A 34 AÑOS DE UN HITO CLAVE DEL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL SECUNDARIO EN DICTADURA

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Pasaba hace unos días por Huérfanos con Almirante Barroso. Pensaba que muy pocos deben recordar que en la esquina norponiente funcionó en los años 80 la Comisión Chilena de Derechos Humanos. Eran tiempos en los que era un espacio que otorgaba protección y al mismo tiempo albergaba la organización de la ofensiva de los jóvenes en contra de la dictadura.

En los tiempos de profundización de la embestida represiva de la tiranía, con el Estado de Sitio vigente en todo el territorio nacional, en ese lugar, en abril de 1985, se produjo el encuentro de un par de liceanos que marcaría el devenir de la historia del movimiento juvenil en los años 80, permitiendo la conformación del Comité Pro FESES (Federación de Estudiantes Secundarios).

Hasta esa fecha, los estudiantes secundarios que se oponían y resistían a la dictadura, al terrorismo de Estado y su proyecto de educación de mercado, habían caminado en forma separada en dos entidades principales: la Asociación Secundaria de Estudiantes Cristianos (ASEC), que agrupaba a jóvenes y adolescentes identificados con la Juventud Demócrata Cristiana, y los liceanos de izquierda, que se articulaban en el Coordinador de Organizaciones de Enseñanza Media (COEM).

A este último espacio había llegado yo un año antes, cuando estudiaba en el Liceo Manuel Barros Borgoño –la popular “Universidad del Matadero”–,  en donde un grupo de estudiantes opositores había logrado constituir –en 1983– la Agrupación Democrática de Estudiantes Borgoñinos, que se haría conocida por su sigla: ADEB.

En un encuentro casual en la Comisión Chilena de Derechos Humanos, Víctor Osorio, que era dirigente del COEM, y Patricio Rivera, que lideraba la ASEC, conversaron respecto de la necesidad de la unidad política y social más amplia, bajo el convencimiento de que no habría constitución de un movimiento social liceano en forma,  si no se avanzaba en una necesaria convergencia, que respetando las particularidades y las identidades propias fuera capaz de construir una herramienta común orientada a un cada vez más urgente horizonte de cambio en el sistema educacional y en el país.

Buena parte de esa historia quedó consignada en el libro “La Rebelión de los Pingüinos: Apuntes para una Historia del Movimiento Estudiantil Secundario en Dictadura” –que forma parte de la Colección “Memoria 80”–, ubicando esos acontecimientos en un marco de tiempo más amplio, explorando los primeros pasos de reorganización del tejido social entre los estudiantes secundarios en 1976 hasta que en mayo de 1986 los liceos de Chile entero paralizaron en contra de la municipalización y privatización de la enseñanza, y fueron decenas de miles los adolescentes con uniforme azul que inundaron las alamedas.

Luego de pasar por la vieja sede de la Comisión Chilena de Derechos Humanos, orienté mis pasos hacia calle Fanor Velasco, que en abril de 1985 era la sede nacional de la JDC y que hoy permanece en estado de abandono. Después, hacia Carrera con Alonso Ovalle, donde una gran y antigua casona albergaba un centro de estudios del partido de la flecha roja, que hace unos años fue demolida para construir un edificio de departamentos.

En esos lugares cursaron las primeras reuniones del incipiente Comité Pro FESES. Allí se determinaron sus rasgos esenciales: equipo colectivo de conducción y funcionamiento en asamblea, y un camino basado en la desobediencia civil y la movilización social para confrontar el proyecto dictatorial de educación de mercado y para reconstruir en forma democrática la FESES, que había sido puesta en la ilegalidad luego del golpe de Estado, cuando además se estableció que las directivas de los Centros de Alumnos deberían ser designadas por la autoridad.

Allí se conformó el primer Comité Ejecutivo del Comité Pro FESES, que aparte de Rivera y Osorio quedó conformado por Laurence Maxwell y Gonzalo Durán.

Fue también en esos lugares que se comenzó a conversar sobre una acción directa, que cristalizó el 10 de julio de ese año 1985, cuando el movimiento secundario emprendió la toma del Liceo A Nº 12 Arturo Alessandri Palma, ubicado junto al Parque Bustamante en la comuna de Providencia. Fue la más emblemática movilización de los pingüinos de los 80, agrupados en el Comité Pro FESES.

Muy cerca del último de los sitios mencionados, en Carrera con las Alamedas, se ubicaba el Centro de Pastoral Juvenil (CPJ), local que hoy tampoco existe y que en aquellos días ocuparon los estudiantes democráticos en sus afanes organizativos. Allí, por ejemplo, se realizó una huelga de hambre en protesta por la expulsión de Rafael Vergara Toledo del Liceo de Aplicación, el mismo joven que unos pocos días antes de la formación del Comité Pro FESES en 1985 fue asesinado por la policía junto a su  hermano Eduardo.

Esos sitios y espacios son hoy mudos testigos de capítulos fundamentales de la historia de la Generación de los 80 y de la historia de la lucha contra la dictadura cívico–militar, mudos testigos de la lucidez y el coraje de cientos de adolescentes y jóvenes que se enfrentaron en esos días con el terrorismo de Estado con todo lo que tenían a mano, ocupando las calles y los establecimientos educacionales.

Como dice la canción “What I did for Love”: “Hicimos lo que teníamos que hacer. No olvidaremos, no nos arrepentiremos de lo que hicimos por amor”.

Son parte de una historia para no olvidar. Por eso, ese recorrido de hace unos días por algunas calles y edificios de un centro de Santiago que se extingue no fue un rapto de ociosidad, ni tampoco mera expresión de nostalgia o melancolía de un pasado que se fue. Fue ejercicio de memoria: esa memoria que se torna imprescindible para construir futuros.

Por Juan Azócar Valdés, periodista.

Santiago, 4 de abril 2019.

Crónica Digital.

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2 Comentarios

  1. Eran admirables por su valentia y arrojo. Como periodista del Fortin Mapocho me tocó muchas veces cubrir sus manifestaciones. Eran unas verdaderas ardillas. En la calle corrian todo el tiempo y para los pacos era imposible pillarlos. Muchas veces llegaban a mi casa buscando refugio. Alli mi madre los atendia y alimentaba. Fueron heroes. Mi principal recuerdo para Ariel Antonioleti, un niño asustado que fue asesinado en tiempos de Aylwin.

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