Por Francisco González Lozada: INCONTINENCIA VERBAL DE SANTELICES SELLA SU DESTINO

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Aun a riesgo de que algunos me digan ingenuo, en estos días llegué a tener la secreta esperanza que el Presidente de la República actuaría a la altura de su investidura y solicitaría la renuncia al  Ministro de Salud Emilio Santelices.

Entre ayer y hoy, después de escuchar las desafortunadas, frívolas y maquiavélicas declaraciones relativas a la cantidad de fallecidos en las listas de espera y la responsabilidad de los inmigrantes en el aumento explosivo de las cifras del VIH, me dije: hasta aquí llegó, esto es impresentable y no resiste ningún tipo de análisis ni explicación. Esta no es la estrategia de gobierno y el Presidente no lo puede dejar pasar.

Debo confesar sin embargo, que igual me dio un poco de pena la situación, porque fue la forma de hacer política en mi país la que pasó ante mis ojos. El ministro sería removido -reflexioné- pero no por la larga serie de denuncias que acumula  y que comprometen la fe pública y dañan gravemente el prestigio de nuestras instituciones y están teniendo un multimillonario costo al erario público, sino por un punto de prensa estúpido que fue realizado justamente para intentar apagar las denuncias que se sucedían.

Cuando pasan estas cosas, nosotros solemos observarlas desde la galería, leemos la noticia y reaccionamos, emitimos nuestros propios juicios mientras almorzamos en familia o cuando nos juntamos con amigos y amigas. Sin embargo, las personas que trabajan en las instituciones que están siendo escrutadas, están en un permanente estado de stress. No saben con certeza que pasará, cómo reaccionará el gobierno y qué consecuencias tendrá eso en sus propios entornos laborales. Pues bien, eso sucede en los pasillos de cada uno de los pisos del edificio ubicado en Mac Iver 541 desde hace un mes atrás, cuando la Diputada Marcela Hernando presentó una denuncia ante la fiscalía nacional por la contratación falsa de 19 personas orquestada desde la División de Inversiones del Minsal.

A partir de ese momento, las cosas cambiaron para el mediático ministro y su departamento de comunicaciones no fue  capaz de procesar siquiera la avalancha de irregularidades que comenzarían a darse a conocer por los propios funcionarios, ya cansados de  trabajar en un institución que respetan y que está siendo cuestionada en su integridad por el accionar de un pequeño grupo de advenedizos, cuyo interés no está precisamente en mejorar los estándares en la salud pública.

Hoy sin embargo (18/02/2018), los rostros se veían sonrientes, la gente se saludaba alegre en los pasillos y cuando alguno preguntaba por qué tan contentos, la respuesta era: no viste los diarios? Viste la tele anoche? El ministro está en la UCI. De esta no sale.

De esta no sale; o sea, había salido de todas las otras, estaba “salvándose” de todas las acusaciones anteriores; pero según ellos, de esta sí que no salía.

Y eso es triste y grave porque mal que mal estas son declaraciones que con un equipo de comunicaciones relativamente competente se pueden explicar o simplemente se puede evitar que sucedan. No sería primera vez que a un ministro se le instruye desde palacio callarse la boca y no dar más declaraciones públicas (se recuerdan a Campos de Justicia, por ejemplo?). Es más, a este ministro ya se le había instruido en ese sentido y junto con eso se recurrió a la experiencia de Luis Castillo para reordenar el rumbo de la cartera. Pero,  como decía mi maestro Unamuno, “lo que natura non da, Salamanca non presta”.

El complejo del escorpión supera a Santelices y las luces (y el amor al dinero quizás) pueden más que la razón.

Un equipo de comunicaciones que no logra ser capaz de entender que este es un ministerio técnico en el cual trabajan profesionales de excepción, altamente calificados y que están por sobre la coyuntura política, definitivamente no está a a la altura de las expectativas. Porque son las opiniones  de estos profesionales las que dan el respaldo técnico a las declaraciones de la máxima autoridad y –en consecuencia- deben ser consultados.

Así las cosas, el camino al final del túnel se visualiza definitivamente negro y las esquirlas de esta verdadera bomba de tiempo ya empezaron a llegar a La Moneda. Y a no ser que haya razones que aún desconocemos, eso no se puede permitir.

Existen en el ministerio de salud, dos departamentos absolutamente claves para ordenar el trabajo de las comunicaciones: Gabinete y Comunicaciones propiamente tal. Ambos sin embargo, mantienen una guerra soterrada que permanentemente lleva la ecuación a cero.

