Un trozo de memoria histórica a propósito de la profanación de cementerios

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Su “más enérgico repudio a la profanación cometida contra el funeral y la sepultación de Héctor Cuevas”, manifestó el Comando Nacional de Trabajadores (CNT) en un comunicado público recogido por la revista “Análisis”, en una crónica titulada “un funeral increíble”. Era octubre de 1985 y la tiranía había, en efecto, profanado la ceremonia de despedida en el Cementerio General del reconocido presidente de la Confederación de Trabajadores de la Construcción: intentando apropiarse del ataúd, profiriendo brutales golpizas a los que osaron asistir y llenando el lugar de gases lacrimógenos.

Resulta interesante recordar este episodio a propósito de la polémica sobre el respeto que se debe tener en los cementerios, la que se ha generado por el incidente que la Ministra de Educación enfrentó con una profesora durante el pasado fin de semana en el Cementerio General.

El timonel de los trabajadores de la construcción, Héctor Cuevas Salvador, era militante del Partido Comunista y respetado líder sindical. Por su coraje, lo conocían como “El Loco Cuevas”. Había asumido responsabilidades en el gremio a inicios de septiembre de 1973. Una de sus primeras decisiones fue que el local de la entidad continuaría funcionando con sus puertas abiertas. El periodista Luis Alberto Mansilla recordó en la revista “Araucaria de Chile” N° 32 (1985) que “fue el primero que organizó una asamblea pública sindical en el Teatro Caupolicán en 1975”, en la que Cuevas “denunció los campos de concentración, las torturas y cómo centenas fueron detenidos en el carbón, en Tocopilla, en Antofagasta, en los cordones industriales de Santiago”. Lo arrestaron también y estuvo preso hasta finales de 1975 en “Tres Álamos” y “Puchuncaví”.

Agrega que “el primer paro de larga duración (contra la dictadura) lo realizaron en 1982 los obreros de la construcción de Colbún Machicura. Cuevas estuvo a la cabeza de ese movimiento que se prolongó durante meses”.

Inmediatamente después de ese conflicto, y luego de una masiva convocatoria a un acto en la Plaza de Artesanos por parte de la Coordinadora Nacional Sindical (CNS), la dictadura resolvió la expulsión del país de Hector Cuevas y Manuel Bustos, quienes encabezaban esta entidad que se proponía reconstruir la unidad de los trabajadores organizados. Fue en el acto donde hicieron su siniestro estreno los denominados “gurkas”, civiles que se encargaron de golpear brutalmente a los manifestantes y que, más tarde, se acreditaría que eran agentes de la Central Nacional de Informaciones (CNI).

La expulsión fue dispuesta por la dictadura el viernes 3 de diciembre de 1982.

Recuerda Mansilla: “La operación requirió de la violencia y la fuerza de varios ‘roperos’ de la CNI. Cuevas empleó los puños, los pies, las piernas, los dientes para defender su derecho a vivir en el país en que nació. Le llevaron arrastrándolo hasta un avión con destino a Río de Janeiro y lo arrojaron en su interior como un bulto golpeado. Y aún así quiso bajarse, con grilletes en las manos y los pies”.

“En la República Democrática Alemana (RDA) los médicos descubrieron que sus frecuentes dolores internos eran el aviso de un cáncer irremediable”, cuenta Mansilla. Fue en agosto de 1983. “Estuvo triste, furioso, impotente en esos años fuera de Chile. Deambuló por Río de Janeiro, Roma, Sofía, Berlín, Buenos Aires enfermo de muerte. Permaneció meses recluido en hospitales y sanatorios. De pronto lo sacudían unos dolores terribles”.

