remover el principal dispositivo para la reproducción del neoliberalismo, la exclusión cristalizada en el sistema político, están contribuyendo –en el fondo– a la conservación del sistema neoliberal.

Las informaciones del debate de esta reunión muestran en forma elocuente la tendencia a las ilusorias “soluciones administrativas” de los problemas en el Juntos Podemos. Un 97,73 por ciento habría votado por “la revalidación de la Carta Fundacional” del Juntos Podemos; en lo referente a la reafirmación del Programa de Gobierno se obtuvo una preferencia de 95,91 por ciento; en el punto que planteaba llamar a “los aliados, que no estaban presentes a superar las diferencias”, se manifestó aprobación de 82,73%; en relación al sistema binominal, por “rechazar cualquier tipo de modificación cosmética” se llegó a un 95,45% de adhesión.

En verdad, estas cifras no nos parecen impresionantes. No existe duda alguna de que en una reunión del sector del Juntos Podemos que no fue considerado para este encuentro, el mismo que en las últimas elecciones parlamentarias y municipales logró la mayoría de las preferencias de la ciudadanía de izquierda, bien podría plantearse una consulta similar, sobre la necesidad de la reactualización de la Carta Fundacional, la reafirmación del Programa de Gobierno, el llamado a los aliados para “superar las diferencias” y la necesidad de impulsar la lucha contra la exclusión y el neoliberalismo. Tampoco hay duda de que los resultados serían muy, pero muy similares. ¿Y qué? ¿Resolvería en algo las diferencias existentes al interior del Juntos Podemos?

La Izquierda Cristiana se ha planteado como prioridad del período su constitución legal, como batalla política contra la exclusión de los revolucionarios que impone el sistema político e institucional que fue impuesto por la dictadura. Lo hace también como aporte a la ampliación de las fronteras y diversidad de la izquierda, que entendemos condición para su posicionamiento como alternativa nacional de poder. Por tanto, lo hacemos con la certeza de la necesidad de seguir transitando con el Juntos Podemos y el conjunto de las fuerzas que coincidan en el enfrentamiento al neoliberalismo.

Lo hacemos, para luchar por un Gobierno de Izquierda y una Asamblea Constituyente, en la convicción de la necesidad de proponer un horizonte alternativo frente al programa neoliberal de la Concertación y la Alianza, y que sólo podrá emerger de la movilización del pueblo y su capacidad de irrumpir en todos los ámbitos de la sociedad: en las calles y también en la pugna electoral.

Por todo ello, también estamos convencidos de la necesidad de construir una política de ofensiva en contra del neoliberalismo en todos los territorios, golpeando los dispositivos institucionales que permiten su reproducción, uno de los cuales es el binominalismo. Por eso es necesario instalar el tema de la exclusión en la agenda pública. Por lo mismo hay que operar con la inteligencia política necesaria para la ruptura del cerco.

Por Bernarda Pérez, Secretaria General Izquierda Cristiana de Chile

Santiago de Chile, 26 de septiembre 2007
Crónica Digital, 0, 395, 3

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