Las descalificaciones entre ambas jefaturas son por todos conocidas. Por ejemplo y según confidencian diversas fuentes del tercer piso de Mac Iver, el gabinete jugó un rol decisivo en las decisiones finales (e inconsultas a los expertos en las respectivas materias), en lo que se refiere a dar a conocer las cifras de las listas de espera como también las de VIH. La primera con la intención evidente de asestar un golpe “técnico” definitivo a redes asistenciales y la segunda como una forma de contrarrestar el error forzado de la primera. Estas atribuciones que se toma gabinete que definitivamente escapan de sus competencias profesionales, son, a juicio de expertos en comunicaciones, las que tienen hoy al ministro escondido entre las cuatro paredes de su escritorio, dando explicaciones a través de comunicados inverosímiles.

A nivel de departamento de comunicaciones la situación no es mucho más alentadora. La falta de conocimiento del sector de los actores que toman las decisiones, así como las implicancias políticas que tienen para el país los anuncios que frecuentemente se realizan, atentan a diario contra la misión de dicho departamento. Al parecer, las recomendaciones de la ministra vocero para la conformación del equipo está muy lejos de estar dando los resultados esperados. Un departamento cuestionado tanto por sus pares por el excesivo manejo y secretismo en la información, como también por La Moneda por su falta de conocimiento del sector, falta de experiencia política sectorial e impericia técnica en el tratamiento de los temas sensibles.

“Operadores burdos”, “falta de muñeca política”, insensibles, “ineficaces” y otros varios apelativos de similar calibre, se escuchan a diario en las oficinas de ambos importantes departamentos.

Lo que es innegable, es que las decisiones estratégicas en materias de comunicaciones son tomadas por gabinete, como aquella última que definió que el Ministro salga sólo en televisión para evitar preguntas odiosas de los medios desesperados por hurgar en otras cosas. Sin ánimo de querer menoscabar, pero a mi parecer, para cubrir noticias de salud pública es menester entender primero que significa epidemiología o prevalencia.   

Como si fuera poco, equipos comunicacionales que no se hablan entre sí, que no trabajan coordinadamente, que se disputan espacios de cámara y se torpedean entre ellos regularmente.

Así las cosas, en este caso puntual, lo que debía ser una pauta para “salir jugando” como había definido gabinete, se transformó en una gravísima crisis comunicacional que ninguno fue capaz de prever y mucho menos manejar. 

Como era previsible, según confidencian nuestras fuentes, ante el llamado desesperado a palacio hecho desde la oficina de comunicaciones del Minsal, desde allí reaccionaron intentando controlar la información; pero culpar a los inmigrantes del aumento de contagiados por VIH y luego intentar arreglar esas declaraciones culpando a la píldora del día después, sobrepasó todo pronóstico de brutalidad.  Esta calamidad comunicacional se transformó en el escándalo estival del año, al más puro estilo de los veranos de Moreira.

Pero entre los expertos en la materia, esos que no están sometidos a conflictos de intereses, la reflexión recurrente es la siguiente: Pero el Jefe es el Ministro, el vocero es él, el técnico es él. Se supone que él es quien sabe las implicancias de un anuncio de semejante envergadura y por tanto esto va más allá que una simple cuestión comunicacional. Aquí hay un problema político de fondo que la máxima autoridad no es capaz de sopesar; porque lo cierto es que esto no es una estrategia de gobierno. La mejor prueba de ello es la carta aparecida en el Mercurio el día de hoy 18/02/2018. Ajeno a la tremenda polvareda que sus declaraciones provocaron, el ministro no encontró nada mejor que enviar una carta de opinión volviendo a justificar la “importancia del Hospital Digital”. O sea, el señor Santelices no entiende ni ha entendido nada. Al mismo tiempo, nuevamente se suspende de su agenda la visita por el gabinete ministerial a las obras del Hospital Felix Bulnes,  a la cual el ministro asistiría de la mano de su asesor Luis Barrios, jefe de la División de Inversiones del Ministerio. 

La gota que definitivamente rebasó el vaso del Ministro peor evaluado de la administración Piñera, fue censurar y filtrar medios de comunicación a los cuales entregar los mensajes. Esto obligó a @segegob intervenir @ministeriosalud para implementar una estrategia comunicacional de reducción de daños simbolizada en un ridículo e increíble #YoApoyoaSantelices, cuyo objetivo no era otro que contrarrestar la verdadera funa cibernética a la que fue sometida la máxima autoridad del ministerio de salud de Chile. Curioso: Hicieron todo esto para hundir a Castillo y mientras este guardó discreto silencio que sólo rompió para expresar su solidaridad a la familia de Carolina por su brutal ataque homofóbico, Santelices y sus asociados comunicacionales se hundían desesperados en el fango de sus propias maldades. Nadie se acordó de Castillo y todos salieron a pedir la cabeza del más torpe de los ministro de salud que se recuerde en los últimos años.

Como si fuera poco, hoy el Decano de la prensa derechista pone nuevamente sus páginas a disposición de palacio para intentar desviar la atención de la opinión pública con una noticia “buena”: “Las nuevas enfermedades que entran a la ley Ricarte Soto”. No mencionan obviamente, que la enfermedad que terminó con la vida de este gran periodista, aún sigue sin ser cubierta.