Una y otra vez el dirigente sindical presentó ante las embajadas chilenas en el extranjero la solicitud para que se lo dejara reingresar: en París, Roma, Berlín y otros lugares. Una y otra vez la petición fue rechazada por la tiranía. Cuando la enfermedad se encontraba muy avanzada, se le otorgó un permiso temporal “por noventa días prorrogables”. Según informó el boletín de la Vicaría de la Solidaridad, Cuevas se encontraba entonces en estado de gravedad en un hospital de Buenos Aires. “La autorización fue dada a conocer al Vicario de la Pastoral Obrera, Monseñor Alfonso Baeza (…) Al enterarse de la autorización, Cuevas ‘lloró mucho’, dijo su mujer Claudina García, aclarando que el estado de salud del dirigente es crítico” (Revista “Solidaridad” Nº 207, 17 de agosto de 1985).

Llegó a Santiago de Chile el martes 27 de agosto de 1985. Fui uno más de los muchos que concurrimos a esperarlo al aeropuerto: se notaba afectado por la grave enfermedad que soportaba.

Durante el camino de vuelta al centro de Santiago, fueron detenidas siete personas, las cuales fueron trasladadas a la Primera Comisaría, desde donde fueron llevadas a uno de los cuarteles secretos de la CNI.

Por esos días, era uno de los portavoces del Comité Pro FESES (Federación de Estudiantes Secundarios de Santiago), que había irrumpido con fuerza en los meses previos. Dos de los hijos del sindicalista, Valeri y Julieta, integraron el movimiento estudiantil secundario.

–¿Cómo expresa sus ganas de vivir? –le preguntó en una entrevista el boletín de la Vicaría de la Solidaridad (Nº 209, 17 de septiembre de 1985).

–El desarrollo de estas enfermedades tiene que ver con la persona que la contrae. Mucho ayuda la capacidad de decisión de vivir. Las convicciones ideológicas, políticas o religiosas son muy importantes. En el caso mío, tengo la convicción de luchar por los demás. Ese es el motivo de mi vida. Por el trabajador desvalido, que abusan con él, que le pagan injustamente, que lo han despedido por integrarse al sindicato. Ese ha sido mi mundo. No hay cosa más linda que luchar por gente que no es afín políticamente con uno y que es un trabajador que necesita la ayuda de los dirigentes. Eso me hace revivir, me hace ser más humano y sensible, me permite soñar y tener utopías, como la de ver unido al pueblo de Chile.

Héctor Cuevas murió apenas un mes y medio después de su regreso al país, víctima del cáncer pulmonar que lo afectaba. Enterado por Radio Cooperativa, partí al Cementerio General.

El funeral fue violentamente reprimido por la policía uniformada. Intentaron impedir la ceremonia, apropiándose del ataúd. Golpearon a la multitud y practicaron detenciones a los que pacíficamente participaban en la despedida del sindicalista, desde el comienzo en el centro de Santiago hasta el ingreso al cementerio por la entrada de Avenida La Paz.

Luego, llenaron el cementerio de gas lacrimógeno y continuaron golpeando, y siguieron deteniendo a los asistentes.

Fui uno de los detenidos y la golpiza recibida fue muy violenta.

Según consignó la prensa, “la Segunda Jefatura de la Zona Metropolitana de Carabineros informó (…) que había 21 personas detenidas, quienes permanecían en la Sexta Comisaría, acusados de infringir la Ley de Seguridad Interior (del Estado). Entre los detenidos, se encuentran Víctor Osorio, presidente del Comité Pro FESES, y Ariel Urrutia, el secretario general de la Confederación Minera” (“Las Últimas Noticias”, 13 de octubre de 1985).

De acuerdo al reciente libro “La Rebelión de los Pingüinos” del periodista Juan Azócar, “el dirigente estudiantil recibió un violentísimo castigo en el momento de ser detenido (…) Osorio fue trasladado luego, junto a los otros detenidos, hasta la Primera Comisaría de Santiago. Permaneció una semana completa, a disposición del Ministerio del Interior, acusado de infracciones a la Ley de Seguridad del Estado”.

