RELIGIOSAS, OTRA PIEDRA EN ZAPATO DE IGLESIA DE CHILE

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Por Fausto Triana

Si faltaba algún ingrediente corrosivo,  el abuso sexual de una monja superiora a una novicia completó el sombrío expediente de la Iglesia Católica en Chile.

Un escándalo de nuevas dimensiones que amenaza claramente con destapar otra Caja de Pandora, con la denuncia de Consuelo Gómez Pinto, la ex monja, apuntando directamente a la complicidad del nuncio en Chile, Ivo Scapolo.

Rebasada por las revelaciones de actos de pederastia y trasgresiones sexuales de ministros de la curia, el capítulo detallado por Gómez Pinto obligó a las autoridades eclesiásticas a pedir perdón.

Pero el mea culpa provocó sobre todo indignación. El reconocimiento de la Conferencia Episcopal dejó en entredicho su postura.

“Manifestamos con dolor que conocíamos el relato de los graves hechos ocurridos al interior de nuestra comunidad religiosa, las medidas que tomamos y la actitud que tuvimos entonces no estuvieron a la altura de nuestra misión y vocación’.

La Congregación de Hermanas del Buen Samaritano no tuvo más alternativa que emitir un comunicado público sobre lo ocurrido a la novicia que ingresó al grupo a los 18 años de edad.

Tenía 20 años cuando la violaron.

Gómez Pinto relató al medio local Emol que los abusos que incluyeron trabajo extremo, falta de atención médica, políticas de aislamiento. Como consecuencia sufrió una larga depresión tras su paso por España y México, hasta su renuncia en 2017.

‘Fui abusada sexualmente por una monja en España, que también era chilena y superior a mí, varias y repetidas veces. Y todos sabían y me hicieron callar. Me hicieron sentir a mí que era culpable de todo’, explicó.

En particular aseguró que el nuncio Scapolo conoció todo lo ocurrido y lo que hizo, como otras personas, fue enviarla a tratamiento psiquiátrico y dejar las cosas igual.

‘Todo lo que se pueda hacer contra los obispos es poco. Yo los metería a la cárcel. Son todos una pila de mentirosos, sinvergüenzas e hipócritas’, consideró la ex monja que cuenta con el apoyo de la Fundación para la Confianza.

Parte precisamente esa asociación del caso de las víctimas del cura Fernando Karadima, defenestrado de la iglesia en 2011, pero centro de la discordia que confundió al papa Francisco en su visita a Chile en enero y lo obligó luego a rectificar.

El Santo Padre envió a monseñor Charles Scicluna a investigar los expedientes en Chile, después pidió perdón por haber hecho “graves equivocaciones de valoración”. Más reciente, recibió a tres importantes testigos de los desmanes de Karadima.

Recibió la renuncia de los 34 obispos de Chile y en la actualidad se espera por su veredicto.
Mientras tanto, cada día se añade una nueva gota amarga en los escándalos de abuso sexual cometidos por ministros católicos en Chile.

Santiago de Chile, 30 de mayo 2018
Crónica Digital /PL

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