EL EJERCICIO DE LA MEMORIA, PRESENTE Y FUTURO

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Los conceptos memoria, presente y futuro, fueron centrales en estos días en los homenajes que familiares, amigos y camaradas hicieron a los combatientes de la resistencia chilena a la dictadura de Pinochet apresados en calle Conferencia 1587 el 7 de mayo de 1976 y otras acciones represivas del mismo mes, en el curso de un operativo de la DINA destinado a descabezar a la entonces dirección clandestina del Partido Comunista de Chile.

Todos ellos fueron sometidos a brutales torturas y finalmente – en una acción de crueldad inaudita y brutalidad- asesinados y hechos desaparecer, pretendiendo que la acción irracional de terrorismo de Estado, ejecutada por oficiales y soldados, incluida una amante del cabecilla de los asesinos, Manuel Contreras (hoy protegida en Australia, que se niega en ponerla a disposición de la justicia chilena), amedrentaría a la organización y al pueblo.

Pero hoy, como se sabe, los hechores o murieron en la cárcel o siguen pagando sus delitos – aunque el principal genocida se libró de pagar sus culpas en Chile, y el país avanza en un proceso de reformas que profundiza la democracia, y que además la ciudadanía recupera, en un proceso complejo pero esperanzador, la titularidad de sus derechos y el protagonismo político y social.

Así la vida y la lucha de Víctor Díaz, Mario Zamorano, Uldarico Donaire, Jorge Muñoz, Jaime Donato, Elisa Escobar, Marcelo Concha, Lenin Díaz están más presente que nunca, en la memoria, el presente y el futuro de Chile.

Precisamente este ejercicio de la memoria nos reconcilia con la historia. Ellos, fueron protagonistas destacados en la construcción de una democracia avanzada para Chile, que tuvo su hito más destacado en el siglo 20 con la conquista del gobierno de la Unidad Popular, con el presidente Salvador Allende, a la cabeza.

Ello fue resultado de un largo proceso de acumulación de fuerzas, desde el desarrollo del movimiento obrero en las oficinas salitreras del norte, o en las concentraciones obreras de Santiago, Valparaíso o Punta Arenas , las minas de Lota o los latifundios de Chile Central, y el Chino Díaz, Rafael Cortez (Uldarico Donaire), Mario Zamorano fuero dignos émulos de los fundadores del movimiento obrero organizado y de los partidos obreros del país.

La conquista del gobierno el 11 de septiembre de 1973 fue la culminación de esa larga de una historia de victorias y reveses, de lucha parlamentaria y de represiones y campos de concentración, las persecusiones del dictador militar Carlos Ibañez del Campo o del traidor Gabriel González Videla, monigote tras el cual estuvo la mano del Tio Sam y su estrategia de la Guerra Fría.

En todo ese periodo histórico estuvo la presencia, la visión estratégica, la voluntad organizadora y la firmeza ideológica, la capacidad política de hombres como Luis Emilio Recabarren, Elías Lafferte, Oscar Astudillo, José González, Juan Chacón Corona, Santos Leoncio Medel, Galo González, Ricardo Fonseca, Roberto Lara, Carlos Contreras Labarca, Luis Corvalán, Orlando Millas Américo Zorrilla y tantos otros injustamente olvidados por alguna historia o historiadores de visión estrecha.

Los caídos en mayo de 1976 – es preferible la caracterización de ellos como combatientes de la resistencia antifascista que pagaron con su vida su compromiso revolucionario y su lealtad como su partido y su pueblo- son parte de este devenir histórico.

Cuando el PC, tras el Golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, propone la unidad antifascista, está siguiendo su tradición histórica de unidad y lucha, una política de alianzas que se desarrolla y logra avances notables en el escenario nacional desde 1938, con el Frente Popular, con la Alianza Nacional Antifascista (1943), el Frente del Pueblo (1952) apoyando la primera candidatura presidencial de Salvador Allende, el Frente de Acción Popular, en 1958 y 1964, hasta llegar a la Unidad Popular, el triunfo de 1970 y la perspectiva de un socialismo con rostro humanista y democrático, para Chile.

La búsqueda de distintas líneas de acción en la etapa de la dictadura, que sin duda debe ser materia de un análisis objetivo y responsable, que llevo finalmente al PC a su apoyo a la Concertación de Partidos por la Democracia y luego a su incorporación a la Nueva Mayoría y el apoyo a la presidenta Michelle Bachelet, no invalida sino que presupone el reconocimiento a la tradición y la herencia histórica, de la que fueron expresión los homenajeados de hoy.

Como bien lo dijo una voz en el acto de homenaje a Marcelo Concha, que organizaron sus hijas en Michoacán, la casa de Delia del Carril, “La Hormiguita”, el domingo 15 del presente mes de mayo: “habiendo memoria no hay olvido y si no hay olvido, hay historia”.

El deber de la memoria es un ejercicio humano y político, que fundamenta, da consistencia y proyección al presente y al futuro.

Ellos, héroes de la democracia más allá de su compromiso partidista y quizás por eso mismo, encabezaron el difícil, arduo y paciente esfuerzo de organización, de dirección durante el primer periodo del repliegue y reconstitución del entramado del PC, de su vinculación con el pueblo y con las fuerzas políticas democráticas.

Ellos, como dijo Samuel Riquelme, uno de los viejos históricos del PC, en el acto de homenaje a estos héroes populares el martes 17 de mayo, en un acto “conversando a Víctor, Mario, Jorge, Uldarico, Marcelo y Eliana”, organizado por el Centro de Estudios Fernando Ortiz, la brigada de la Memoria Popular y orgánicas del PC y las Juventudes Comunistas de Ñuñoa, “pertenecen con justo derecho, con justicia, a los que José Miguel Varas llamó “los tenaces” .

En su entrega total a esa misión política revolucionaria, patriótica y democrática está el germen del presente de una organización política que tiene el lugar que le corresponde en el escenario político nacional, y que recibe un reconocimiento de los ciudadanos, por su compromiso con un proyecto de reformas políticas y sociales en marcha.

El proceso de la nueva Constitución, las reformas tributaria, educacional, la reforma laboral, y otras en marcha o en el horizonte de transformaciones que Chile demanda y necesita y el compromiso de los ciudadanos por participar y ser protagonistas en los cambios y la movilización popular, es la forma de responder al sacrificio de los que lucharon y murieron por la democracia y la libertad.

Así su muerte no habrá sido en vano. Y la sangre que ellos derramaron por Chile y su pueblo, hará nacer nuevos protagonistas sociales para la épica de hoy y del mañana , que pondrán en la agenda nuevas demandas y esperanzas, nuevos desafíos .

Así se completará un ciclo, pero se abrirán nuevos horizontes, porque como se dijo en el acto de homenaje a estos héroes populares el martes 17 de mayo, “un Partido, un pueblo sin memoria, lo que no tiene es futuro”.

Por Marcel Garcés Muñoz
Director de Crónica Digital
Santiago de Chile, 21 de mayo 2016
Crónica Digital

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