Por Florencia Lagos: “LA MEJOR DEFENSA ES LA UNIDAD” ” EL DESAFÍO DE CONSTRUIR SUBJETIVIDAD POPULAR COMO FUERZA PRINCIPAL”

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Crónica Digital pone a disposición de nuestros lectores la ponencia que realizó Florencia Lagos, analista internacional, en el marco del XXIII Seminario Internacional los Partidos y una Nueva Sociedad, organizado por el Partido de los Trabajadores de México, el pasado 6 de abril de 2019.

Estimados señores:

En 1972 ante la Asamblea General de la ONU, el Presidente de Chile, Salvador Allende, dijo: “Resulta tanto más doloroso tener que venir a esta tribuna a denunciar que mi país es víctima de una grave agresión. El imperialismo y su crueldad tienen un largo y ominoso historial en América Latina, somos víctimas de una nueva manifestación del imperialismo. Más sutil, más artera, y terriblemente eficaz, para impedir el ejercicio de nuestros derechos de Estado soberano. Esta asfixia financiera de proyecciones brutales, se ha traducido en una severa limitación de nuestras posibilidades de abastecimiento”.

Necesariamente, y más que nunca, la situación de nuestra región la debemos situar en el cuadro de correlaciones de fuerzas a nivel mundial.

Nuestros enemigos usan todos los métodos más inhumanos: narco paramilitarismo; Intervenciones militares regulares e irregulares con fuerzas mercenarias; crímenes de lesa humanidad; hegemonía mediática; revueltas supuestamente populares al interior de los países; mucha inteligencia política y socios internos en las naciones. Nuestros adversarios no tienen ética humanista, por eso son extremadamente peligrosos.

El gobierno de los Estados Unidos y sus aliados están desesperados, porque en medio de la crisis latente de la economía capitalista en su fase especulativa y financiera, temen a la creciente fuerza de la triada China-Rusia-Irán, a la cual se acerca a pasos agigantados Turquía y la India. Se estima que como resultado, en un futuro no muy lejano, esta nueva correlación de fuerzas convertirá a China en la primera potencia mundial. Es una potencia que promueve la paz, la seguridad y la justicia mundial, las relaciones de respeto mutuo de estado a estado;  promulga el multilateralismo y el libre comercio, participa de los espacios de convergencia internacionales, y junto con Rusia, es inclusiva con América Latina al respaldar, colaborar y apoyar a los países duramente asediados por el gobierno de los Estados Unidos.

Prueba de ello es la llegada a Caracas de dos aviones Rusos el pasado 23 de marzo con el objetivo de honrar contratos de carácter técnico militar que están en proceso de cumplimiento y el arribo de aviones chinos con medicamentos e insumos médicos. En palabras del portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Geng Shuang:América Latina no pertenece a ningún país, ni es el patio trasero de nadie”.

En respuesta al actual cuadro geopolítico mundial, el gobierno de los Estados Unidos y sus aliados implementan un plan ofensivo y estratégico, necesitan a América Latina bajo su total dominio para resistir su desplome económico. Como lo expresara el canciller ruso, Serguéi Lavrov, en el 73 período de sesiones de la ONU: “Al tiempo que se está fortaleciendo el orden mundial policéntrico y aparecen nuevos centros de crecimiento económico, existe también el deseo de ciertos Estados occidentales de retener su estatus de “líderes mundiales” autoproclamados y de frenar la irreversibilidad del proceso objetivo de la formación de la multipolaridad. Para lograrlo, recurren a todos los métodos, incluido el chantaje político, la presión económica y la fuerza bruta”.

El Gobierno de los Estados Unidos amenaza a la paz mundial, anuncia públicamente una intervención militar en Venezuela y asesinato de su presidente constitucional, Nicolás Maduro. Donald Trump proclama el fin del socialismo, no solo en Venezuela sino en Nicaragua y Cuba, se retira del acuerdo nuclear con Irán y penaliza su venta de petróleo y transacciones financieras con su Banco Central y el sector portuario del país, identifican específicamente a Rusia, China, Irán y Corea del Norte como “Amenazas de misiles actuales y emergentes,  a la patria”. Específicamente declara a Corea del Norte como una “Amenaza extraordinaria”, 7 meses después de que Pyongyang renunciara a su arsenal nuclear. Viola los compromisos de la Organización Mundial del Comercio y se retira  del acuerdo climático multilateral; se retira del Pacto Mundial de la Organización de las Naciones Unidas sobre Migración y Refugiados y de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco). Trump viola todos los acuerdos internacionales. El Gobierno de Los Estados Unidos con cada una de sus egoístas e insensatas acciones y en su afán de preservar su modelo económico, contribuye a la destrucción absoluta de la especie humana, como lo advirtieran en la ONU años atrás los líderes históricos Comandante Fidel Castro, y el Presidente de Chile Salvador Allende.

