Theresa May, crónica de una renuncia anunciada

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Por Néstor Marín

Que la primera ministra británica, Theresa May, tenía los días contados al frente del Partido Conservador y del Gobierno ya nadie lo dudaba, por lo que solo quedaba esperar a que pusiera fecha a su partida.

 

Video El Pais

El desenlace llegó este viernes, cuando con voz quebrada y al borde del llanto, May anunció a la nación que el 7 de junio próximo renunciará al liderazgo partidista, para de esa forma dar paso a la elección de su sucesor.

La primera ministra asumió el cargo en julio de 2016, en sustitución de David Cameron, quien dimitió inmediatamente después que el 52 por ciento de los británicos votó a favor de abandonar la Unión Europea (UE), en un referendo que él mismo propició, pero cuyo resultado al parecer nunca previó.

Tras superar algunos desencuentros con la UR por los términos en que debía concretarse el divorcio, la gobernante logró finalmente en noviembre de 2018 pactar la retirada para el 29 de marzo del año siguiente, siempre y cuando el tratado fuera refrendado por el Parlamento británico.

Pero lo que en un principio parecía una cuestión de trámite muy pronto devino en una batalla entre el ejecutivo y la Cámara de los Comunes, y la crisis del Brexit pasó a dominar la vida política nacional.

La manzana de la discordia fue una salvaguarda introducida por la UE para evitar el establecimiento de una frontera dura entre ambas Irlandas, y que obliga a la provincia británica de Irlanda del Norte a permanecer bajo las regulaciones comerciales y aduanales europeas hasta que Reino Unido firme un nuevo acuerdo económico con la alianza.

Instigados por los conservadores de línea dura y los euroescépticos, para quienes el llamado backstop representa cuando menos una violación de la soberanía nacional, la mayoría de los parlamentarios se negó a respaldar el acuerdo.

Tres veces presentó May su propuesta ante la Cámara Baja, y tres veces salió derrotada, por lo que se vio obligada a pedir una prórroga a la UE, la que a regañadientes aceptó posponer el Brexit para el 31 de octubre próximo.

La gobernante conservadora incluso invitó al opositor Partido Laborista a tratar de buscar una salida negociada, pero las pláticas fracasaron estrepitosamente después de seis semanas, y le acarrearon una nueva oleada de críticas desde sus propias filas.

El clásico puntillazo llegó a principios de esta semana, cuando la perseverante primera ministra se presentó en la Cámara de los Comunes con lo que llamó una oferta audaz, nueva y mejorada.

La propuesta, diseñada principalmente para ganarse el apoyo de los laboristas, daba a los diputados la posibilidad de votar por la celebración de un segundo referendo sobre el Brexit, mantenía al Reino Unido en una unión aduanera temporal con la UE, y garantizaba la protección de los derechos laborales y ambientales.

A los críticos de la salvaguarda europea en la frontera irlandesa les prometía, a su vez, seguir insistiendo con el bloque europeo paraponerle fecha de caducidad.

El nuevo plan no llegó siquiera a ser publicado, y naufragó en el Palacio de Westminster antes de ser presentado a votación en la primera semana de junio, como se había anunciado.

May todavía debió encajar otro duro golpe el miércoles pasado, cuando la líder de los conservadores en la Cámara Baja, Andrea Leadsom, le presentó su renuncia.

Hice todo lo que pude para convencer a los parlamentarios de que respaldaran mi acuerdo, pero desafortunadamente no fui capaz de lograrlo, admitió la jefa de Gobierno al anunciar este viernes su dimisión.

A su sucesor o sucesora, le recomendó tratar de alcanzar el consenso que a ella le fue negado.

Londres, 24 mayo 2019

Crónica Digital /PL
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