Por  Leonardo Cáceres: ESPAÑA: LA DERROTA DE LA DERECHA CONFIRMA RUTA HACIA GOBIERNO SOCIAL-LIBERAL.

0

Por Leonardo Cáceres, periodista

Si a un asesor estratégico le preguntaran cuál es la manera cierta de perder una elección, respondería que se necesitan dos condiciones claves: división interna y falta de liderazgo. Ambos factores estuvieron presentes en la derecha española en las elecciones generales del domingo 28 de abril.

En esos comicios triunfó ampliamente el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), encabezado por el actual presidente, Pedro Sánchez, quien con casi toda seguridad anunciará en las próximas semanas la fórmula que lo dejará en el palacio de la Moncloa por los próximos cuatro años.

Fue la decimocuarta elección de Parlamento y, por lo tanto, de Poder Ejecutivo, pues según el sistema político español, el presidente del Gobierno es elegido por los diputados y confirmado por el Rey. Con mayor precisión, el presidente es el líder del partido o de la coalición de partidos que obtenga más asientos en las llamadas Cortes, es decir, en la Cámara de Diputados y el Senado. En los últimos cuarenta años, desde la muerte del dictador Francisco Franco en 1975, se han sucedido en la presidencia por casi dos décadas cada uno, los líderes de la derecha heredera del franquismo y los del Partido Socialista (PSOE).

El sistema político español ha sido remecido en los últimos años por sucesivas elecciones. Las del 28-A fueron los terceros comicios generales desde 2015 y se caracterizaron por la división de la derecha en  tres partidos, incluyendo al ultraderechista Vox, nacido apenas en diciembre del 2013, como reflejo de la ola ultrista en varios países europeos. En España conquistaron el diez por ciento de los votos y una cuota de 24 diputados. Diversos analistas hablan de las “tres derechas”, echando en el mismo saco al Partido Popular (PP) y al también joven Ciudadanos (Cs), que se constituyó el 2006. La división entre ellas, las acusaciones mutuas de sus dirigentes y la voracidad de cada una por escalar y conseguir una cuota más ancha de poder, acabó sepultándolas.

El mayor desastre es el del Partido Popular (PP), heredero directo de la Alianza Popular (AP) creada por los franquistas al término de la dictadura, con la misión de defender y hacer perdurar las enseñanzas del franquismo. En 1989 cambió de nombre intentando recoger el voto de los sectores más desposeídos e intentando librarse de la sombra dictatorial. Alguien en Chile pudo divisar alguna semejanza con la UDI Popular del ex candidato presidencial Pablo Longueira, seguidor fanático de su líder, Jaime Guzmán.

El PP gobernó en España con José María Aznar (1996 al 2004) y luego con Mariano Rajoy (2011 al 2018). En la última elección, encabezado por el novel Pablo Casado, que prometía reemplazar a los viejos líderes, sufrió la peor derrota de su historia, quedando sólo con el 16,7% del electorado y 66 diputados, perdiendo 71 escaños. El 2016 había obtenido mayoría simple en el Parlamento (137). El principal factor de su derrumbe es la corrupción que carcomió sus estructuras internas.

Muchos analistas añaden a ese factor decisivo el cambio de rumbo que imprimió el socialista Pedro Sánchez a la campaña electoral, levantando el fantasma de un previsible retorno de la ultra derecha. Ante esa perspectiva, la mayoría abrumadora del electorado le perdonó al PSOE su también ominosa implicancia en la corrupción, y le dio 123 diputados a los socialistas, mayoría simple con la que pueden formar gobierno aliados con los 35 representantes de la izquierda de Unidas Podemos, más el apoyo eventual de los 15 diputados de la Esquerra Republicana de Catalunya (ERC). Unidas Podemos es una alianza de la Izquierda Unida (IU, ex PCE), los ecologistas inscritos en el Partido Verde Europeo (EQUO) y Podemos, el vigoroso bloque de los descontentos nacido de las protestas masivas del 2015, y que en cierta forma se asemeja al Frente Amplio local.

La gota que rebalsó el vaso del PP hasta el año pasado en el poder, fue la poderosa victoria del independentismo catalán, al que Rajoy calificó de anti-España. Esto, sumado a la corrupción generalizada del partido de gobierno y la crisis económica que afectaba a los trabajadores, precipitó en 2018 la derrota del PP y su reemplazo en la jefatura del gobierno por el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. El 28-A éste fue ratificado, ahora legitimado por el respaldo popular.

El mismo fantasma de la ultra derecha amenaza a nuestro país. Entre VOX y el grupo de José Antonio Kast hay una simbiosis y simpatía mutuas. No obstante, el domingo 28 de abril Kast y sus amigos se quedaron con el frustrado deseo de celebrar una victoria de VOX. Pese a ello, preocupa a los demócratas la inédita presencia de más de 24 diputados de VOX en el Congreso español que en total tiene 350 escaños.

No hay recetas en política, y cada país tiene sus propias y particulares maneras de vivir. Pese a ello, la división de los partidos y sectores de izquierda y progresistas es la manera más segura de pavimentar a la derecha, e incluso a la ultra derecha, el camino hacia el poder político, que ya controlan con Piñera en la Moneda.

Los españoles hacen frente ahora a dos nuevos desafíos electorales: las municipales y las europeas, estas últimas para elegir diputados para el Parlamento Europeo con sede en Bruselas, capital de Bélgica. El proceso español estará finalizado a principios de junio, que es cuando se estima que habrá nuevo gobierno, aunque nadie duda que el presidente será el mismo que está ya en el poder: el socialista Pedro Sánchez.

Un informante desde Madrid señaló que “nos libramos del peligro mayor que era un gobierno de derecha extrema apoyado por la extrema derecha”. Casi con seguridad, en España habrá un gobierno social-liberal (no social-demócrata) con tensiones a su izquierda por parte de Podemos y los movimientos sociales, y tensiones a su derecha por parte de la gran prensa, las organizaciones empresariales y la derecha política o de centro-derecha, encabezada ya no por el PP, sino por Ciudadanos (Cs), el partido que preside Albert Rivera y que se fundó apenas el 2006 a partir de la plataforma cívica Ciutadans de Catalunya. El 28-A Cs consiguió 57 diputados (aumentó en 25 escaños) y un 15,8% del electorado.

El “tema catalán” se presume que discurrirá por los cauces de la negociación y la normalidad, en particular ahora que los grandes triunfadores en Cataluña fueron la Esquerra Republicana y el Partido Socialista catalán. En todo caso, el independentismo no se puede ignorar como germen de problemas en el futuro inmediato. Por último, es importante destacar que en estas elecciones del 28-A  participaron 26 millones 360 mil electores, equivalentes al 75,7 % del censo electoral. En nuestro Chile la participación electoral no alcanza al 49 por ciento del electorado, según datos de Servel de los últimos comicios presidenciales.

 Este es otro factor que habrá que tener en cuenta.

Madrid, 4 de mayo 2019
Crónica Digital

Compartir en ...Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedInEmail this to someonePin on PinterestPrint this page
Compartir

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.