Mujer y academia: un desafío pendiente para Chile

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La sociedad y las comunidades universitarias, en Chile e internacionalmente, han podido constatar cómo los movimientos de mujeres se colocaban en la agenda de los gobiernos nacionales y también en la agenda de los gobiernos universitarios. Nace como un amplio movimiento que reivindica los derechos de las mujeres y plantea como exigencia que todas las mujeres debemos vivir en un ambiente seguro, sin violencia y sin discriminación de ningún tipo. Dicho movimiento es quizás el  más intenso de los últimos 83 años.

Este movimiento de mujeres tuvo evidente repercusión nacional e internacional y alcanzó características históricas. No únicamente porque instaló la demanda por igualdad entre hombres y mujeres, o porque  la llamada “ola feminista en Chile”,  como se le denominó,  planteaba la discriminación contra la mujer, los reiterados casos de encubrimiento de la violencia. También, y quizás  esto es más importante que todo lo anterior, por el debate de futuro que suscitó.

El año 2018 será recordado como aquel que abrió la discusión y sacó del espacio de la naturalización lo planteado por la ola feminista. Entre algunas de las demandas podemos nombrar los reclamos por una educación no sexista, lo que no se había planteado antes con tanta fuerza, de forma tan abierta y con tantas repercusiones en el medio nacional.

En medio de este debate no podemos dejar de recordar el momento en que  accedieron las primeras mujeres a la educación superior, cuando éste era un derecho sólo para los hombres de elite. Así fue como en 1880, ingresó a la Universidad Eloiza Díaz –y ya han transcurrido 139 años– ocasión en que la primera mujer ingresa a estudiar Medicina, y a la sazón, para asistir a sus clases debía hacerlo tras un biombo, y no junto a sus compañeros hombres.

El significativo libro “Del Biombo a la Cátedra. Igualdad de Oportunidades de Género en la Universidad de Chile” fue editado en 2014 e impulsado en la gestión de la Profesora Sonia Montecinos,  Vicerrectora de Extensión de esa Casa de Estudios, a quien tuvimos la gran oportunidad de escuchar en su Charla Magistral “Palomas entre cóndores. Género y feminismo en la academia”, en la ceremonia del aniversario vigésimo quinto de la Universidad Tecnológica Metropolitana (UTEM).

En el trabajo se señala: “Resulta de suma importancia reconocer que la presencia y las condiciones que actualmente tienen las mujeres como académicas, estudiantes y funcionarias, han ido cambiando a lo largo de los 170 años de existencia de la Universidad de Chile. Cuando la Universidad de Chile fue fundada en 1842, no existía en ningún nivel educacional del país, un marco legal ni tampoco una cultura que posibilitara la igualdad de oportunidades en educación para hombres y mujeres. Con el transcurso del tiempo se han logrado superar muchos desafíos nacionales e internacionales gracias a la permanente expansión del campo de los derechos de la mujer”.

Es cierto que en las últimas décadas se ha producido un incremento en la matrícula de las mujeres en la educación superior, lográndose prácticamente superar en el ingreso a los hombres en carreras de pregrado. Sin embargo, esta tendencia cambia cuando las mujeres deciden por un desarrollo en la vida académica y resalta más en los cargos de mayor responsabilidad.

Así lo ratifican las estadísticas divulgadas por el Grupo de Estudios Avanzados (GEA) Universitas, dado a conocer por el diario “El Mercurio” en el Ranking de la Calidad de las Universidades de Chile. En el estudio se observan cifras muy significativas respecto de la participación de la mujer en los diversos ámbitos de la vida académica. En el pregrado la participación de mujeres es de un 52.9 por ciento, superior al de los hombres que alcanza un 47.1 por ciento. Este porcentaje de mayor participación cambia en la medida que se avanza en la vida académica. Así lo indica el mismo estudio que evidencia la disminución de la presencia de las mujeres en los cargos de mayor responsabilidad, en solo un 23 por ciento en los decanatos, en un 25 por ciento en la vicerrectorías y sólo un cuatro por ciento en las rectorías universitarias.

Para ingresar a la vida académica es necesario competir por un cargo académico y tener un currículum que muestre los méritos en los distintos ámbitos de la disciplina, en un concurso igualmente exigente para hombres como para mujeres. Y cuando se habla de un currículum con méritos se entiende que además del título profesional se debe poseer un posgrado, y hoy día las instituciones de educación superior tienen entre sus exigencias incorporar académicos con grado de doctor con un perfil competitivo. Entonces, si la participación de mujeres en programas de doctorados es inferior en 15 puntos porcentuales respecto a la de hombres, según estadísticas del citado estudio de GEA Universitas, podríamos inferir que cada vez se podría acrecentar esta brecha en las universidades si no proponemos medidas que mitiguen esos posibles efectos. Sobre todo en universidades con sello tecnológico donde podríamos avizorar que esa realidad sería más acentuada, dado que la participación de mujeres es baja en carreras de pregrado y es más marcada esta brecha en programas de doctorados del área de las ingenierías y las tecnologías.

Lo anterior debe ser una preocupación para todos los gobiernos universitarios, pues si avanzamos en materia de género, no se puede pensar que sólo se beneficia a las mujeres: se beneficia la comunidad universitaria en su conjunto, pues estamos integrando en la academia distintas visiones de sociedad.

El desafío es grande porque estamos hablando de un cambio cultural, donde hombres y mujeres estamos llamados a ser parte de esta transformación cualitativa, la que debe experimentar nuestra sociedad, y como parte de ella, nuestras instituciones de educación superior. Para ello resulta imprescindible diseñar e implementar políticas públicas que incorporen el enfoque de género en la formación de los jóvenes, desde que se inicia el proceso formativo en los jardines infantiles hasta la educación superior.

Desde la UTEM se aporta con un granito de arena al desafío, dado que dentro de otras varias medidas tomadas se ha incorporado el enfoque de género en el proceso formativo de los estudiantes. Así también, emitimos una Circular que establece la incorporación del enfoque de género en las actividades académicas, una práctica que debe ser incorporada en el quehacer académico general de la Universidad para aportar a la formación de ciudadanos y a la construcción de una comunidad más inclusiva, en la que cada vez más se pavimente el camino que debe recorrer la mujer en la academia.

Marisol Durán Santis. La autora es Vicerrectora Académica de la Universidad Tecnológica Metropolitana (UTEM).

Imagen Principal: PNUD Chile.

Fuente: Revista de Estudios Políticos y Estratégicos.

Santiago, 6 de agosto 2019.

Crónica Digital.

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