LA INTEGRACIÓN LATINOAMERICANA EN MOMENTO CLAVE

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El año 2019 es considerado por muchos analistas como un período de prueba para los proceso de integración económica en América Latina pues en los próximos meses estarán expuestos a las tensiones comerciales que se generan a nivel internacional y, al mismo tiempo, a los efectos de un sensible debilitamiento de la economía global.

La repercusión en la región de la guerra comercial iniciada por Estados Unidos contra China resulta de difícil pronóstico, pues si bien puede abrir el mercado de esos países a productos latinoamericanos sustitutivos de los gravados por el litigio, por otra parte es posible que restrinja las importaciones de los países envueltos en el conflicto.

En cuanto a las perspectivas de la economía global se espera una contracción que, aunque de menor impacto al de una recesión, probablemente prolongará la baja de los valores bursátiles registrada en los últimos meses de 2018, en tanto que la reiterada subida de los intereses bancarios en Estados Unidos provoque un perjuicio adicional para los países deudores de escaso desarrollo.

Las previsiones para la región tampoco son halagüeñas ya que la economía se espera que crezca a un ritmo demasiado lento para impulsar el desarrollo, al punto que la secretaría ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), Alicia Bárcena, demandó redoblar los esfuerzos en fortalecer la integración y ampliar el comercio entre los países vecinos.

Los latinoamericanos, dijo, aún tenemos mucho por hacer en términos de profundizar la integración.

Desde luego, de lo que todos están conscientes es que en cualquier esfuerzo tendiente a vigorizar la integración tiene como uno de sus principales desafíos el tratar de incrementar el comercio intrarregional.

Las estadísticas oficiales indican que el intercambio comercial entre los países latinoamericanos solo alcanza el 20 % del total de este rubro, mientras que en otras regiones del mundo, como Europa y Asia, ese índice oscila entre el 50 y 60 %.

El año pasado, en el Foro Económico Mundial sobre América Latina, celebrado en Sao Paulo, quedó en claro que para encarar los nuevos desafíos globales es fundamental revigorizar la integración y acrecentar las relaciones comerciales entre las naciones vecinas.

En el estudio realizado por los expertos de la Cepal se evidenció que la fragmentación del mercad regional es el factor de mayor gravitación entre los obstáculos que encuentran los distintos modelos de integración, incluso más difícil aún de solucionar que los de orden geográfico o estructural.

Al respecto se conocen casos como el de Argentina, cuyas exportaciones a países vecinos son increíblemente reducidas. Así lo demuestra el dato de que sus ventas a Uruguay son la mitad de lo exportado a Vietnam y respecto a Paraguay las cuentas están a la par con lo negociado con Indonesia.

REORIENTAR EL COMERCIO

En las observaciones hechas en el foro paulista, Bárcena propuso efectuar un viraje en las áreas geográficas de mayor preferencia para el comercio e incrementar el flujo de intercambio dentro de la región, lo que crearía un mayor número de puestos de trabajo y reduciría la salida de divisas a otros continentes.

También recomendó que los esquemas de integración incluyan medidas que faciliten la movilidad de las personas y su inserción en los mercados laborales al trasladarse de un país a otro.

Desde el punto de vista histórico, las iniciativas en favor de la integración han contado con especial interés en el diálogo político y económico desde mediados del siglo pasado, cuando en 1962 fue fundada la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (Alalc), diseñada a semejanza de un organismo multilateral existente entonces en Europa.

El modelo de libre comercio adquirió gran fuerza en la década del 90, apoyado por los grupos neoliberales que ascendieron al poder en varios países de Sudamérica, aunque ya estaba vigente en Chile desde el golpe militar de 1973 e impuesta también en Argentina por otro régimen de fuerza.

Los críticos del neoliberalismo y de su propagación al Sur del río Bravo atribuyen este auge a la presión ejercida por los gobernantes de Estados Unidos y, en particular, a la influencia del grupo de economistas formado por la Escuela de Chicago.

HUNDIMIENTO DEL ALCA

Los círculos oficiales de Washington pretendieron por esa época imponer el proyecto neocolonial en todo el continente y en 1994 propusieron al resto de los países de la región crear una denominada Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), que desde su lanzamiento encontró una fuerte oposición de las fuerzas progresistas hasta que a comienzos del presente siglo consiguieron infligirle una rotunda derrota.

Sin embargo, los sectores derechistas han emprendido la revancha en los últimos años y actualmente ocupan posiciones clave, como los gobiernos de Argentina y Brasil.

La colusión de los dos mayores países sudamericanos, secundados por Paraguay, jugó un papel determinante en la suspensión de la República Bolivariana de Venezuela como estado miembro del Mercosur, posición que había obtenido con irrestricto apego a los estatutos de la organización.

Los gobiernos neoliberales también han abierto una ofensiva a través de los medios masivos de comunicación de su misma orientación política contra los movimientos transformadores, incluyendo las organizaciones de integración económica de lineamiento independiente como la Alianza Bolivariana para los pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP).

El ejemplo y la prédica de Bolívar, es preciso consignarlo, registran una larga trayectoria en las luchas por la unidad latinoamericana, la cual ha trascendido desde el siglo XIX hasta nuestros días y con la formación del ALBA en 2004 se revitalizó al surgir un nuevo modelo de integración basado en la igualdad entre los estados y la justicia para todos los estratos sociales.

Junto con la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños y la Unión de Naciones Sudamericanas, ALBA forma parte del movimiento de avanzada que hoy resiste los ataques de los círculos oligárquicos y los grupos de poder que defienden la vieja estructura colonial.

Por José Bodes Gómez

La Habana, 12 de diciembre 2018
Crónica Digital /PL

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