Por Marcel Garcés Muñoz: CUT: INDISPENSABLE E INEVITABLE CONTROL DE DAÑOS

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Según parece culminó con una especie de acuerdo cupular el escandaloso espectáculo en que se convirtió en las pasadas semanas el proceso eleccionario de la Central Unitaria de Trabajadores, CUT, aunque hasta la fecha no se hace el debido control de daños, que por cierto va mucho más allá de los liderazgos pasados y presentes de la principal central sindical del país.

Lo que resulta inevitable y evidente es lo indispensable de un enjuiciamiento de las responsabilidades políticas y gremiales de los protagonistas, que van más allá de los Martínez, Figueroa o Díaz y otros líderes sindicales en competencia, y llegan necesariamente a las dirigencias de partidos de la coalición gobernante.
Los liderazgos de la Nueva Mayoría y los partidos y las estructuras y personeros del propio gobierno involucrados,  no dieron muestra de capacidad de gestión de la crisis, y pretendieron encapsular el conflicto en la sede de la Central, generando un escenario público, en que prevalecieron declaraciones ambiguas y agresivas, un estilo atropellador, hasta amenazante y de ninguna manera democrático, en la peor tradición caudillista y matonezca, que se suponía olvidada en la práctica sindical.
Parecería no ser necesario repetir las declaraciones que se fueron formulando al calor de la contienda, de las descalificaciones, de las calumnias, de las atribuciónes de intenciones, que finalmente emponzoñaron el ambiente y sembraron más que discordias, un escenario de confrontación,  encono, y  lucha fratricida entre dirigentes de los trabajadores, que se merecen mas respeto y lideres que conduzcan el movimiento  hacia los objetivos profundos,
patrióticos, democráticos de los trabajadores de Chile.  .
No cabe sino lamentar el espectáculo dado.
Pero la crisis vivida en la CUT, tiene efectos mas allá de la composición política de la directiva nacional, mas que una distribución de cargos y mucho más que el desconocimiento del mínimo respeto a la voluntad expresada en los votos obtenidos.
El triunfo en votos de Arturo Martínez y de su lista, lo que según acuerdos previos  y una lógica democrática debería haber significado el cargo de Presidente de la organización.
El desconocimiento  de los resultados de un proceso electoral, cuyas reglas fueron aceptadas previo a la votación, el hecho de un acuerdo para desbancar a Martínez y quedarse con la dirección de la organización, de las listas del PC y de la DC, segunda y tercera en los escrutinios hechos por la autoridad electoral interna, también aceptada como idónea antes del proceso, vino a confirmar que algo huele mal en los mecanismos de su democracia interna, en la institucionalidad de la Central, la representatividad de sus estructuras y en la legitimidad de sus líderes.
Incluso se ha llegado a hablar de abultamiento de registros de sus afiliados.
Los trabajadores que han sido espectadores de un proceso de esta naturaleza, mas propio de las camarillas politiqueras no pueden sino haberse confundido por esta contradicción entre un discurso moralizante respecto de la confabulación  entre  poderes económicos y la política, y otros escándalos de corrupción y practicas indignas de la clase política, y una práctica igualmente detestable y condenable.
Así lo que se construye son desconfianzas, se incentiva un estado de decepción respecto de las organizaciones sociales y de sus dirigentes, que se suma, desgraciadamte al descrédito, rechazo, desconfianza en la institucionalidad democrática que se expresa por parte de la sociedad nacional, y que le hace un daño muy grave a la institucionalidad política democrática. Y a la gobernabilidad futura.
Pero hay más y quizás lo más grave, respecto de la contingencia y las perspectivas políticas  es el daño que se le ha hecho a la coalición gobernante, que busca afanosamente seguir siendo una alternativa de gobierno en las próximas contiendas electorales: municipales, parlamentarias y presidencial.
Objetivamente se favorece así el camino a la oposición derechista y se facilita que limpien su imagen ante la opinión pública, tendiendo un manto de silencio u olvido en torno a sus escándalos de corrupción y descaro.
Aquí el control de daños muestra quizás los más serios peligros, las fisuras que pueden hacer naufragar el barco, o sea el proyecto, ya que como se sabe en todo orden de cosas, cuando se pierden las confianzas es muy difícil, costoso y largo, cuándo no imposible, su recuperación.
Por lo pronto así no se construyen alianzas políticas para cumplir tareas históricas ni compromisos de largo plazo y mucho menos, reconstruir la confianza en los partidos y líderes que aspiran a representarnos o encabezar las luchas legítimas, necesarias y urgentes por las demandas del pueblo.
Cuando en una crisis de credibilidad y confianza, y los graves errores de procedimiento democrático del nivel de una organización social tan importante, pero intermedia de la sociedad, se demuestra tal incapacidad de gestión política, es difícil hacer creer a los ciudadanos, al “soberano”, que somos capaces de las tareas épicas, de las reformas indispensables que el “nuevo ciclo” histórico nos demanda.
En un momento en que la Derecha política y empresarial intenta rearmarse con un proyecto demagógico y populista, y rearma sus filas, cuando los poderes facticos se confabulan frente al proceso de reformas, y una prensa monopólica  impone un discurso uniforme y sostenido, denigrando al gobierno de la presidenta Bachelet y a los sectores democráticos, es indispensable una mayor responsabilidad política y una profunda consideración ética de las conductas.
Por lo menos esto debería ser la base y el contenido de un urgente proceso de recuperación de las confianzas y de un compromiso de unidad.

Por Marcel Garcés Muñoz
Director Crónica Digital

Santiago de Chile, 15 de septiembre 2016
Crónica Digital

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