OTRA NIETA RECUPERADA EN ARGENTINA: EL AMOR HACE MILAGROS

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No importa que las llamaran locas, no importa el dolor y la impotencia. Las Abuelas de Plaza de Mayo han convertido su lucha por recuperar cada nieto robado en la última dictadura militar argentina en un acto profundo de amor.

La víspera, en un país marcado por una profunda crisis económica y una efervescencia social latente, por un momento los problemas quedaron atrás para muchos cuando comenzó a correr como pólvora la noticia de que había aparecido la nieta 129.

“Tengo ganas de llorar, no hay un acto más grande de amor como el de las Abuelas y las Madres de Plaza de Mayo”, escribió en Twitter uno de los miles de argentinos que recibieron con júbilo la buena nueva.

La joven, a la que su madre desaparecida con ocho meses de gestación quería llamar Soledad, vive hoy en España. Desde 2012 comenzó a profundizarse su búsqueda. Hoy, 42 años después, podrá conocer no solo a sus abuelos, como ha ocurrido con los otros nietos: tiene a su padre, a sus hermanos y a su tío vivo.

“Siento que el encuentro va a ser algo grandioso’, es una alegría enorme”, señaló emocionada Estela de Carlotto, esa señora de mirada noble con coposo cabello blanco que muchísimos han visto buscando junto a otras mujeres a los hijos de sus hijos desaparecidos en una época dura y triste de este país, que mutiló a miles de familias, pero no la esperanza.

“El tiempo es hoy”, expresó Carlotto en una rueda de prensa junto al colectivo de Abuelas de Plaza de Mayo, acompañada por muchos rostros jóvenes, algunos de esos que finalmente pudieron recuperar su identidad gracias a esta lucha.

A su lado, con camisa roja vino, había un señor. Sus ojos destilaban emoción y felicidad. Era Carlos Alberto Solsona, el padre de la joven que aún no cree que después de cuatro décadas pueda conocer en un futuro cercano el rostro de su hija, abrazarla, contarle todo lo que ha sufrido en estos años de búsqueda incesante.

“Nadie tiene idea de los miles de noches que yo pasé sin poder dormir, esperando este momento”, subrayó este padre, marcado por el dolor que ahora puede compensar cuando tuvo que salir al exterior y esperaba para reencontrarse con su esposa Norma Síntora, detenida en la Provincia de Buenos Aires y desaparecida.

La nieta 129, que las Abuelas la enumeran así para saber cuántos han logrado encontrar (se calculan que aún faltan más de 300) vive en España, se realizó voluntariamente la prueba de ADN en Argentina, pero aún las Abuelas no la conocen.

“Su papá la espera para abrazarla. Pedimos que se respeten los tiempos y la privacidad de la familia”, manifestó Carlotto, de 89 años, que en cada búsqueda siente paz en su corazón de poder lograr que cada joven de entre 39 y 45 años hoy pueda recobrar esa verdadera identidad que le fue robada.

La historia de este caso, como casi todos, es terrible. El 21 de mayo de 1977 Norma fue secuestrada junto a sus compañeros de militancia y dueños de la casa donde se alojaba en la localidad bonaerense de Moreno. Su primogénito Marcos vivía con sus abuelos por cuestiones de seguridad. Carlos Alberto se encontraba fuera del país y luego debió exiliarse.

Tenían planeado escaparse del país para luego reencontrarse en España. Norma con su hijo mayor Marcos y su bebé. Ya tenían nombre: si era niña la llamarían Soledad, si era varón Carlos. Nunca pudieron juntarse y de la bebé nacida en el cautiverio no se supo más.

La búsqueda fue incesante, el proceso comenzó a tomar fuerza en 2012 y cinco años después se logró establecer vínculo con la joven, incentivada a buscar su origen por un amigo que vive en Argentina. Apenas hace 15 días ingresó a Buenos Aires y aceptó realizarse voluntariamente el análisis en el Banco Nacional de Datos Genéticos (BNDG). Los datos eran positivos. Era la pequeña de Carlos y Norma.

“Sabía que podía ser cierto que no llegara nunca este momento, y por eso activé una especie de mecanismo de autodefensa que, para evitar que me destruyera y que me desgastara antes de tiempo, fue generando una coraza que se hacía cada día más grande”, expresó visiblemente emocionado este padre.

En la conferencia para dar la buena nueva también estaba Marcos, aquel niño que no imaginaba lo que ocurría a su alrededor en esos años y que nunca más pudo ver a su madre. Hoy, está feliz, y subraya que el encuentro con su hermana “es algo que espero desde hace muchísimo tiempo”.

Según se cuenta, unos 500 hijos de desaparecidos fueron apropiados como “botín de guerra” en el llamado Proceso de Reorganización Nacional. Algunos fueron entregados directamente a familias de militares, otros abandonados en institutos sin identificación y otros más vendidos.

Cuando las Abuelas logran restituir la identidad de alguno de ellos lo hacen a través de una rueda de prensa para compartir con la sociedad la alegría del reencuentro pero sólo se da información de la familia de origen, de los jóvenes padres desaparecidos que dieron vida a este joven que vivió sin conocer esa historia.

Gracias eternas le dan hoy los argentinos y las argentinas a estas guerreras, algunas ya longevas, que vuelcan el dolor por la pérdida de sus hijos en este inmenso acto de amor y en una puerta de esperanza para recuperar a aquellos que faltan.

Pero sobre todo, gracias le dan esos hombres y mujeres que pudieron conocer su verdadero pasado, algunos convertidos en médicos, maestros, otros en legisladores como es el caso de los diputados Victoria Donda y Horacio Pietragalla, que emocionado por la jornada de ayer escribió en Twitter: “El plan perverso de los genocidas, que intentaron incluso borrar a los desaparecidos de la memoria de sus hijos, hoy se vuelve a romper gracias a la lucha de las Abuelas de Plaza de Mayo”.

Por Maylín Vidal.

Buenos Aires, 10 de abril 2019.

Crónica Digital / Prensa Latina.

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