Y es que esto no es nada nuevo, recordemos que tras el triunfo de la Revolución Cubana y la imposibilidad de ser derrocada militarmente, EEUU crea la USAID como mecanismo de intervención ideológica que utilizan hasta hoy, en palabras del entonces presidente Kennedy: “Debemos frenar cualquier indicio de comunismo y socialismo…”, esto quiere decir, debemos frenar cualquier tipo de sistema alternativo al capitalismo que nos mantiene en el poder absoluto. Esta doctrina es aplicable al planeta entero, lo podemos ver en Nuestra América, en la que el Gobierno de los Estados Unidos y sus aliados; el grupo de Lima y la OEA, violan reiteradamente la declaración de “América Latina como Zona de Paz” de CELAC, y abren el camino para la implementación de la “Doctrina Monroe”. El que se creyó que la Guerra Fría había terminado estaba muy equivocado, sólo habían cambiado las estrategias, pero el objetivo sigue siendo el mismo.

Mucho menos ahora, no es el momento de  “poner notas” a los procesos emancipadores, de izquierda, progresistas o democráticos, especialmente en este momento del mundo, tan marcado por una hegemonía del capital especulativo financiero (EEUU- socios europeos-transnacionales y corporaciones privadas de gran poder en todos los planos). Que además, han llevado al mundo al borde, al peligro real de extinción.

Yo me pregunto y les pregunto a los aquí presentes, ¿Qué hacer?

Esta sigue siendo una pregunta con insuficientes respuestas. Lo primero es caracterizar el momento histórico que estamos viviendo, que es comparable con el fascismo que surgió en España con Franco. En este aspecto creo que lo que estamos viviendo es un reverdecimiento del neofascismo.

El término que se le ha dado a este proceso ofensivo del Gobierno de Estados Unidos aliado a la derecha latinoamericana: «restauración neoliberal», es suavizar la serie de delitos y crímenes que se han venido cometiendo.

La derecha tiene sus reglas del juego bien planteadas para frenar cualquier progresismo. Nosotros como izquierda y espacio de resistencia cultural tenemos el deber de reaccionar, por eso la importancia de que surja un Plan de Acción para la izquierda latinoamericana, basado en la unidad y que contemple la construcción de nuevas subjetividades a través de la cultura como un área estratégica. Insisto, si nos dividen, nos aniquilan. Y entiendo por Cultura la capacidad para el pensamiento simbólico, que forma parte de la misma naturaleza humana, no es un complemento sino un componente intrínseco del pensamiento humano que condiciona nuestras formas de relacionarnos y la política es parte de la Cultura.

“Y es que nunca, ahora que la vida misma sucumbe, se ha hablado tanto de civilización y cultura. Y hay un raro paralelismo entre el hundimiento generalizado de la vida, base de la desmoralización actual y la preocupación por una cultura que nunca coincidió con la vida, y que en verdad la tiraniza.

Antes de seguir hablando de cultura, señalo que el mundo tiene hambre y no se preocupa por la cultura; y que solo artificialmente pueden orientarse hacia la cultura, pensamientos vueltos nada más que hacia el hambre.

Defender una cultura que jamás salvó a un hombre de la preocupación de vivir mejor y no tener hambre no me parece tan urgente como extraer de la llamada cultura, ideas de una fuerza viviente idéntica a la del hambre.

Tenemos, sobre todo, necesidad de vivir, de creer en lo que nos hace vivir, y que algo nos hace vivir; lo que brota de nuestro propio interior misterioso no debe aparecérsenos siempre como preocupación groseramente digestiva.

Quiero decir que si a todos nos importa comer inmediatamente, mucho más nos importa no malgastar en la sola preocupación de comer inmediatamente nuestra simple fuerza de tener hambre.

Si la confusión es el signo de los tiempos, yo veo en la base de esa confusión una ruptura entre las cosas y las palabras, ideas y signos que las representan.

