MIGUEL LAWNER: PREMIO A LA DIGNIDAD DE UN ARQUITECTO CON VOCACIÓN SOCIAL

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Miguel Lawner Steiman, fue elegido el viernes 5 de abril, por el Colegio de Arquitectos de Chile, como ganador del Premio Nacional  de Arquitectura 2018-2020. Se trató de un reconocimiento a su actividad profesional y ciudadana, que hizo de su vocación un compromiso con su pueblo, en especial de los más humildes y  desatendidos por el poder económico y político tradicional.

La organización gremial enfatizó en los considerandos de su decisión el aporte de Miguel tanto a la creatividad profesional y artística en los proyectos que emprendió en su prolífica vida, como  su compromiso con la acción gremial  y una inclaudicable posición en defensa de la democracia, los derechos humanos y los sueños colectivos de justicia.

El directorio nacional del Colegio de Arquitectos de Chile resaltó que el premio, que es el máximo galardón que entrega la entidad,  “es otorgado cada dos años al arquitecto, arquitecta o equipo de arquitectos, cuya trayectoria y desempeño  ético y profesional haya marcado un ejemplo para todos los arquitectos en cualquiera de las manifestaciones  del ejercicio profesional, especialmente en la ejecución de obras de arquitectura o de una destacada labor académica, gremial o de participación en la gestión pública”.

En el caso de Miguel Lawner, esto no es mero elogio, sino el reconocimiento cabal, un retrato de su vida,- de sus 90 años  muy bien cumplidos, y de una  biografía que transita desde la Universidad de Chile– su Alma Mater-, al Gobierno del presidente Salvador Allende, las cárceles y campos de concentración y de tortura de la dictadura de Augusto Pinochet,  y los duros años del destierro, y de la  participación apasionada en las tareas del  exilio, su colaboración permanente en la denuncia de las atrocidades de la tiranía, en acciones de la solidaridad internacional, o a través de su colaboración constante con el programa EscuchaChile, de Radio Moscú Internacional.

Por todo ello, y mucho más, Chile celebró el viernes 5 de abril, un acontecimiento singular. Y una expresión colectiva de alegría, de saludo a Miguel, nuestro Miguel, con todas las facetas de su vida, su historia, su personalidad apasionante.

El premia destaca al profesional, al militante de la democracia y los derechos humanos,  al hombre comprometido, pero también  critico, que es la manera de ser leal a los principios y a los sueños, al demócrata convencido, al luchador por  la justicia social en su dimensión mas amplia y profunda, a las  tradiciones del pueblo- el protagonista de sus sueños  y sus luchas mas heroicas y patriotas-,  al preso político que  impuso su dignidad frente al carcelero uniformado y brutal, fiel a su condición humanista y a las tradiciones  que la Patria acumuló en su historia de lucha por las libertades, contra la opresión  y las tiranías.

Miguel es el símbolo viviente del exiliado que  no bajó los brazos, que no se permitió caer en la desesperanza, que  no sucumbió en medio de las dudas o los quebrantos de las complejidades de una encrucijada de la historia,  que supo poner el destino de la Patria distante como su  Norte, su sueño y su camino de luchador social.

Fue un arquitecto con vocación humanista y social. Para él,  luchar por la democracia, fue un continuo de  su lucha por la vivienda social, por el derecho a la vivienda de los desposeídos,   Y  estuvo en el primer ladrillo de muchas poblaciones que hoy conforman el paisaje urbano de Santiago, Valparaíso y otras ciudades y localidades de Chile. Ahí esta su semilla, su activismo profesional y político, como en la Villa  San Luis o en la Villa Olímpica.

Es decir fue un arquitecto con vocación humanista,, un organizador de anhelos y derechos en una sociedad injusta, que luchó y sigue luchando por la dignidad de un techo acogedor,  por la democracia, por las libertades, los derechos humanos, y por el derecho al trabajo y la salud, por la verdad en el drama de los detenidos desaparecidos y las víctimas de la tortura y la represión fascista, por la defensa del medio ambiente, por los derechos del pueblo mapuche y todas las causas justas aun pendientes en la agenda social.

Lawner se tituló en 1954 en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile. Luego de su titulación, dictó clases en la misma casa de estudios y junto a su esposa Ana María Barrenechea y Francisco Ehijo fundaron la oficina profesional BEL Arquitectos Ltda., con la cual ganaron diversos concursos públicos relacionados con el diseño de viviendas sociales, equipamiento comunitario, entre otros proyectos.

Durante el gobierno del Presidente Salvador Allende, Lawner se desempeñó como director ejecutivo de la Corporación de Mejoramiento Urbano (CORMU), hasta el Golpe de Estado  militar, empresarial y derechista del 11 de septiembre de 1973, . Entre sus obras de este periodo se encuentran el diseño y ejecución de varios conjuntos habitacionales en Santiago, como la Villa San Luis, o el proyecto habitacional CORMUVAL, entre Santiago y Valparaíso.

Por otra parte, también fue parte de la planificación del edificio para la UNCTAD III y la Exposición Internacional de la Vivienda (VIEXPO). Durante su dirección ejecutiva, la CORMU construyó alrededor de 158 mil viviendas sociales.

Durante el gobierno del Presidente Salvador Allende, Lawner se desempeñó como director ejecutivo de la Corporación de Mejoramiento Urbano (CORMU). Entre sus obras de este periodo se encuentran el diseño y ejecución de varios conjuntos habitacionales en Santiago, como la Villa San Luis, o el proyecto habitacional CORMUVAL, entre Santiago y Valparaíso.

Después del golpe de Estado de 1973, Lawner fue detenido, pasó por distintos centros de detención, incluido Isla Dawson, para finalmente ser exiliado a Dinamarca junto a su esposa.En el exilio, Lawner se desempeñó como docente en la Universidad Goethe de la República Federal Alemana y en la Academia Real de Bellas Artes de Dinamarca. Pudo regresar a Chile en 1984.

Precisamente su experiencia  dramática, dura, en Dawson, campo de concentración  a cargo de la Armada de Chile, fue reflejada  de una calidad artística e histórica única, con sus dibujos y recuerdos  de hondo valor grafico y literario, que  ha quedado como testimonio de una época y de una conducta  brutal, miserable, de los carceleros y de dignidad de los prisioneros “dawsonianos”.

En relación a su actividad gremial, entre 1965 y 1967 fue Secretario-Tesorero de la Delegación Santiago del Colegio de Arquitectos de Chile, mientras que desde 1986 a 1994 se desempeñó como Director Nacional.

Entre sus obras más relevantes se cuenta la Población Abate Molina en Talca, el Colegio Universitario Regional de Temuco, el Edificio de la COOPERCARAB en Santiago, El Edificio Consistorial de Lo Prado  y la rehabilitación del Museo de la Solidaridad Salvador Allende.

Entre sus numerosos premios se cuenta el Premio Alberto Risopatrón (Colegio de Arquitectos, 1994), la Medalla Claude Francois Brunet de Baines (Universidad de Chile, 2010), el Premio Edwin Haramoto (Instituto de la Vivienda, 2011) y el Premio Conservación de los Monumentos Nacionales (CMN, DIBAM y UNESCO, 2016).

Vaya entonces un abrazo fraterno para un hombre, un ciudadano, un profesional, un militante social, un creador de esperanzas, sueños y de belleza, un ejemplo de dignidad, patriotismo y compromiso por la humanidad .

Por Marcel Garcés Muñoz
Periodista
Director de Crónica Digital

Santiago de Chile, 10 de abril 2019
Crónica Digital

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