La Comisión Chilena de Derechos Humanos, en su reporte mensual Nº 46 de octubre de 1985, reportó el hecho: “Un total de 21 detenidos y un número indeterminado de heridos fue el resultado de la intervención de Carabineros en el funeral del dirigente de la Confederación Nacional de la Construcción, de larga trayectoria sindical, Héctor Cuevas Salvador, realizado el 12 de octubre. Cuando la columna marchaba hacia el Cementerio General, la carroza mortuoria fue robada por efectivos de Carabineros, quienes la condujeron a gran velocidad al Cementerio General. Sin embargo, la gente que formaba la columna logró llegar al cementerio. En el momento en que se enterraban los restos, Carabineros intervino con bombas lacrimógenas y palos, impidiendo que hablaran los dirigentes políticos y sociales que querían rendir homenaje al dirigente sindical. Los 21 detenidos fueron trasladados a la Primera Comisaría; 15 de ellos fueron puestos a disposición del Ministerio del Interior, siendo liberados el 17 de octubre; otros dos fueron puestos a disposición de la Fiscalía Militar, acusados de agresión a Carabineros, y cuatro fueron liberados el 13 de octubre”.

La Vicaría de la Solidaridad también se refirió al episodio en su Informe Mensual: “Cuevas, quien padecía de cáncer, tenía una larga trayectoria de dirigente sindical y la pena del exilio y lo prematuro de su muerte, concitó innumerables muestras de pesar y solidaridad, una de cuyas expresiones fue la asistencia de centenares de personas a sus funerales. El cortejo partió desde la sede de la Confederación que presidía, ubicada en calle Serrano de la capital”.

Añadió: “Cuando la columna llegaba a la Alameda Bernardo O’Higgins por Avenida Santa Rosa, fuerzas de Carabineros procedieron a lanzar bombas lacrimógenas, a golpear a las personas y obligaron al carro funerario a emprender veloz marcha hacia el Cementerio General. Una vez llegado a este lugar, donde esperaban otros cientos de personas, nuevamente carabineros apostados en el cementerio comenzaron a lanzar bombas lacrimógenas, hicieron uso del carro lanza–agua y procedieron a detener personas. Igual situación se produjo al interior del cementerio y en los momentos en los que se depositaba la urna en el nicho mortuorio”.

“La violencia desplegada por los carabineros en contra de las personas durante los funerales y antes y después de la sepultación de Cuevas fue inusitada. La mayoría fue golpeada, incluyendo a los detenidos, quienes además fueron maltratados en el interior del bus policial (…) Los detenidos fueron llevados a la 6ª Comisaría de Carabineros, donde fueron fichados, siendo trasladados posteriormente a la 1ª Comisaría. El primer informe oficial de la 2ª Jefatura de Carabineros a la opinión pública señaló que estas personas se encontraban detenidas por violar disposiciones de la Ley de Seguridad del Estado, lo que se contradice con los hechos relatados, puesto que estas personas no cometían delito alguno al asistir a los funerales del dirigente sindical”, consignó el informe de la entidad.

“En respuesta al recurso de amparo presentado por los detenidos, el Ministerio del Interior informó por oficio, que éstos se encontraban arrestados por disposición de Decreto Exento 5.747 de 12 de octubre (Artículo 24 Transitorio de la Constitución)”, anotó el reporte de la Vicaría de la Solidaridad.

En la revista de la entidad formada por la Iglesia Católica para la defensa de los derechos humanos se describieron los hechos en una nota titulada: “Funeral de Héctor Cuevas: el difícil adiós” (Nº 211, 19 de octubre de 1985). Indicaba: “Carabineros, en una operación sin precedentes, se llevó el vehículo que contenían los restos del líder de la Construcción. Su esposa, Claudina García, lo sepultó con el dolor y la rabia producida”. En el texto se consignaba que, luego que los restos del dirigente fueron arrebatados del cortejo por los carabineros, botaron las coronas por el camino. “Las ofrendas fueron recogidas por los trabajadores, que finalmente las llevaron al Cementerio General”.

Por Víctor Osorio.

El autor es periodista y fue dirigente del movimiento estudiantil secundario en dictadura.

Imágenes: Memorias del Siglo XX y SUTRA Chile en Redes Sociales.

Santiago, 24 de junio 2019.

Crónica Digital.

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