No faltan, ciertamente, sistemas de pensamiento; su número y contradicciones caracterizan nuestra cultura, pero ¿dónde se advierte que la vida, nuestra vida, haya sido alguna vez afectada por tales sistemas?

(…) Hay que insistir en esta idea de la cultura en acción, que llega a ser en nosotros como un nuevo órgano, una especie de segundo aliento.

(…) Todas nuestras ideas acerca de la vida deben reformarse en una época en que nada adhiere ya a la vida. Y de esta penosa escisión nace la venganza de las cosas; nunca se habrán visto tantos crímenes, cuya extravagancia gratuita se explica solo por nuestra impotencia para poseer la vida.

(…) Dicho esto, podemos esbozar una idea de la verdadera cultura, una idea que es, ante todo, una protesta. Protesta contra la limitación insensata que se impone a la idea de cultura, al reducirla a una especie de inconcebible panteón.

Protesta contra la idea de una cultura separada de la vida, como si la cultura se diera por un lado y la vida por otro; y como si la verdadera cultura no fuera un medio imprescindible de comprender y ejercer la vida”.

La democracia representativa, la realmente existente en la mayoría de nuestros países, todavía tiene una fuerte hegemonía cultural derechista y reaccionaria, que construye subjetividades afines a sus intereses, que impide los avances, las rupturas, abrir las brechas. Ahí, junto con ganar las necesarias elecciones –dato clave–, es fundamental la participación activa en los procesos de los pueblos y las mayorías nacionales. Sin eso, hay derrota. Una vez alcanzado el poder, debemos transformar sustancialmente el sistema hegemónico y la cultura juega un rol fundamental.

Por eso, porque cada país y pueblo tiene su propia historia, sus particularidades, su estructura de clases, su formación de partidos y movimientos sociales y su propia cultura, tenemos que ayudarnos y dilucidar –en primer lugar– los caminos que nos permiten resistir, en conjunto, la agresión de Estados Unidos.

Lo primero es escucharnos, podremos tener diferencias de opinión, pero sería fatal intentar confrontar y eventualmente tensar las relaciones políticas y culturales entre nosotros por eventuales diferencias de diagnóstico.

El primer desafío de la izquierda latinoamericana es ejercer una verdadera influencia; las izquierdas de Latinoamérica estamos dispersas en lo que vamos a hacer y cómo lo vamos a hacer. Debemos unirnos, los problemas de América Latina y el Caribe son comunes, tenemos que hacer una alianza entre trabajadores, estudiantes, hombres, mujeres, Arte, Comunicación Política y Ciencias Sociales, donde la batalla no puede ser descalificando al enemigo, sino proponiendo otra alternativa.

Es sustancial fortalecer nuestros espacios de convergencia regional como lo son el Foro de Sao Paulo, la Asamblea Internacional de los Pueblos reunida recientemente en Caracas y la CELAC. Además, debemos generar una mayor coordinación de nuestros medios de comunicación no hegemónicos que nos permitan librar la batalla de ideas.

El internacionalismo no es un capricho, ni el resultado de consideraciones sentimentales, sino que se derivaba del hecho de que el capitalismo se desarrolla como un sistema mundial –de las diferentes economías y mercados nacionales surge una sola unidad, indivisible e interdependiente– el mercado mundial.

La unidad no se construirá simplemente proclamándola. Sólo se construirá sobre la base de hechos y luchas concretas, sobre la base de la experiencia de los sujetos, sobre la base de nuestra unidad, porque juntos somos muchos, pero unidos somos uno. Es imprescindible la educación en la necesidad de una transformación sustancial de la sociedad, en la necesidad de la construcción de un nuevo sujeto popular. Pero además necesitamos crear una organización con ideas claras y raíces firmes en los sujetos a escala mundial.

Quiero terminar con esta cita a José Martí: “A un plan obedece nuestro enemigo: de enconarnos, dispersarnos, dividirnos, ahogarnos. Por eso obedecemos nosotros a otro plan: enseñarnos en toda nuestra altura, apretarnos, juntarnos, burlarlo, hacer por fin a nuestra patria libre. Plan contra plan”.

 

Por Florencia Lagos Neumann

Corresponsal de Prensa de Crónica Digital y Analista Internacional

Ciudad de México, 8 de abril 2019
Crónica Digital

 

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