Con este brillante equipo de comunicólogos, cuyo costo anual son varios cientos de millones de pesos (pagados por todos nosotros los chilenos), difícilmente se podrán esperar “tiempos mejores” para La Moneda en materias de salud.

Por esta razón entonces  dije que tenía pena; porque al parecer el destino del ministro terminará sellándose por sus dichos más que por sus hechos y eso me provoca. Además, sus dichos son frívolos, erráticos y no se ajustan a la verdad. Porque mientras habla de la superación de todas sus desavenencias con el subsecretario Castillo, instruye a sus “íntimos” a transmitir a parlamentarios involucrados en estos temas, mensajes de dudoso contenido atribuyendo todo a “operaciones de la UDI en contra de él”.

Desde mediados de Enero hasta la fecha, el Ministro Santelices tiene a su haber las siguientes denuncias realizadas por la diputada Marcela Hernando por las cuales no ha respondido:

  • Contratación falsa por parte de sus más cercanos asesores de 19 personas que no sólo cobraban sino que además debían devolver una parte de eso a la persona que los contactó. Pues bien, el Jefe de la División aún está feliz y tranquilo en su puesto respaldado absolutamente por el Ministro.
  • Se perdieron 3 computadores con información clave desde las oficinas de la misma división de inversiones y todos y cada uno de los responsables, siguen ejerciendo funciones como si nada pasara. Todos ellos defendidos por el Ministro como parte de su equipo.
  • Contraloría General de la República oficia al Ministerio pidiendo respuesta a una larga serie de preguntas relativas a contrataciones de todo tipo con la empresa SONDA (propiedad de un amigo personal del Presidente Piñera). Nada.
  • Se emplaza públicamente al Ministro en repetidas oportunidades a que explique qué está haciendo con los dineros (31 mil millones de pesos) asignados para el famosos proyecto de su Hospital Digital y nada, el ministro no responde ni por las contrataciones de sus amigos con sueldos que sobrepasan los 5 millones de pesos al mes ni tampoco por la contratación de  Francisco Paolucci, quien a través de una figura legal rebuscada, recibe un sueldo mensual de 13.900.000 pesos y quien al mismo tiempo se encuentra colaborando con el CEP en el análisis de alternativas para el diseño de un sistema sustentable de seguros de salud para nuestro país”, con sueldo desconocido (ahhh y vive en Australia, no en Chile).
  • Diario la Segunda en extenso reportaje denuncia irregularidades en licitación del Hospital Sotero de Rio y Cordillera. Mismos personajes involucrados y ninguna medida tomada para revertir el despilfarro de más de 86 mil millones de pesos que costará al fisco de Chile esta decisión de la División de Inversiones dependiente del Ministro aunque él diga lo contrario.
  • Error en el no traspaso los dineros a los municipios este mes, con lo cual no se pudo pagar a tiempo a muchos funcionarios de la atención primaria.
  • Error de no traspasar los dineros a los municipios este mes con lo cual no se pudo pagar a tiempo a muchos funcionarios de la atención primaria.
  • Casi 10.000 pacientes muertos en listas de espera para ser atendidos (las cifras del Sename son un 10% de eso) y el ministro responde con una cuña para la televisión la cual  –como castigo divino- es la que hoy lo tiene encabezando la lista de los renunciables en el próximo cambio de gabinete.

En definitiva, así como Al Capone cayó preso por evasión de impuestos y no por los horribles crímenes que cometió, nuestro ministro se prepara a dejar el Gabinete simplemente por hablar más de la cuenta. Una pena por el Presidente que nuevamente se perdió una gran oportunidad de haber obrado a la altura de su cargo.

FRANCISCO GONZALEZ LOSADA

Santiago de Chile, 19 de febrero 2019
Crónica Digital 

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1 Comentario

  1. Preciso, acertado y objetivo análisis de la caótica dinámica del Minsal y Dr.Santelices. Se hacemos memoria en su paso por otras entidades, es posible ver cuanto atribuir al personaje y cuanto a la inexperiencia de su equipo. Me reafirma la convicción de que la cominicación en Salud, desde cualquiera de sus actores, requiere muchas horas de vuelo. Claramente aquí no estaban. Pero más allá de un manejo de crisis puntual, ni el más diestro y experimentado equipo puede maniobrar sobre una sistemática cantidad de errores no forzados de parte del vocero. Y la vomunicación estratégica basada en verdades a media o constructos, más allá de la visión ética. No funciona. Y si lo hace, dura poco.
    Es el caso de automutilación y suicidio más patético de los ultimos años. Lo peor es que cada maniobra de reanimación hecha a Santelices tuvo recidivas peores y progresivas

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